miércoles, 4 de julio de 2012
martes, 3 de julio de 2012
Cayó la mujer de Vildoza
La Justicia detuvo a la esposa del exjefe de la ESMA, Jorge Vildoza, imputado en la causa del plan sistemático de robo de bebés, quien estaba prófuga desde 1988, acusada de la apropiación del hijo biológico de Cecilia Viñas, actualmente detenida desaparecida. Ana María Grimaldos fue capturada en la localidad bonaerense de Acassuso y puesta a disposición de la jueza María Romilda Servini de Cubría.
Grimaldos, de 76 años, quien se declaró viuda, ingresó al país con una identidad falsa y fue descubierta luego de realizar llamadas telefónicas desde la propiedad de Acassuso a sus hijas, quienes siempre vivieron en la Argentina pese a que sus padres se fugaron con el niño secuestrado en 1986 y se radicaron en el exterior.
El matrimonio Vildoza Grimaldos está acusado de la apropiación de Javier Gonzalo Penino Viñas, criado como hijo biológico de ambos tras ser apropiado por Vildoza en la ESMA. Poco después, la madre fue trasladada a la Base Naval de Mar del Plata.
La Justicia sospecha que Grimaldos entró y salió muchas veces del país con dos identidades falsas -Ana María Marianuchi y Ana María Sedano- y fue detenida cuando estaba a punto de viajar a Londres, para conocer a la tercera hija de Javier, quien recuperó su identidad en 1999, luego de someterse voluntariamente a un exámen de ADN.
En el allanamiento realizado anoche a otro departamento que la mujer ocupaba de manera alternativa, se secuestraron numerosas fotos de familia tomadas en las últimas dos décadas, cuando ella y el excapitán de navío Vildoza ya estaban prófugos: una de ellas muestra el casamiento de Penino Viñas en Inglaterra y aparece posando junto con sus apropiadores en la fiesta.
Cecilia Viñas fue secuestrada en 1977 y fue la única detenida desaparecida que se comunicó con su familia hasta abril de 1984, ya en democracia. En aquellas conversaciones con su madre siempre denunció que estaba bajo "custodia militar" y le pidió a su familia que buscara a su hijo. Había sido secuestrada, en el barrio porteño de Almagro, con siete meses de embarazo, junto con su marido Hugo Pinino, y según testimonios de sobrevivientes fue llevada a la ESMA para dar a luz en septiembre de 1977 en la maternidad clandestina que funcionaba en la Escuela de Mecánica de la Armada, para luego ser trasladada a la Base Naval de Mar del Plata.
Su familia registró ocho llamados y se entrevistó con el entonces ministro de Interior, Antonio Tróccoli, quien puso a su disposición un grupo de investigación de la Policía Federal, sin resultado alguno.
Vildoza fue segundo jefe de la ESMA entre 1976 y 1980, a cargo del grupo de tareas 3.3.2, y se apropió del bebé de Viñas, quien fue apadrinado por el represor Roberto Pertussio, jefe de la fuerza de submarinos de la base naval marplatense y condenado a prisión perpetua por los delitos de lesa humanidad cometidos en aquel centro clandestino.
La causa se abrió en 1984 por la denuncia de Cecilia Fernández de Viñas, la abuela de Javier Gonzalo. Dos años más tarde Vildoza y su esposa se fugaron a Suiza con el niño y dejaron en el país a sus tres hijos biológicos. Desde entonces se sospechaba que estaban radicados en el exterior.
En 1998, cuando Javier Gonzalo Penino Viñas se enteró, navegando en internet, que "sus padres" tenían pedido de captura internacional, le envió una carta a Servini de Cubría, solicitando una prueba de ADN, y recuperó su identidad un año más tarde.
Grimaldos, de 76 años, quien se declaró viuda, ingresó al país con una identidad falsa y fue descubierta luego de realizar llamadas telefónicas desde la propiedad de Acassuso a sus hijas, quienes siempre vivieron en la Argentina pese a que sus padres se fugaron con el niño secuestrado en 1986 y se radicaron en el exterior.
El matrimonio Vildoza Grimaldos está acusado de la apropiación de Javier Gonzalo Penino Viñas, criado como hijo biológico de ambos tras ser apropiado por Vildoza en la ESMA. Poco después, la madre fue trasladada a la Base Naval de Mar del Plata.
La Justicia sospecha que Grimaldos entró y salió muchas veces del país con dos identidades falsas -Ana María Marianuchi y Ana María Sedano- y fue detenida cuando estaba a punto de viajar a Londres, para conocer a la tercera hija de Javier, quien recuperó su identidad en 1999, luego de someterse voluntariamente a un exámen de ADN.
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| Cecilia Viñas |
Cecilia Viñas fue secuestrada en 1977 y fue la única detenida desaparecida que se comunicó con su familia hasta abril de 1984, ya en democracia. En aquellas conversaciones con su madre siempre denunció que estaba bajo "custodia militar" y le pidió a su familia que buscara a su hijo. Había sido secuestrada, en el barrio porteño de Almagro, con siete meses de embarazo, junto con su marido Hugo Pinino, y según testimonios de sobrevivientes fue llevada a la ESMA para dar a luz en septiembre de 1977 en la maternidad clandestina que funcionaba en la Escuela de Mecánica de la Armada, para luego ser trasladada a la Base Naval de Mar del Plata.
Su familia registró ocho llamados y se entrevistó con el entonces ministro de Interior, Antonio Tróccoli, quien puso a su disposición un grupo de investigación de la Policía Federal, sin resultado alguno.
Vildoza fue segundo jefe de la ESMA entre 1976 y 1980, a cargo del grupo de tareas 3.3.2, y se apropió del bebé de Viñas, quien fue apadrinado por el represor Roberto Pertussio, jefe de la fuerza de submarinos de la base naval marplatense y condenado a prisión perpetua por los delitos de lesa humanidad cometidos en aquel centro clandestino.
La causa se abrió en 1984 por la denuncia de Cecilia Fernández de Viñas, la abuela de Javier Gonzalo. Dos años más tarde Vildoza y su esposa se fugaron a Suiza con el niño y dejaron en el país a sus tres hijos biológicos. Desde entonces se sospechaba que estaban radicados en el exterior.
En 1998, cuando Javier Gonzalo Penino Viñas se enteró, navegando en internet, que "sus padres" tenían pedido de captura internacional, le envió una carta a Servini de Cubría, solicitando una prueba de ADN, y recuperó su identidad un año más tarde.
domingo, 1 de julio de 2012
“Queremos que la condena sea ejemplar”
EL jueves se conocerá la sentencia en la causa ppor el plan sistemático de robo de bebés.
Abel Madariaga y su hijo Francisco reclaman que la Justicia tenga en cuenta la gravedad del delito de apropiación.
Por Victoria Ginzberg
Abel y Francisco Madariaga son padre e hijo. Se conocen hace un poco más de dos años. Francisco recuperó su identidad y con ella a Abel, que lo buscaba desde el día en que su compañera Silvia Quintela fue secuestrada embarazada y llevada a Campo de Mayo. Para Francisco estos dos años fueron como una carrera de Fórmula 1, pero este jueves tendrá, tal vez, la oportunidad de aminorar la marcha. Ese día se conocerá la sentencia del juicio sobre el plan sistemático de robo de niños durante la última dictadura y entre los acusados están sus apropiadores: el ex capitán del Ejército Víctor Galo y su mujer, Susana Colombo. Abel y Francisco piden “que la condena sea ejemplar”.
“Quiero llamar a una reflexión de la Justicia en general, de los jueces a los que les toca fallar en particular y de toda la sociedad. La apropiación de un menor, para mí, en este caso 32 años y medio sin mi hijo, es más que un delito de lesa humanidad. Creo que la Cámara de Diputados de la Nación también debería reflexionar sobre este tipo de delitos, que se siguen cometiendo, porque faltan más de 300 nietos por encontrar”, dice Abel.
El reclamo está relacionado con una particularidad del juicio que, luego de más de un año y medio de audiencias, terminará esta semana. Los imputados son los dictadores Jorge Videla y Reynaldo Bignone, los represores Jorge Acosta, Santiago Riveros, Rubén Franco, Antonio Vañek, Jorge Magnacco (médico de la ESMA), Eduardo Ruffo, Juan Azic y Víctor Gallo y Susana Colombo. La mayoría fue acusada por su participación en el plan sistemático y se descuenta que recibirán una importante pena, pero Azic, Gallo y Colombo afrontan condenas por haberse quedado ellos mismos con hijos de desaparecidos. El Código Penal contempla para este hecho, la apropiación de menores, penas de entre 5 y 25 años (la máxima se alcanza si se suman todos los delitos que se suelen cometer a la vez: retención de un menor, alteración de identidad y falsificación de documentos públicos). Hasta ahora, la condena más alta aplicada por este crimen fue para el ex agente de inteligencia de la Policía Federal Luis Falco, apropiador del legislador porteño Juan Cabandié. Falco recibió en el juicio oral 18 años de prisión, pero luego la pena fue reducida a 14 por la Cámara Federal.
“Ellos (Colombo y Gallo) fueron partícipes de todo este plan sistemático de robo de bebés. Yo lo viví. Lo mamé. Trataron de darme vuelta para que compre ese paquete, pero no pudieron. Fueron y son parte todavía. Gallo debe seguir afirmando que estuvo bien lo que hizo”, dice Francisco. Y entre él y su padre repasan casi a dúo los antecedentes del militar: fue carapintada, fue condenado por la Masacre de Benavídez, en la que fue asesinada una familia en 1994 (Gallo no pudo ser relacionado directamente con los homicidios, pero recibió diez años por robo y tenencia de arma de guerra), asaltó financieras... “Y es golpeador, de género... y de niños”, agrega Francisco. Cuando él tenía 13 años, Gallo le apuntó a la cabeza con una 9 milímetros. Antes, había “molido a palos” a la que ahora es su ex mujer. A raíz de ese episodio, dice Francisco, se le desencadenó una diabetes. Pero ésa no fue la única vez que fue maltratado: “Yo era su juguete de guerra. El entraba vestido de militar y era agarrársela directamente conmigo. Le viene del Operativo Independencia (la represión en Tucumán previa al golpe de Estado) porque yo recuerdo desde que tengo uso de razón que me colgaba una cruz de plomo del operativo y me lo contaba todo. Y el tema que volvió a tocar Videla de ‘las guerrilleras que usaban los chicos como escudo’ es otra cosa que yo crecí escuchando en esa familia. Es parte de las excusas tontas que siguen dando y no se las cree nadie. Espero que la sociedad entienda lo que es esto”. Abel dice que las palabras de Videla le dan “más asco” del que ya le tenía, que es “un cobarde” y que todos son iguales.
Silvia Quintela, la mamá de Francisco, fue secuestrada el 17 de enero de 1977 y llevada al centro clandestino de Campo de Mayo. En la maternidad clandestina que se montó en el Hospital Militar, nació Francisco, que sólo estuvo con su madre unas horas. “Sabemos que la trajeron después de la cesárea y que se la llevaron en el primer traslado posterior, es decir, un vuelo. Sabíamos que había tenido un varón porque en Campo de Mayo la vio Juan Carlos “Chacho” Scarpati, que la conocía de la militancia. El llegó herido a Campo de Mayo y Silvia, que era casi cirujana, le faltaban seis meses de residencia, lo atendió”, cuenta Abel.
Poco después de que Francisco recuperara su identidad escuchó junto a su padre la sentencia a Santiago Omar Riveros y otros represores responsables del cautiverio de su madre en Campo de Mayo. El jueves irán juntos a tribunales. Pero ambos temen que esta vez las condenas no sean lo que esperan. Además, creen que debe ponerse la lupa sobre los represores prófugos y las condiciones de detención de los presos por delitos de lesa humanidad. Sobre todo, sostienen que debería reformularse el monto de la pena para los apropiadores y piden que Colombo no reciba pocos años con el argumento de que fue maltratada por el militar. “Cuando se quedaron conmigo eran una pareja hecha y derecha y ella tuvo muchas oportunidades para decirme la verdad. Ahora se hace la víctima”, sostiene Francisco. Abel, incluso, propone un proyecto que dé seis meses de plazo para que quienes tengan todavía “esclavos del alma” confiesen y sean juzgados con el Código actual y que al resto se le aplique la condena perpetua.
Sea cual fuera el resultado del jueves, Francisco dice que no “festejará” la sentencia porque “en mi corazón siempre queda eso oscurito que me pasó”, pero que la condena es lo que busca porque, más allá de su historia personal es importante socialmente. “Ese pedacito oscuro no me lo saca nadie –asegura–, pero la vida sigue y hay que llenarla. Por eso, mi relación con Abel es una construcción para delante. No pienso en quedarme con lo que no pudo ser, porque si no seguís en el papel de víctima. Lo mejor es pensar en lo que queda de vida.”
La pantalla y la Bersuit
Las Abuelas de Plaza de Mayo convocan a presenciar la sentencia del juicio por el Plan Sistemático de Apropiación, el jueves a las 17, en los tribunales de Comodoro Py. El veredicto se transmitirá desde una pantalla en las afueras del tribunal y el cierre musical estará a cargo de la banda Bersuit Bergarabat. La causa, en manos del Tribunal Oral Federal 6, había comenzado en diciembre de 1996 y, al momento de ser elevada a juicio oral, integró 35 casos de apropiación, sólo como un muestrario del plan sistemático. Se investigan algunos hechos de La Cacha, la Comisaría 5ª de La Plata, el Pozo de Banfield, Campo de Mayo, Vesubio, Olimpo, Orletti y ESMA. De los casos incluidos en este juicio, 26 nietos recuperaron su identidad.
lunes, 11 de junio de 2012
Ezequiel Rochistein Tauro: El nieto número 102 recuperado
“Pasé de la negación rotunda a la aceptación de mi identidad”, dice Ezequiel Rochistein Tauro
Por Florencia Alamos
El nieto número 102 recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo, Ezequiel Rochistein Tauro, asegura que hasta enterarse de que era hijo de desaparecidos sufrió un largo proceso de negación y que la clave fue el nacimiento de sus hijas y el amor que priorizó cuando conoció a su familia biológica.
“Uno va superando etapas y fui desde la negación rotunda hasta esta aceptación de mi identidad. El clic fue cuando nació mi primera hija, Guadalupe, y empecé a preguntarme qué pasaría si me pasa a mi lo que le pasó a mi abuela; que ella crece, queda embarazada y desaparece, que haría yo”, se preguntó Rochistein en una entrevista con Télam.
Para Ezequiel, quien hace unos días obtuvo el DNI con su identidad, la actitud de la familia biológica fue clave: “Me di cuenta al instante que había amor, que no había venganza”, resumió, y contó que al llamar a su abuela para el cumpleaños 88, “cuando terminamos de hablar le mandó un saludo a mi mamá y la felicitó por la persona que soy, y todo eso dice mucho”.
“Si mi abuela no tenía a grandeza de compartir una mesa con mi mamá de crianza o el perdón que implícitamente le dio cuando la vio por primera vez y la abrazó, todo hubiera sido diferente pero que haya sido así aceleró a que yo esté ahora como estoy: asimilando mi identidad y siendo pro activo en el tema del DNI y sin esperar”, reconoció.
Rochistein confirmó que era hijo de María Graciela tauro y de Jorge Rochistein hace menos de dos años y su proceso fue largo, ya que por más de diez años se negó a realizarse los análisis de ADN.
Sin embargo, en la actualidad asegura que “abrió una nueva etapa” y reconoce que su experiencia es testimonio para muchas personas que aún tienen dudas o pasaron por situaciones similares: “Si yo puedo contribuir con un granito de arena para que lo que yo viví y digo, sirva, así será, pero yo no soy de hablar mucho ni me gustan los medios pero si entiendo que mi vida ahora es testimonio para mucha gente”.
“Hoy puedo decirle a la gente que no espere y tratar de comunicárselo al resto. Yo sigo siendo el mismo, con un apellido o con el otro y las Abuelas siempre lo entendieron así”, confesó.
Al enterarse, también fue importante el acompañamiento del entorno, tanto de su trabajo, como el de su familia: “En la Fuerza Aérea, donde trabajaba, siempre respetaron mi privacidad, no sé si es porque no les convenía meterse o por respetarme pero nadie se metió. Nunca sentí esa mirada de costado”, subrayó.
En cuanto a su entorno íntimo afirmó: “Mi mujer fue un ángel, hay que bancar que cambie el apellido de tu marido, de tus hijas, tras que yo no soy fácil. Me casé en 2002 y todo esto empezó ahí, un mes antes y vivió conmigo todo, incluso los allanamientos”.
“Yo fui más drástico en el cambio, a ella le demanda más tiempo. Pero yo un día tomo la decisión y dejo atrás lo otro, así dejé la carrera de Ciencias Economías con 32 materias. Supongo que uno lo va procesando por dentro y un día lo sacás, a otros les cuesta más”, reflexionó.
El proceso de Ezequiel duró una década y sin embargo, él no se arrepiente de haber dilatado los tiempos: “Yo sentía venían por las malas y eso me negaba, hasta que entendí que lo único que buscaba mi familia era encontrarme, fui comprendiendo que lo importante era recuperar mi identidad y que desde Abuelas, me daban seguridades, me cuidaban”.
“Al principio vinieron de la CONADI y después se acercó Leonardo, otro nieto recuperado, que me habló con una paz, nunca me intentó manipular sino que intentaban decirme las cosas con franqueza, me fueron aflojando esa coraza”, indicó.
“De lo que si me arrepiento es de no habérmelo hecho antes porque mi abuela tiene 88 y hubiera querido aprovecharla más tiempo”, reconoció.
Acerca los jóvenes que permanecen con dudas sobre su identidad, Ezequiel considera que, sin caer en los consejos, intenta ayudar desde su historia: “Trato de orientar y estimular para que se animen. Les digo que a mi me costó diez años pero que ellos lo pueden hacer ahora, si tienen dudas y ganas, que no tengan miedo, que nadie los come, ni viene nadie a lavar el cerebro. Siempre es mejor saber quien sos, conocer a no conocer”.
Y finalizó: “Mi idea es siempre la de sumar, yo sumé parientes, afectos, un montón de cosas y lo veo en ese sentido. De tener dudas pasé a tener certezas y una familia más grande”.
Por Florencia Alamos
El nieto número 102 recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo, Ezequiel Rochistein Tauro, asegura que hasta enterarse de que era hijo de desaparecidos sufrió un largo proceso de negación y que la clave fue el nacimiento de sus hijas y el amor que priorizó cuando conoció a su familia biológica.
“Uno va superando etapas y fui desde la negación rotunda hasta esta aceptación de mi identidad. El clic fue cuando nació mi primera hija, Guadalupe, y empecé a preguntarme qué pasaría si me pasa a mi lo que le pasó a mi abuela; que ella crece, queda embarazada y desaparece, que haría yo”, se preguntó Rochistein en una entrevista con Télam.
Para Ezequiel, quien hace unos días obtuvo el DNI con su identidad, la actitud de la familia biológica fue clave: “Me di cuenta al instante que había amor, que no había venganza”, resumió, y contó que al llamar a su abuela para el cumpleaños 88, “cuando terminamos de hablar le mandó un saludo a mi mamá y la felicitó por la persona que soy, y todo eso dice mucho”.
“Si mi abuela no tenía a grandeza de compartir una mesa con mi mamá de crianza o el perdón que implícitamente le dio cuando la vio por primera vez y la abrazó, todo hubiera sido diferente pero que haya sido así aceleró a que yo esté ahora como estoy: asimilando mi identidad y siendo pro activo en el tema del DNI y sin esperar”, reconoció.
Rochistein confirmó que era hijo de María Graciela tauro y de Jorge Rochistein hace menos de dos años y su proceso fue largo, ya que por más de diez años se negó a realizarse los análisis de ADN.
Sin embargo, en la actualidad asegura que “abrió una nueva etapa” y reconoce que su experiencia es testimonio para muchas personas que aún tienen dudas o pasaron por situaciones similares: “Si yo puedo contribuir con un granito de arena para que lo que yo viví y digo, sirva, así será, pero yo no soy de hablar mucho ni me gustan los medios pero si entiendo que mi vida ahora es testimonio para mucha gente”.
“Hoy puedo decirle a la gente que no espere y tratar de comunicárselo al resto. Yo sigo siendo el mismo, con un apellido o con el otro y las Abuelas siempre lo entendieron así”, confesó.
Al enterarse, también fue importante el acompañamiento del entorno, tanto de su trabajo, como el de su familia: “En la Fuerza Aérea, donde trabajaba, siempre respetaron mi privacidad, no sé si es porque no les convenía meterse o por respetarme pero nadie se metió. Nunca sentí esa mirada de costado”, subrayó.
En cuanto a su entorno íntimo afirmó: “Mi mujer fue un ángel, hay que bancar que cambie el apellido de tu marido, de tus hijas, tras que yo no soy fácil. Me casé en 2002 y todo esto empezó ahí, un mes antes y vivió conmigo todo, incluso los allanamientos”.
“Yo fui más drástico en el cambio, a ella le demanda más tiempo. Pero yo un día tomo la decisión y dejo atrás lo otro, así dejé la carrera de Ciencias Economías con 32 materias. Supongo que uno lo va procesando por dentro y un día lo sacás, a otros les cuesta más”, reflexionó.
El proceso de Ezequiel duró una década y sin embargo, él no se arrepiente de haber dilatado los tiempos: “Yo sentía venían por las malas y eso me negaba, hasta que entendí que lo único que buscaba mi familia era encontrarme, fui comprendiendo que lo importante era recuperar mi identidad y que desde Abuelas, me daban seguridades, me cuidaban”.
“Al principio vinieron de la CONADI y después se acercó Leonardo, otro nieto recuperado, que me habló con una paz, nunca me intentó manipular sino que intentaban decirme las cosas con franqueza, me fueron aflojando esa coraza”, indicó.
“De lo que si me arrepiento es de no habérmelo hecho antes porque mi abuela tiene 88 y hubiera querido aprovecharla más tiempo”, reconoció.
Acerca los jóvenes que permanecen con dudas sobre su identidad, Ezequiel considera que, sin caer en los consejos, intenta ayudar desde su historia: “Trato de orientar y estimular para que se animen. Les digo que a mi me costó diez años pero que ellos lo pueden hacer ahora, si tienen dudas y ganas, que no tengan miedo, que nadie los come, ni viene nadie a lavar el cerebro. Siempre es mejor saber quien sos, conocer a no conocer”.
Y finalizó: “Mi idea es siempre la de sumar, yo sumé parientes, afectos, un montón de cosas y lo veo en ese sentido. De tener dudas pasé a tener certezas y una familia más grande”.
Publicado por Colectivo Ex P. Pol. Sobrev. Rosario
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jueves, 24 de mayo de 2012
Ya no es más un desaparecido
Por Ailín Bullentini
Años después de conocer su verdadera identidad, Victoria Montenegro prestó su dedo índice para que le extrajeran una gotita de sangre. Esa gotita fue “lo único voluntario en lo que atañe a la búsqueda de mi verdadera identidad”, recordó ayer la mujer a la que le “costó demasiado esfuerzo” aceptar la falsedad de aquel “María Sol”, el nombre con que su apropiador, Herman Tetzlaff, la había criado. Esa gotita permitió arrancar a su papá de las sombras de la definición de “desaparecido”. “Me abrazo al milagro de que mi papá haya aparecido cuando el Estado terrorista hizo todo lo posible para que nunca jamás apareciera.”
–El proceso que atravesaste para aceptar tu verdadera identidad fue duro. ¿Ahora se abre otro similar?
–Yo no quería descubrir mi identidad. A mi papá lo busqué. Se abre una etapa difícil, porque es difícil entender por lo que tuvo que pasar y cuesta aceptar que efectivamente está muerto. Hasta que apareció lo esperábamos vivo, más allá de que sabíamos la suerte que había corrido. Para mí, los vuelos de la muerte no eran una opción sobre el destino de mi papá, pero que apareciera en las costas de Uruguay me obligó a rearmar todo lo que había reconstruido sobre su final.
–¿Cuál es el siguiente paso?
–Resta investigar dónde estuvo detenido e intentar que ese camino nos lleve a mi mamá. Es necesario quedarse con lo que suma. Ya no es más un desaparecido, recuperó su identidad y le prepararemos un lugar en donde llorarlo y donde recargarnos de su energía.
“Es durísimo cerrar la búsqueda”
Años después de conocer su verdadera identidad, Victoria Montenegro prestó su dedo índice para que le extrajeran una gotita de sangre. Esa gotita fue “lo único voluntario en lo que atañe a la búsqueda de mi verdadera identidad”, recordó ayer la mujer a la que le “costó demasiado esfuerzo” aceptar la falsedad de aquel “María Sol”, el nombre con que su apropiador, Herman Tetzlaff, la había criado. Esa gotita permitió arrancar a su papá de las sombras de la definición de “desaparecido”. “Me abrazo al milagro de que mi papá haya aparecido cuando el Estado terrorista hizo todo lo posible para que nunca jamás apareciera.”
–El proceso que atravesaste para aceptar tu verdadera identidad fue duro. ¿Ahora se abre otro similar?
–Yo no quería descubrir mi identidad. A mi papá lo busqué. Se abre una etapa difícil, porque es difícil entender por lo que tuvo que pasar y cuesta aceptar que efectivamente está muerto. Hasta que apareció lo esperábamos vivo, más allá de que sabíamos la suerte que había corrido. Para mí, los vuelos de la muerte no eran una opción sobre el destino de mi papá, pero que apareciera en las costas de Uruguay me obligó a rearmar todo lo que había reconstruido sobre su final.
–¿Cuál es el siguiente paso?
–Resta investigar dónde estuvo detenido e intentar que ese camino nos lleve a mi mamá. Es necesario quedarse con lo que suma. Ya no es más un desaparecido, recuperó su identidad y le prepararemos un lugar en donde llorarlo y donde recargarnos de su energía.
“Es durísimo cerrar la búsqueda”
Para Estela de Carlotto, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, la recuperación de los restos del padre de la nieta recuperada Victoria Montenegro es “un paso más en el avance hacia la verdad completa”.
–¿Qué se logra con la identificación de los restos de Roque Montenegro?
–Es un paso más en la lucha porque la gente que aún descree empiece a creer que las desapariciones, las apropiaciones, las muertes durante la dictadura existieron y que ellos mismos son parte de esta historia, que pueden escribir las páginas de lo que aún no se dijo. Por eso es tan importante que quienes tienen familiares desaparecidos se acerquen a donar sus muestras para encontrarlos, que los jóvenes que dudan de su identidad se acerquen a consultarnos.
–¿Por qué considera que es tan difícil dar ese paso?
–Es durísimo, porque es cerrar la búsqueda encarada con la esperanza de encontrar vivo a quien falta. Chocar con la realidad de sus restos, de sus huesos, es durísimo. He visto abuelas besar huesitos porque es lo que quedaba de su hijo o hija. Pero, a la vez, es la manera que toda la humanidad tiene de cerrar el círculo de la vida. Es tan terrible decir “no vive” como tanta la fuerza que uno toma para seguir avanzando sobre quiénes, por qué, cómo y sobre la Justicia.
–¿Qué se logra con la identificación de los restos de Roque Montenegro?
–Es un paso más en la lucha porque la gente que aún descree empiece a creer que las desapariciones, las apropiaciones, las muertes durante la dictadura existieron y que ellos mismos son parte de esta historia, que pueden escribir las páginas de lo que aún no se dijo. Por eso es tan importante que quienes tienen familiares desaparecidos se acerquen a donar sus muestras para encontrarlos, que los jóvenes que dudan de su identidad se acerquen a consultarnos.
–¿Por qué considera que es tan difícil dar ese paso?
–Es durísimo, porque es cerrar la búsqueda encarada con la esperanza de encontrar vivo a quien falta. Chocar con la realidad de sus restos, de sus huesos, es durísimo. He visto abuelas besar huesitos porque es lo que quedaba de su hijo o hija. Pero, a la vez, es la manera que toda la humanidad tiene de cerrar el círculo de la vida. Es tan terrible decir “no vive” como tanta la fuerza que uno toma para seguir avanzando sobre quiénes, por qué, cómo y sobre la Justicia.
Maco Somigliana del EAAF : “La incertidumbre no hace bien”
Hasta ahora hay 515 desaparecidos identificados. Otros 600 cuerpos que fueron recuperados deben ser entrecruzados con el Banco de Sangre de Familiares de Desaparecidos. Las particularidades del caso Montenegro.
Por Victoria Ginzberg
A fines de 2007, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) había logrado identificar 250 cuerpos de desaparecidos. Hoy, la cifra asciende a 515. En estos cuatro años se implementó la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas, que implicó la sistematización de un Banco de Sangre de Familiares y la posibilidad de usar un laboratorio de ADN para hacer entrecruzamientos masivos. Carlos Somigliana –Maco para todos los que lo conocen– es integrante de EAAF y explica aquí el avance del trabajo del grupo de antropólogos que desde 1984 intenta recuperar los cuerpos, los nombres y las historias de las víctimas de la última dictadura militar. Señala que la identificación de Roque Montenegro permite dar cuenta del vuelo de la muerte más próximo al 24 de marzo de 1976 del que se tiene registro hasta ahora y, por otro lado, involucra a una persona secuestrada antes del golpe de Estado, lo que también lo convierte en un caso único.
–¿Cuántos cuerpos de desaparecidos se identificaron hasta ahora?
–Identificados en total, desde el principio, hay 515. La mitad se hizo en los últimos cuatro años, por la Iniciativa. Y este caso es un buen ejemplo, porque Roque Montenegro no se hubiera identificado nunca sin el ADN masivo. No había elementos para tener una idea de quién era, como en casi todos los casos de la costa, salvo que hubiera huellas que permitieran arrimar el bochín un poco. Sin el ADN masivo nunca hubiéramos podido identificar al papá de Vicky.
–¿Cuántos familiares dejaron las muestras en el Banco del EAAF?
–Debemos tener representados, no bien representados, pero por lo menos representados, poco menos de la mitad de los desaparecidos.
–¿Hay familiares que todavía no saben que existe el Banco, que no tienen acceso, que no quieren dejar la muestra? ¿Puede también haber gente que confunda el Banco de Sangre de Familiares con el Banco de Sangre de las Abuelas?
–Debe haber muchas razones: gente que no tiene acceso, que no sabe, gente que está desilusionada...Creo que hay muchos que lo están pensando. En términos de “doy la muestra de sangre y después ¿qué cosa me viene encima?”. Pero la mitad es mucho. Hay familias que faltan, yo conozco varios casos, me acuerdo ahora de una persona que no está denunciada porque era hijo único, padre y madre murieron y nadie se hizo cargo de la denuncia. Hay casos en los que no quedó nadie.
–En la conferencia de prensa (de ayer) pidieron que los familiares de desaparecidos se acerquen al banco porque las identificaciones ayudan a cerrar un ciclo. Según su experiencia ¿eso es así?
–Esa es la idea. Es lo que tiene que pasar. También está el hecho de que esto es voluntario, tiene que ser voluntario. Puede llamar la atención, pero hay que aceptar que algunas personas no quieran dejar su sangre. Más que mi experiencia, está la creencia. Yo creo que esto le hace bien a la gente. Y lo compruebo con algunos casos. En general, las identificaciones les permiten a las personas destrabar otras cosas. Yo veo que a la gente –a los hijos, que son con los que más hablo ahora– le ha ayudado mucho. Para decirlo al revés: la desaparición le hace mal a la gente, todos nos hemos acostumbrado a manejarla, pero a los pocos que han podido elaborarla en los términos más conocidos para el ser humano, que es el de muerte conocida, básicamente les ha hecho bien. La inconsistencia, la incertidumbre no le hace bien a uno en general. Y este es un caso de libro de incertidumbre.
–¿Cuántos cuerpos tienen ustedes ubicados y recuperados pero todavía no fueron identificados?
–Muestras de ADN de esqueletos sin identificar hay alrededor de 600. La cifra se va reduciendo con las identificaciones, pero se va ampliando con nuevos hallazgos, que no son demasiados significativos, pero hay.
–¿Por qué no se identifican? ¿No dan con el Banco?
–Se están haciendo las comparaciones. Es probable que la mayoría se deba a que no tenemos las muestras de sus familiares.
–¿Cuándo comenzó la iniciativa había más de mil cuerpos sin identificar?
–Teníamos 250 identificaciones y más de 800 cuerpos sin identificar.
–Decía en la conferencia que sólo el uno por ciento de los cuerpos de personas asesinadas en vuelos de la muerte se recuperaron. ¿Los cuerpos enterrados en cementerios como NN se recuperaron todos? ¿O la mayoría?
–La mayoría de los cuerpos que estaban en cementerios como NN y que no habían pasado a osario están recuperados. Creemos que en La Perla – pero no se trata de un cementerio– debe haber una fosa grande, pero no apareció. En Córdoba no hubo vuelos. Tampoco en Tucumán y allí se están encontrado algunas cosas. En Capital y Gran Buenos Aires se puede encontrar, como se encontró en Arana, una fosa. Tal vez se podría encontrar en la zona del campo de deportes de la ESMA, pero hay que tener en cuenta que es un terreno que se movió mucho. Y no sería un hallazgo masivo.
–¿Cómo llega Roque Montenegro a la costa? ¿Se sabe dónde lo tuvieron secuestrado?
–No se sabe. Se sabe que en esos tres o cuatro días de mayo de 1976 aparecen tres personas, los tres hombres. Es posible que los tres sean del mismo vuelo. Hasta ahora el único identificado de este vuelo es Roque. Teniendo en cuenta dónde estaba (Herman) Tetzlaff (el apropiador de Victoria) en ese momento, lo más probable es que Roque haya estado en Campo de Mayo. Por ahí las otras dos identificaciones, cuando se hagan, den una pauta mejor. Pero de Campo de Mayo hay pocos testimonios y mucho menos anteriores al 24 de marzo.
–¿Es la primera vez que se sabe de alguien secuestrado antes del golpe de Estado que fue asesinado en un vuelo?
–Sin duda. Hay un caso anterior, del que ya mandamos la pericia, pero todavía lo tiene para resolver el juez de Rocha, que es de abril de 1976, pero es de una persona secuestrada en abril también. A la fecha este es el caso de vuelo más cercano al 24 de marzo de 1976. El vuelo sería de mediados de mayo, 14 o 15 de mayo.
Por Victoria Ginzberg
A fines de 2007, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) había logrado identificar 250 cuerpos de desaparecidos. Hoy, la cifra asciende a 515. En estos cuatro años se implementó la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas, que implicó la sistematización de un Banco de Sangre de Familiares y la posibilidad de usar un laboratorio de ADN para hacer entrecruzamientos masivos. Carlos Somigliana –Maco para todos los que lo conocen– es integrante de EAAF y explica aquí el avance del trabajo del grupo de antropólogos que desde 1984 intenta recuperar los cuerpos, los nombres y las historias de las víctimas de la última dictadura militar. Señala que la identificación de Roque Montenegro permite dar cuenta del vuelo de la muerte más próximo al 24 de marzo de 1976 del que se tiene registro hasta ahora y, por otro lado, involucra a una persona secuestrada antes del golpe de Estado, lo que también lo convierte en un caso único.
–¿Cuántos cuerpos de desaparecidos se identificaron hasta ahora?
–Identificados en total, desde el principio, hay 515. La mitad se hizo en los últimos cuatro años, por la Iniciativa. Y este caso es un buen ejemplo, porque Roque Montenegro no se hubiera identificado nunca sin el ADN masivo. No había elementos para tener una idea de quién era, como en casi todos los casos de la costa, salvo que hubiera huellas que permitieran arrimar el bochín un poco. Sin el ADN masivo nunca hubiéramos podido identificar al papá de Vicky.
–¿Cuántos familiares dejaron las muestras en el Banco del EAAF?
–Debemos tener representados, no bien representados, pero por lo menos representados, poco menos de la mitad de los desaparecidos.
–¿Hay familiares que todavía no saben que existe el Banco, que no tienen acceso, que no quieren dejar la muestra? ¿Puede también haber gente que confunda el Banco de Sangre de Familiares con el Banco de Sangre de las Abuelas?
–Debe haber muchas razones: gente que no tiene acceso, que no sabe, gente que está desilusionada...Creo que hay muchos que lo están pensando. En términos de “doy la muestra de sangre y después ¿qué cosa me viene encima?”. Pero la mitad es mucho. Hay familias que faltan, yo conozco varios casos, me acuerdo ahora de una persona que no está denunciada porque era hijo único, padre y madre murieron y nadie se hizo cargo de la denuncia. Hay casos en los que no quedó nadie.
–En la conferencia de prensa (de ayer) pidieron que los familiares de desaparecidos se acerquen al banco porque las identificaciones ayudan a cerrar un ciclo. Según su experiencia ¿eso es así?
–Esa es la idea. Es lo que tiene que pasar. También está el hecho de que esto es voluntario, tiene que ser voluntario. Puede llamar la atención, pero hay que aceptar que algunas personas no quieran dejar su sangre. Más que mi experiencia, está la creencia. Yo creo que esto le hace bien a la gente. Y lo compruebo con algunos casos. En general, las identificaciones les permiten a las personas destrabar otras cosas. Yo veo que a la gente –a los hijos, que son con los que más hablo ahora– le ha ayudado mucho. Para decirlo al revés: la desaparición le hace mal a la gente, todos nos hemos acostumbrado a manejarla, pero a los pocos que han podido elaborarla en los términos más conocidos para el ser humano, que es el de muerte conocida, básicamente les ha hecho bien. La inconsistencia, la incertidumbre no le hace bien a uno en general. Y este es un caso de libro de incertidumbre.
–¿Cuántos cuerpos tienen ustedes ubicados y recuperados pero todavía no fueron identificados?
–Muestras de ADN de esqueletos sin identificar hay alrededor de 600. La cifra se va reduciendo con las identificaciones, pero se va ampliando con nuevos hallazgos, que no son demasiados significativos, pero hay.
–¿Por qué no se identifican? ¿No dan con el Banco?
–Se están haciendo las comparaciones. Es probable que la mayoría se deba a que no tenemos las muestras de sus familiares.
–¿Cuándo comenzó la iniciativa había más de mil cuerpos sin identificar?
–Teníamos 250 identificaciones y más de 800 cuerpos sin identificar.
–Decía en la conferencia que sólo el uno por ciento de los cuerpos de personas asesinadas en vuelos de la muerte se recuperaron. ¿Los cuerpos enterrados en cementerios como NN se recuperaron todos? ¿O la mayoría?
–La mayoría de los cuerpos que estaban en cementerios como NN y que no habían pasado a osario están recuperados. Creemos que en La Perla – pero no se trata de un cementerio– debe haber una fosa grande, pero no apareció. En Córdoba no hubo vuelos. Tampoco en Tucumán y allí se están encontrado algunas cosas. En Capital y Gran Buenos Aires se puede encontrar, como se encontró en Arana, una fosa. Tal vez se podría encontrar en la zona del campo de deportes de la ESMA, pero hay que tener en cuenta que es un terreno que se movió mucho. Y no sería un hallazgo masivo.
–¿Cómo llega Roque Montenegro a la costa? ¿Se sabe dónde lo tuvieron secuestrado?
–No se sabe. Se sabe que en esos tres o cuatro días de mayo de 1976 aparecen tres personas, los tres hombres. Es posible que los tres sean del mismo vuelo. Hasta ahora el único identificado de este vuelo es Roque. Teniendo en cuenta dónde estaba (Herman) Tetzlaff (el apropiador de Victoria) en ese momento, lo más probable es que Roque haya estado en Campo de Mayo. Por ahí las otras dos identificaciones, cuando se hagan, den una pauta mejor. Pero de Campo de Mayo hay pocos testimonios y mucho menos anteriores al 24 de marzo.
–¿Es la primera vez que se sabe de alguien secuestrado antes del golpe de Estado que fue asesinado en un vuelo?
–Sin duda. Hay un caso anterior, del que ya mandamos la pericia, pero todavía lo tiene para resolver el juez de Rocha, que es de abril de 1976, pero es de una persona secuestrada en abril también. A la fecha este es el caso de vuelo más cercano al 24 de marzo de 1976. El vuelo sería de mediados de mayo, 14 o 15 de mayo.
La identificación de Roque Montenegro, papá de la nieta recuperada Victoria Montenegro
Roque Orlando Montenegro desapareció el 13 de febrero de 1976. Su cuerpo fue encontrado en mayo de ese año en las costas uruguayas y enterrado como NN en Colonia. “Estamos todos en carne viva”, contó su hija. También dijo que siente “la paz que da la verdad”.
Por Ailín Bullentini
Victoria Montenegro toma aire, resuelve romper el silencio que hasta entonces reinaba en la pequeña sala de la sede de Abuelas de Plaza de Mayo y habla: “Quizá se trate de un milagro, de otro más”. Se refiere a la identificación de los restos de su papá, Roque Orlando Montenegro, que estaba desaparecido desde el 13 de febrero de 1976. “Como lo fue la búsqueda de Abuelas, que con una gota de sangre de mi familia me encontraron a más de dos mil kilómetros de mi verdadero hogar, el hecho de que con una gota de mi sangre, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) haya encontrado a mi papá, que estuvo tantos años enterrado en Uruguay, también es un milagro”, explicó ayer, cuando en compañía de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y el integrante del EAAF Carlos Somigliana, hizo pública la noticia. “Acá hay una mezcla de sensaciones: el dolor de saber que Victoria sólo puede abrazar los restos de su papá y la alegría de saber que finalmente lo tiene”, reflexionó Carlotto.
La sensación de la hija de “Toti”, como le decían a Roque, e Hilda Ramona Torres, aún desaparecida, también es una combinación “difícil de explicar”. Porque el dolor de conocer el destino final de su padre y de “saber que tuvo que atravesar situaciones que creía ajenas a él” está, claro. Pero también siente paz, “la paz que da la verdad”, expresó. “Es un proceso, todavía estamos todos en carne viva”, explicó a Página/12 (ver aparte).
Fue en agosto de 2011 cuando Victoria recibió la confirmación oficial de que los restos de un hombre que había permanecido casi 30 años enterrado como NN en el cementerio de la ciudad uruguaya de Colonia eran los de su padre. Poco menos de once años atrás, el 5 de julio de 2000, un análisis de ADN le había restituido su verdadera identidad. En el camino de asimilación de su nueva realidad, Victoria aceptó dar una muestra de su sangre al EAAF y comenzar así la búsqueda de su familia.
Según detalló Somigliana, Roque Montenegro apareció muerto el 17 de mayo de 1976 en la costa de Colonia. Allí fue enterrado junto a otros siete cuerpos que fueron hallados en condiciones similares, aunque en diferentes momentos. El de Roque fue exhumado en 2002. “A partir de 2005, mediante el mejoramiento y el avance de técnicas en genética, comenzamos a trabajar con los restos. Recién en marzo de 2011 se pudo extraer una muestra apta para ser utilizada, que coincidió exactamente con el ADN que había dado Vicky”, explicó el integrante del grupo de investigadores.
Victoria lo supo fehacientemente en agosto de ese año, con los resultados positivos de la pericia genética. La Cámara Federal de la Ciudad de Buenos Aires formalizó la identificación el 29 de diciembre pasado y, previo a la autorización de la Justicia de Uruguay –que actuaba en la causa por la aparición de cuerpos sin identidad en Colonia–, dispuso la entrega del cuerpo a la familia. El lunes, Victoria y sus hijos depositaron provisoriamente los restos de Roque en la iglesia de la Santa Cruz. En agosto lo llevarán a Metán, “su pueblo natal, ese que siempre amó”, en Salta, para que descanse cerca de sus seis hermanos.
Somigliana coincidió con la idea del “milagro” planteada por la nieta recuperada, sobre todo al considerar la “eficacia” de los vuelos de la muerte a la hora de “desaparecer personas”. “Entre 50 y 70 cuerpos aparecieron en circunstancias que permiten suponer que fueron víctimas de los vuelos, lo que sería cerca del uno por ciento del total de las víctimas que se calcula fueron sometidas a esa metodología. En el 99 por ciento de los casos fue eficiente y no hay rastros”, calculó. Del grupo de cuerpos enterrados sin identificación en Uruguay, el caso de Montenegro es el segundo que el EAAF cierra con éxito. El anterior fue el de Horacio Abeledo, que llegó a las costas del país vecino en septiembre de 1976. Los demás permanecen bajo la investigación del equipo de antropología.
“Todo esto me hace pensar que antes que el espanto que nos pasó está la fuerza del milagro con la que todo cobra sentido: la lucha de las Abuelas y de los organismos de derechos humanos, el trabajo del EAAF y el compromiso de tantas personas anónimas permitieron devolverle la dignidad a mi papá”, analizó la nieta recuperada que, a más de 35 años de haber perdido todo, sigue recuperando su historia. “Estamos hablando de la libertad de una nieta, de una hija”, consideró luego Carlotto, quien evaluó que “la verdad a veces provoca dolor, pero siempre suma fuerzas para seguir” y concluyó: “Victoria va a acompañar los restos de su papá hasta su provincia y junto con sus familiares van a poder hacer el duelo. Con lágrimas, pero con más fuerza. Eso es lo importante”.
La identificación del cuerpo de Roque no solo suma verdad a la historia de su única hija, sino también a la del país. El hecho de haber aparecido en las costas uruguayas en mayo de 1976, casi tres meses después de haber desaparecido, es una prueba más de que el plan sistemático de desaparición de personas aplicado por la última dictadura no comenzó el mismo 24 de marzo de 1976, cuando los uniformados se instalaron en el poder. “Mi papá es uno de los cuerpos que denuncia Rodolfo Walsh en su Carta Abierta a la Junta Militar y es la prueba cabal en sí misma del macabro accionar de la última dictadura –denunció Victoria–. Pero por sobre todas las cosas es mi papá, el abuelo de mis hijos, el hermano de mis tíos. El que hace un tiempo atrás empecé a extrañar y quien de alguna forma me ayudó y ayuda a acomodar la verdad, que es la que alumbra lo que perdura y lo que seguimos construyendo.”
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