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martes, 12 de febrero de 2013

Guillermo Perez Roisinblit, nieto recuperado nacido en la Esma:

La historia de Guillermo Pérez Roisinblit, el nieto recuperado nacido en la ESMA tras un parto clandestino atendido por el médico genocida Jorge Luis Magnacco

“¿Cómo puede estar tranquilo, con sangre de las secuestradas en su conciencia?”
 Tiene 34 años, pero dice que nació otra vez a los 21, cuando su hermana Mariana se le apareció donde trabajaba y le dijo que sus padres se llamaban José y Patricia. Ella le contó que después de secuestrarlos, la dictadura obligó a Patricia a parir en cautiverio.  Y que lo hizo con la "asistencia" del condenado Magnacco, quien días atrás fue visto caminando por la calle.   

Disney atenta permanentemente contra la psiquis de los nietos restituidos", dice Guillermo Pérez Roisinblit. Se ríe, y explica que hace un tiempo jugaba con sus hijos –Cinthia, de 2 años, e Ignacio, de 5–, hasta que el varón lo acorraló con preguntas incómodas. "¿Dónde están el abuelo José y la abuela Pati?" La respuesta fue, claro, en el cielo. "¿Quién los mató?" Hay gente buena y gente mala. A los abuelos los mató gente mala. "Ah, pero yo quiero verlos. ¿Me llevás afuera?" No se puede, Nacho, le dijo Guillermo. "Sí que se puede –convencido, segurísimo–, ayer vi El Rey León, y Simba lo vio a Mufasa en una nube. ¡Estuvieron hablando! A lo mejor los abuelos están en una estrella y los veo. ¿Me llevás?"

José Manuel Pérez Rojo y su mujer Patricia Roisinblit
militaban en Montoneros y fueron secuestrados por una patota de la Fuerza Aérea en octubre de 1978. La pareja ya tenía una hija, Mariana, y otro que esperaba en la panza de Patricia, que dio a luz a Guillermo el 15 de noviembre de ese año en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). "Atendida" por el médico genocida Jorge Luis Magnacco, descubierto hace algunos días por la agrupación HIJOS mientras paseaba por la calle junto a su esposa, a pesar de cumplir con una condena de prisión domiciliaria hoy convertida en cárcel común.
"Traté de acercarme a Magnacco cuando estaba detenido en Prefectura –cuenta–, pero no lo hice. Quería preguntarle dos cosas: qué recordaba de mi mamá, y a qué hora nací. Cuando lo vi libre no lo podía creer. Su cabeza está llena de sangre de las embarazadas que asistía. ¿De qué manera puede dormir con todo eso encima?" 

Después del parto de Patricia, Guillermo fue apropiado por un civil que trabajaba para los aviadores. Y recuperó su identidad en el 2001, gracias a dos denuncias anónimas recibidas en Abuelas de Plaza de Mayo y al trabajo que la entidad motorizó a partir de ese momento. Su abuela paterna, Argentina, fue vocal de Abuelas y falleció en el 2005. Pero Guillermo todavía la tiene a Rosa, vicepresidenta de la entidad, con la que se "peleó" como manera de expresar la lucha que tenía contra sí mismo al enterarse que llegaba 21 años tarde a su verdadera familia. Y a la que después de un proceso que le llevó años, se pegó como todo nieto a su abuela. Para recuperar el tiempo que le hicieron perder los criminales.

–La "salida" de Magnacco te debe haber llevado a repasar varias cosas.
–Sobre todo las dos décadas en las que viví en un mundo totalmente distinto al real. En el 2000 yo trabajaba en un patio de comidas frente a la plaza de San Miguel, y el 27 de abril aparecieron dos chicas con un bebé en brazos. Cuando me acerqué para atenderlas, una, que resultó ser mi hermana Mariana, me preguntó si era Guillermo Gómez, y si podía dejarme una carta. Imaginate que a los 21 años, mi única preocupación era tener un sueldo para bailar los sábados y salir con amigos. Y de repente llegan dos mujeres de la nada, con una criatura en brazos. Lo primero que pensé es "me quieren encajar el pibe, ¿tan borracho estaba que no me acuerdo que a una de estas la dejé embarazada?" (se ríe). Le contesté que no podía hablar, y que si consumían, no había problemas para quedarse. Así, en ese tono. Mariana insistió. Se puso a escribir algo, agarró un libro, puso el papel adentro y me lo dio en una bolsa. Se pararon, pero yo no aguanté. Las primeras líneas decían: "Mi nombre es Mariana Eva Pérez, soy hija de desaparecidos, estoy buscando a mi hermano…" Y el mensaje marcaba la página 175. Era una de las ediciones de un libro de Abuelas, con los casos resueltos y que faltaban resolver. La página resaltaba fotos de dos jóvenes, y un recuadro gris donde debía estar el rostro del bebé que les habían secuestrado. El hombre era yo, era mi propia foto en blanco y negro. Se me nubló todo. Al rato ellas se fueron, y me senté a comer con Osvaldo, que además de "jefe" era un gran amigo. Alcanzó a ver a Mariana, y no dudó: "Che, esa es tu hermana, son dos gotas de agua. ¿Podrías seguir tu vida dudando de si tenés una hermana o no?"
–Te hizo caer.
–La pregunta fue terminante, directa, y no lo dudé. Ese mismo día a las 6 de la tarde estaba en la oficina de Abuelas. Recuerdo que me recibió Abel Madariaga, mis abuelas Argentina y Rosa, y estaba Estela (Carlotto). Mi abuela Argentina me acercó un café y le temblaban las manos. Imagino lo impresionante que debe haber sido para ella tener parado enfrente al que se suponía era el hijo de su hijo. Así, de golpe.
–¿Qué dijeron? ¿Nunca te habías cuestionado nada?
–Después de los saludos, la charla vino por el lado de lo que hacían, de los otros casos. Me contaron que habían llegado a mí por dos denuncias anónimas, después de investigar bastante. Y que para comprobar lo que se sospechaba, contábamos con dos caminos: un análisis de ADN supervisado por la justicia en el Hospital Durand, o algo similar en un banco genético que Abuelas tenía en Estados Unidos. Opté por el primero, y los resultados llegaron a los pocos días, el 2 de junio. Ahí se comprobó que era hijo de desaparecidos. En lo particular, nunca sospeché que no era hijo de mi apropiadora, pero sí dudé de mi apropiador, un tipo que mide 1,72, es moreno, y calza 42. Yo  calzo 46, mido 1,86 y mi nariz no se parecía en nada a la de ellos. No sé, eran una especie de pantallazos que a uno lo hacían dudar, pero no al punto de imaginarme lo que vendría después. Además, lo único que me había "acercado" a la dictadura era haber visto La noche de los Lápices en Canal 9. Me asombraba ver centros de estudiantes en las escuelas, y para colmo venía de cursar la secundaria en la I Brigada Aérea de El Palomar, donde Historia no llegaba ni siquiera al primer gobierno peronista. Ellos se separaron cuando yo cumplí cuatro años, y el divorcio llegó al tener ocho. Él era violento, la golpeaba, y más de una vez la dejó en el hospital. Era un hombre que no me tenía en cuenta para nada, lo que me hacía suponer dos cosas: o yo era un muy mal hijo, o a él no le interesaba para nada cumplir su rol de padre. Con el tiempo se comprobó la segunda opción, porque esencialmente no era mi padre.
–Contabas que te acercaste a Abuelas el mismo día en que te habló Mariana. Pero sin embargo, meterte dentro de tu verdadera historia te costó años.
–Sí, porque fue un proceso transitado de a poco. Lo que más me importaba era saber si Mariana era mi hermana. Mientras esperaba los resultados nos juntamos varias veces, pero en realidad, yo no tenía dudas después de aquella foto. La distancia te hace poner el foco en cosas que vivías, pero en las que no prestabas atención. La función de padre de mi apropiador se limitaba a traer una asignación familiar una vez por mes impuesta por el juez, 230 pesos. E invitarnos a comer el día de mi cumpleaños. Una semana después de aquel 27 de octubre nos juntamos en una parrilla de Morón, y en un momento, los dos en el baño, le pregunté si yo era su hijo. "Mirame bien y mirate vos, ¿sos mi papá?" Le conté lo del libro, la carta, el encuentro con Mariana. Salió con que eran pavadas, con que alguien del barrio me tenía envidia y quería joderme. A los dos días llamó para verme, y otra vez la misma charla. Y una vez más a la otra semana. En la última íbamos con el auto y se largó a llorar, casi mata a un pibe en bicicleta al cruzar la esquina. Yo agarré el volante, ni siquiera tenía registro, y después que reconoció todo, le dije: "Buscate un abogado, porque te robaste al nieto de la vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo."
–¿Intentó alguna explicación?
–Dijo que yo era hijo extramatrimonial de un oficial, y que para guardar las "formas", ese oficial le había entregado el bebé para que él lo criara. Mientras, la cabeza me funcionaba a los saltos. Es como te decía antes, empezás a recordar instantes, caras, chispazos de tu vida.
–Tu infancia con ellos.
–Claro, y sobre todo el tiempo que pasé en la RIBA (Regional de Inteligencia de la Provincia de Buenos Aires), un edificio de la Fuerza Aérea donde trabajaba mi apropiador. Ese lugar lo conozco de memoria, él me llevaba cuando era chico. Fue Mariana la que me contó que a mis viejos los secuestró una patota de la Fuerza Aérea, y eso me sirvió para atar cabos. De la RIBA recuerdo hasta su número de teléfono. Francisco me llevaba siempre. Me prestaban un revólver 32 vacío para jugar a los pistoleros. En el primer piso había un casino de oficiales, y una reja que lo separaba de la cocina. Me sentaban en una heladera antigua, enorme, para tomar gaseosas. Y en la segunda planta existía algo impresionante para la época: una construcción tipo central de comunicaciones, con computadoras, aparatos telefónicos, antenas. Su papel era encargado del sector de  maestranza. Pero independientemente de eso, pudo ser que en algún momento haya aportado gente para los grupos de tareas, y que lo hayan usado. Mi apropiadora recuerda una comisión de servicios por la que él viajó a Mar del Plata en pleno mundial de fútbol, con un arma encima. En la casa tenía una carabina.
–Dijiste que tu propio proceso interno, desde que te enteraste de tu origen, fue lento. ¿Cómo resumirías ese tránsito que se da entre la manera de pensar del 2000 y la actual, estando con Rosa, habiéndola conocido a Argentina, y comprometiéndote hoy  tanto con el reclamo de las Abuelas?
–Al principio sentí una puja muy grande entre la historia de lucha de mi familia y mi apropiadora. Porque en definitiva, ella me había criado sola, y nunca tuvimos mala relación, más allá de los problemas de todo adolescente. En esos años me despertaba llorando, no sabía quién era. Tenía un anillo con mis iniciales, y para dormir necesitaba verlas. Mirá, si hace cinco años me preguntabas cómo estaba, yo te hubiera contestado: "No  se quiere lo que no se conoce." Pero ahora soy otro, crecí.
–¿De qué manera "empezaste" a querer a Argentina y a Rosa? ¿Te parece que la pregunta está bien?
–Sí, claro (se ríe). Crecí con una ausencia absoluta de la figura paterna, y fue sencillo querer a mi abuela Argentina, porque estaba más cerca del estereotipo de la "abuelita". Lo mismo me pasó con Mariana. Yo "no tenía" hermanos, y que surgiera uno era bienvenido. Aparecieron los juegos, los chistes, la complicidad. Pero con mi abuela Rosa, la cosa fue distinta. Me costó mucho acercarme. Rosa era nada menos que la mamá de mi mamá, y esa figura, la de "madre", yo sí la tenía en mi cabeza. Para peor, pude conocer a la madre de mi apropiadora, y cuando falleció la lloré mucho. En ese cambio de mentalidad hubo un momento clave: 6 de febrero del 2004, cuando la causa de mi apropiación cayó en el juzgado de Jorge Luis Ballesteros. Mientras había transcurrido en las oficinas de (María) Servini de Cubría, sufrí mucho por aquella puja de la que hablábamos antes. El 8 de febrero del 2001 lo detienen a Francisco; en marzo, a ella; me quedo sin trabajo; entran a mi casa y desvalijan todo. Fue una época muy convulsionada. Sentía que en esa pelea, me obligaban a mí a ponerme en contra de mi apropiadora. Pero con Ballesteros, el tema se modificó radicalmente para mejor. Me empieza a ver como a una víctima, me da el trato que me corresponde. Cuando me pidió un ADN, lo que le transmití era algo así como "no me obligues a mí a ponerme en contra de ella, a ser el responsable de lo que le ocurra". Y en el juzgado lo entendieron. ¿Sabés cómo? Muy simple: investigando, analizando otra vez cada una de las cosas. Empezaron a ver para atrás, y encontraron que el 20 de marzo del 2001, mi apropiadora había declarado que yo no era su hijo biológico. El delito ya estaba, existía una confesión, falsificación de documentos públicos, retención de un menor de diez años. Entonces sí tenía sentido pedirme después el análisis, porque no era un disparador, sino una forma de confirmar lo que ya se sabía. Eso llegó el 23 de abril del 2004. Ese día me saqué de encima la mochila más grande que tenía. Ballesteros, en pocos días, pudo resolver lo que antes había tomado años. Otro clic que tuve en la cabeza fue en el 2005, cuando murió mi abuela Argentina. En el velorio me dije: "qué cagada, no la pude disfrutar, me la perdí." Juré que con Rosa no me pasaría lo mismo. Y acá estoy.
–¿Volviste a encontrarte con tu apropiador?
–Fue condenado y cumplió la pena hasta su libertad en el 2007, y ella salió en el 2004. La última vez que nos vimos fue cuando lo visité el 23 de diciembre del 2003, mientras estaba detenido en la Compañía Histórica de las Fuerzas Armadas, ahí detrás del Planetario. Custodiado por sus propios compañeros, tomando vino y comiendo asado todos los días. Se emborrachó, y me dijo: "Falta un tiempo, pero guardo algunas balas reservadas para cuando salga. Una para vos, otra para tu hermana, y dos para tus abuelas." Le caí encima, me tuvieron que parar.
–¿Cómo son Patricia y José en tu cabeza?
–Eternos, inmóviles. Los veo sufriendo y muriendo, soñando por algo. No sé, trato de no idealizarlos. Es increíble, hace años pensaba: "estaban locos, ¿cómo pudieron ser tan irresponsables, con una hija y otro en la panza?" Tenía una negación tremenda, no entendía muchas cosas que hoy sí las comprendo. Y las Abuelas, todas, fueron la pieza que me faltaba para ese crecimiento. ¿Te das cuenta de la esperanza y la fuerza que tienen estas mujeres, las Abuelas? Piden desde hace 35 años, uno más que mi edad. Y piden sin querer revancha, sin resentimiento. Por eso es importante que la pelea siga, por todos los nietos que faltan.  «

"Camina con ellos, burlándose de todo"

"Me molestó mucho verlo en la calle –dice Guillermo de Jorge Luis Magnacco–, pero la bronca llegó cuando supe que la mujer con la que iba era su esposa. Tengo 34 años, hace 13 que recuperé mi verdadera identidad, y te puedo asegurar que todavía estoy conociendo familiares nuevos. Este tipo no sabe quién es su familia. Y encima camina con ellos, burlándose de todo." El médico represor, que asistió a Patricia Roisinblit en el parto donde nació Guillermo, fue descubierto por HIJOS mientras caminaba por la vía pública, a pesar de purgar una condena de arresto domiciliario, hoy convertido en cárcel común. "Le dijo a mi mamá que se había portado bien –cuenta–, y ella le contestó algo memorable, que pintaba su valentía: 'Me porté mejor en el parto anterior, cuando estaba en libertad', haciendo referencia a Mariana, mi hermana mayor”.
"Increíblemente –finaliza–, Magnacco sigue declarando que lo suyo fue aislado, que no tuvo nada que ver con el Estado asesino. No entiendo cómo hace para apoyar su cabeza sobre la almohada, y verse las manos manchadas por la sangre de esas mujeres."

Patricia y José

 La RIBA (Regional de Inteligencia de Buenos Aires), una enorme casona de 800 metros cuadrados en dos plantas que ocupa la esquina de San Martín y Entre Ríos, en Morón, era uno de los Centros Clandestinos de Detención que junto con Mansión Seré controlaba la Fuerza Aérea en el oeste bonaerense. Entre otros secuestrados, en ese lugar permaneció detenida algunos días Patricia Roisinblit, hija de Rosa, vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, antes de ser trasladada para dar a luz a su hijo Guillermo en la ESMA.
Patricia y José Manuel Pérez Rojo fueron secuestrados por efectivos de esa Fuerza el 6 de octubre de 1978, y ambos estuvieron cautivos en la Regional. Después del parto ocurrido el 15 de noviembre, y en el que intervino personalmente el médico genocida Jorge Luis Magnacco –auxiliado por dos detenidas que luego recuperaron la libertad, Sara Solarz de Osatinsky y Amalia Larralde–, se cree que Patricia estuvo en el “Pozo” de la Aeronáutica.
A pocos días del nacimiento, Francisco Gómez, un jardinero que trabajaba en la RIBA, le confió a un efectivo del lugar el problema que tenía: su mujer, Teodora Jofré, no podía quedar embarazada, y estaba desesperada por tener un hijo. Según constaba en la causa “A-178: Gómez Francisco y otros/sustracción de menores de 10 años”, por el que el empleado fue a prisión por apropiación de aquel bebé, el que le habría entregado a Rodolfo Pérez Roisinblit –al inscribirlo, Gómez lo había llamado “Guillermo”– fue el comodoro Roberto Oscar Sende, que nunca pudo contradecirlo porque sencillamente había muerto antes de que se destapara el caso.
Durante el juicio que lo condenó, Gómez intentó ablandar al Tribunal declarando que “yo lo anoté porque creía que podía ser un chico abandonado, de bien el día de mañana, y Sende me dio todo servido”, y dijo que nunca se había enterado, a pesar de trabajar allí y ver aparatos de comunicación y movimientos de todo tipo, que en la casona funcionara una central de inteligencia. En las audiencias que terminaron por llevar a la cárcel al apropiador también declararon otros empleados de la Regional, como Juan Manuel Taboada, Esperanza Sánchez, el médico Pedro Canela y el ex jefe de División Central del Grupo de Vigilancia Aéreo, Carlos Solís.
Fue Mariana Pérez, la nieta de Rosa, que trabaja en Abuelas, la que recibió dos denuncias anónimas que permitieron abrir el camino para que el organismo llegara a la verdadera identidad de su hermano. Mariana tenía 15 meses de edad en el momento del secuestro de su mamá.
En el juicio que determinó a fines de 2008 la responsabilidad directa de la FA en los secuestros de Mansión Seré, el suboficial mayor retirado Jorge Angel Cóceres admitió que dentro de la RIBA trabajó como parte de la División de Inteligencia, y que allí también funcionaba la División de Contrainteligencia y el Departamento de Búsquedas “que averiguaba direcciones de personas”.
Entre las obligaciones de la Regional, Cóceres precisó que se reunían con los interventores de los municipios de Moreno, Merlo y Morón para enviar “el parte de información” al Edificio Cóndor sobre las protestas o actos públicos contrarios a las administraciones locales.
Otros agentes de la Regional fueron Carlos Omar Moizo y René Omar Bustos. El primero confeccionaba planos y “estudios de seguridad”, además de “nutrir” al Estado Mayor sobre “lo que estaba pasando en el ámbito educacional, religioso y subversivo”. Mientras que Bustos también llevaba permanentemente al Edificio Cóndor documentación “cerrada en una valija con candado”.
Con la venia de los brigadieres Hipólito Rafael Mariani y César Miguel Comes, responsables de la Subzona 16, la RIBA también formó parte del sistema instaurado por los militares de reparto de criaturas recién nacidas. Sobre todo manteniendo contacto con la maternidad clandestina que en la ESMA comandaba el médico Magnacco. Gracias a las recomendaciones del ginecólogo del Hospital Naval, los represores ubicaban en distintas familias de militares o de civiles empleados por la dictadura a los bebés de embarazadas en cautiverio.
 
Por: Daniel Enzetti  -  Fuente: Tiempo Argentino

martes, 3 de julio de 2012

Cayó la mujer de Vildoza

La Justicia detuvo a la esposa del exjefe de la ESMA, Jorge Vildoza, imputado en la causa del plan sistemático de robo de bebés, quien estaba prófuga desde 1988, acusada de la apropiación del hijo biológico de Cecilia Viñas, actualmente detenida desaparecida. Ana María Grimaldos fue capturada en la localidad bonaerense de Acassuso y puesta a disposición de la jueza María Romilda Servini de Cubría.

Grimaldos, de 76 años, quien se declaró viuda, ingresó al país con una identidad falsa y fue descubierta luego de realizar llamadas telefónicas desde la propiedad de Acassuso a sus hijas, quienes siempre vivieron en la Argentina pese a que sus padres se fugaron con el niño secuestrado en 1986 y se radicaron en el exterior.

El matrimonio Vildoza Grimaldos está acusado de la apropiación de Javier Gonzalo Penino Viñas, criado como hijo biológico de ambos tras ser apropiado por Vildoza en la ESMA. Poco después, la madre fue trasladada a la Base Naval de Mar del Plata.

La Justicia sospecha que Grimaldos entró y salió muchas veces del país con dos identidades falsas -Ana María Marianuchi y Ana María Sedano- y fue detenida cuando estaba a punto de viajar a Londres, para conocer a la tercera hija de Javier, quien recuperó su identidad en 1999, luego de someterse voluntariamente a un exámen de ADN.

Cecilia Viñas
En el allanamiento realizado anoche a otro departamento que la mujer ocupaba de manera alternativa, se secuestraron numerosas fotos de familia tomadas en las últimas dos décadas, cuando ella y el excapitán de navío Vildoza ya estaban prófugos: una de ellas muestra el casamiento de Penino Viñas en Inglaterra y aparece posando junto con sus apropiadores en la fiesta.

Cecilia Viñas fue secuestrada en 1977 y fue la única detenida desaparecida que se comunicó con su familia hasta abril de 1984, ya en democracia. En aquellas conversaciones con su madre siempre denunció que estaba bajo "custodia militar" y le pidió a su familia que buscara a su hijo. Había sido secuestrada, en el barrio porteño de Almagro, con siete meses de embarazo, junto con su marido Hugo Pinino, y según testimonios de sobrevivientes fue llevada a la ESMA para dar a luz en septiembre de 1977 en la maternidad clandestina que funcionaba en la Escuela de Mecánica de la Armada, para luego ser trasladada a la Base Naval de Mar del Plata.

Su familia registró ocho llamados y se entrevistó con el entonces ministro de Interior, Antonio Tróccoli, quien puso a su disposición un grupo de investigación de la Policía Federal, sin resultado alguno.

Vildoza fue segundo jefe de la ESMA entre 1976 y 1980, a cargo del grupo de tareas 3.3.2, y se apropió del bebé de Viñas, quien fue apadrinado por el represor Roberto Pertussio, jefe de la fuerza de submarinos de la base naval marplatense y condenado a prisión perpetua por los delitos de lesa humanidad cometidos en aquel centro clandestino.

La causa se abrió en 1984 por la denuncia de Cecilia Fernández de Viñas, la abuela de Javier Gonzalo. Dos años más tarde Vildoza y su esposa se fugaron a Suiza con el niño y dejaron en el país a sus tres hijos biológicos. Desde entonces se sospechaba que estaban radicados en el exterior.

En 1998, cuando Javier Gonzalo Penino Viñas se enteró, navegando en internet, que "sus padres" tenían pedido de captura internacional, le envió una carta a Servini de Cubría, solicitando una prueba de ADN, y recuperó su identidad un año más tarde.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Abuelas pidió 50 años de prisión para Videla

En la última jornada de su alegato frente al Tribunal Oral Federal 6, Abuelas de Plaza de Mayo solicitó además 25 años para el represor Juan Azic, 19 años para Santiago Riveros y 15 años para Oscar Franco y para el dictador Reynaldo Bignone. La titular del organismo Estela de Carlotto solicitó por una justicia "inclaudicable", para que "nunca más" se repitan los delitos de lesa humanidad perpetrados durante la última dictadura militar.

"En nombre de las Abuelas de Plaza de Mayo, de los organismos de derechos humanos hermanos, de los 30 mil detenidos-desaparecidos y de la mayoría del pueblo argentino, manifiesto que, sin que nos muevan sentimientos de odio, venganza o revancha, brindamos por arribar a la inclaudicable justicia, que sin dudas consolidará la democracia y asegurará el nunca más", setenció Carlotto.

Antes de entrar en la audiencia, que cerrará la etapa final de alegatos de Abuelas de Plaza de Mayo en el juicio por el plan sistemático de robo de bebés, el abogado del organismo, Alan Iud, explicó que "es difícil evaluar hasta dónde llegan los daños", porque "se suman otros delitos como el ocultamiento y apropiación de los menores y la supresión de sus identidades, mediante la falsificación ideológica de documentos públicos, por lo tanto, "se deben aplicar las máximas condenas" previstas en el Código Penal para los acusados.

Ayer, la querella organizó las pruebas sobre once mujeres embarazadas que parieron en la ESMA y describió el sector de Epidemiología del Hospital Militar de Campo de Mayo, donde parieron secuestradas. Explicaron cómo se establecieron las maternidades clandestinas en estos dos lugares, uno era el centro clandestino más importante de la Marina y el otro del Ejército.

El lunes, inició la parte final del juicio por el plan sistemático de robo de bebes que tiene en el banquillo de los acusados a los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Benito Bignone; el exgeneral Santiago Omar Riveros, el exalmirante Antonio Vañek, el excapitán de la Marina Jorge "Tigre" Acosta, el exprefecto Jorge Azic, el exmarino Rubén Franco y el exmédico del hospital Naval Jorge Magnacco.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Las 15 historias

 Por Alejandra Dandan
1 Pichona, María del Carmen Poblete


“Pidió que la acompañara en el momento del parto, para no estar al lado de los asesinos. El ruido de las cadenas eran terribles en el momento que se sentían al mismo tiempo los gritos del bebé que nacía. Tuvo una hija mujer, en junio de 1977”. Siguen desaparecidas.
2 Ana Rubel de Castro

“Fue terrible, había sido torturada salvajemente, había sido secuestrada con su marido, era (prisionera) del Ejército, creo, pero la trajeron a la ESMA y estaba embarazada de dos meses. La torturaron hasta dejarle agujeros en los pechos. El hijo nació sietemesino: tenía dos kilos, era varón y dos días después ella gritaba, preguntaba, quería saber y trajeron una incubadora para la criatura, pusieron el chiquito y ella me pedía por favor que mirara si tenía todos los dedos, si los piecitos, si tenía alguna característica particular, y dos días después fueron trasladados.”
Ana y su hijo continúan desaparecidos.
3 Cori, María Hilda Pérez de Donda

“Estuve con ella porque ya estaba la pieza de las embarazadas, no sé por qué razón permitieron que yo pudiera quedarme con ellas ahí, así que tuve mucho contacto. Cori tuvo una nena, quería que se llamara Victoria. Fue secuestrada con su marido por la Aeronáutica y a ella la trajeron sola para dar a luz. Le hizo unos agujeritos en la oreja cuando nació la niña con unas cintitas azules que pudimos conseguir y una aguja al rojo vivo, una aguja de coser que había en la pieza de las embarazadas. Le hicieron escribir una carta diciendo que atendieran a la nena, que ella no podía ocuparse, esas fueron las primeras cartas.”
Cori sigue desaparecida. Su hija fue recuperada, es Victoria Donda.
4 Tita, Iris García


“Antes de ellas estuvo Tita, pero no conozco demasiado. Venía de Coordinación Federal, la vi en Capucha porque no había condiciones especiales para las embarazadas hasta que las pasaron a la pieza de las embarazadas, en la que Tita no estuvo. Creo no haber participado del parto. La dejaban caminar y tenía los pies hinchados. El nombre de Tita no lo recuerdo, pero una vez que tuvo familia creo que varón, la trasladaron inmediatamente. Y no vi la criatura porque no existía la pieza.”
Tita y su hijo continúan desaparecidos.
5 Mirta Alonso de Hueravillo


“Tuvo un hijo varón, yo tampoco estuve en el parto, fue otra compañera. Le puso el nombre Lautaro. La familia sabía que se iba a llamar Lautaro. Cuando se abrió la Pecera, donde se veían los diarios del mundo, en uno de los artículos había algo escrito en holandés, idioma que yo no conocía para nada. Yo decía que podía traducir todas las lenguas, pero no era verdad porque conocía pequeñas cosas, palabras que me daban a entender, como por ejemplo si el artículo decía que Argentina era un país contra los derechos humanos o si eran positivos los artículos por el Mundial. En este caso, lo único que pude ver fue una foto de una Casa Cuna, que habían encontrado a un chico que lo dejaron en la puerta y que tenía puesto algo que decía Lautaro. En el caso de Mirta, el niño era de rasgos indígenas porque ellos eran de Chile y eran de origen indígena. Se decía que los militares no los querían así, es una de las cosas que nosotros pensamos, que es uno de los chicos que entregan por esta razón.”
Lautaro fue recuperado por sus abuelos.
6 Susana Beatriz Pegoraro

“Fue secuestrada el 8 de julio del ’77 en la estación de Constitución. Sus padres la estaban esperando, ella venía de Mar del Plata y estaba embarazada y la secuestraron, y los trajeron al padre y a ella a la ESMA. Le dijeron que al padre lo iban a liberar, cosa que aparentemente quisieron hacer, pero al padre le dijeron: ‘Te dejamos acá, pero no tenés que dar vuelta la cabeza’. Y él dio vuelta la cabeza para ver la chapa. Lo volvieron a traer a la ESMA y luego nunca reapareció. A partir de ahí, a ella la llevaron a Mar del Plata a la Base de Buzos Tácticos, cuando la trajeron de nuevo fue una cosa, era otra persona la que habían traído: no hablaba, no se reía, no lloraba, estaba alterada totalmente por lo que había vivido en la base. Muy poquitos días antes la trajeron, pero en mi recuerdo es fines de septiembre. Estuve en el parto, y la dejaron unos diez días más o menos. Era la época en la que la pieza de las embarazadas se abrió. Venía Febres pocos días antes de que la embarazada tuviera familia y traía un lujoso moisés que nadie podía comprar. Era algo lujosísimo y se los daba diciéndoles: ‘Los vamos a llevar a los padres’ y les daba para que escribieran una carta. Yo estaba presente y tenía un papel y decía que pongan que no lo van a poder tener. Todas las cartas eran del mismo estilo, pero no llegaron nunca a las manos (de los familiares). Ella puso el nombre de su madre.”
En el parto estuvo Magnacco y Capdevilla. La hija de Susana Beatriz es Evelin Bauer Pegoraro, apropiada por Policarpo Vázquez, retirado de la Marina de Mar del Plata.
7 María José Rapela de Mangone

“Fue secuestrada junto con su marido porque guardaban los muebles en su casa de algún militante amigo. Su marido fue trasladado rápidamente y a ella la trajeron a la pieza. Venía siempre Magnacco a verla, venía a ver a todas la embarazadas. María José se había dado cuenta ya de que la criatura no se movía, pero no quiso decir nada porque dependía su vida del hecho de estar en esa habitación, tenía miedo de qué era lo que podía pasar. En diciembre el doctor Magnacco vio que el bebé no se movía, dijo: ‘Está muerto, hay que hacer un aborto’. Hizo el aborto e inmediatamente fue trasladada.”
María José permanece de- saparecida.
8 Graciela “Raquel” Tauro de Rochistein

“La habían traído de la Aeronáutica justo para dar a luz. Me acuerdo de ella, estuve en el parto también. Siempre era Magnacco que estaba en esos partos. Fue un varón. Ella debe haber estado dos o tres días o cuatro como máximo en la pieza, porque en la pieza en general cuando las traían para dar a luz sólo había lugar para cuatro, así que cada vez que daban a luz dejaban el lugar a otra embarazada. A ella la dejaron con la criatura unos días. Trajeron también el moisés, la trasladaron sin criatura. La criatura quedó en la habitación durante un tiempo.”
Raquel está desaparecida. Su hijo es Ezequiel Rochistein, restituido. Fue apropiado por Juan Carlos Vásquez Sarmiento, de la Fuerza Aérea, prófugo.
9 Cecilia Viñas

“Venía de Buzos Tácticos de Mar del Plata y dio a luz también un varón y durante mucho tiempo venían a visitarla a la pieza de las embarazadas los altos jefes. Vañek, de la Marina, venían Chamorro y (Jorge) Vildoza. Eran visitas permanentes. Dio a luz alrededor de octubre de 1977. También estuvo Magnacco.”
Su hijo se llama Javier, fue apropiado por Jorge Vildoza, jefe del Grupo 3.3.2. de la ESMA, prófugo de la Justicia.
10 Susana Siver de Reinhold

“Era (prisionera) del Servicio de Informaciones Naval, estaba con su marido. Tuvo familia en enero del ’78 pero estuvo desde octubre o noviembre en la pieza de las embarazadas. No fue un parto normal. No estaba Magnacco, estaba Scheller y llamó al Hospital Naval para que viniera un ginecólogo, y yo lo vi y supe que era el jefe de Ginecología del Hospital, no sé su nombre. Puedo describirlo si es necesario, lo recuerdo perfectamente y dijo que había que llevarla al hospital directamente para que diera a luz, para hacerle una cesárea. Tuvo una cesárea y casi dormida la trajeron de vuelta a la ESMA. Es una de las que firma una de las tarjetas que me hicieron las embarazadas cerca de la Navidad: es como un osito en cartulina y uno abría la tarjeta y abría los brazos y decía ‘te queremos mucho, tus hijas’. Firmaban Liliana Pereyra, Pati Marcuzzo, María José y Susana.”
Su hija Laura es la última nieta recuperada, nació por cesárea en el Hospital Naval.
11-12 Liliana Pereyra y Patricia Marcuzzo

“Venían de Buzos Tácticos, las trajeron juntas. Deben haber estado en septiembre-octubre (de 1977). Liliana dio a luz un varón en febrero de 1978. Pati alrededor del 15 o 18 de abril de 1978. Las dos dieron a luz un hijo varón. Lilana me contó que habían torturado a su marido delante de ella para que ella hablara y cuando ya estaba en la ESMA, los de Buzos Tácticos venían a interrogarla y ella volvía desesperada cada vez. Se ensañaron bastante con ella. Fue trasladada. Luego supe que dijeron que hubo un enfrentamiento con subversivos y apareció fusilado el cadáver.”
Liliana y Patricia están desaparecidas. El hijo de Liliana es Federico Cagnola Pereyra, apropiado por civiles, y el de Patricia es Sebastián Rosenfeld, que fue devuelto a su familia.
13 Alicia Alfonsín de Cabandié

“Alicia era muy jovencita, tenía 17 o 18 años. La trajeron del Banco con los cabellos rapados, era alguien que tenía cabellos muy largos y la raparon, dijeron que era una cuestión de infecciones. Llegó antes de Año Nuevo y dio a luz un varón en marzo con el nombre Juan. Estuvo Magnacco, siempre fue Magnacco. A ella, cuando estuvo en el Banco, un coronel le había dicho que a su marido lo habían trasladado a un lugar del sur y que cuando ella tuviera a su bebé la iban a llevar junto con el bebé y que ahí iban a cambiar las ideas, que iban a cumplir una pena, que era un lugar abierto. A ella la vino a ver Minicucci.”
Alicia está desaparecida, su hijo es Juan Cabandié, apropiado por Luis Antonio Falco, de la Policía Federal.
14 Cristina Greco

“La trajeron de Mar del Plata justo antes de dar a luz. Tuvo una hija en marzo. Estaba desesperada porque ya había estado secuestrada por la ESMA hacía mucho, no sé si en el ‘76, la dejaron en libertad y la reconoció después Pedro Bolita. Había sido secuestrada con su marido, tuvo una hija y la tuvo poquitos días: fue trasladada inmediatamente. Nunca supe más. Después supe que la hija apareció con los abuelos y fue un momento muy particular en la ESMA porque cerraban la pieza .”
Cristina continúa desaparecida.
15 Patricia Roisinblit

“Dio a luz un varón, una cosa conmovedora, como Patricia había estudiado medicina idió que no le corten el cordón umbilical y se lo pongan sobre el pecho y decía: ‘No me lo saquen, no me lo saquen’”.
Rodoflo Pérez Roisinblit recuperó su identidad. Fue apropiado por Francisco Gómez, agente civil de la Fuerza Aérea. Patricia sigue desaparecida.

Parir en la ESMA. Sara Solarz de Osatinsky, testigo clave

Pla sistemático de apropiación de bebés durante la última dictadura

Acompañó a quince embarazadas en la Escuela de Mecánica de la Armada. Relata cada uno de esos partos y cuenta cómo se acondicionó un lugar específico para la “maternidad clandestina”, a la que derivaban prisioneras de otros campos.

 Por Alejandra Dandan

La pieza de las embarazadas. Jorge Luis Magnacco. Una mesa. La asepsia. Una sábana verde. Tres embarazadas que se van, una que pare. Una incubadora, un sietemesino. El papelito en el que escribe todos los nombres. Noviembre de 1978, en la Escuela de Mecánica de la Armada, más exactamente 16 o 17 noviembre, dijo Sara Solarz de Osatinsky. “Trajeron a quien nosotros creíamos que era la esposa de Matías y era Patricia Roisinblit, que dio a luz un varón el 18 de noviembre de 1978, una cosa conmovedora, como todos los partos, por supuesto, pero en este caso, como Patricia había estudiado medicina –participó Magnacco como médico–, y en el momento que dio a luz pidió que no le corten el cordón umbilical y se lo pongan sobre el pecho y decía: ‘No me lo saquen, no me lo saquen’, era lo que la unía, la seguía uniendo a ese bebé que nació, a quien si no me equivoco le puso de nombre Rodolfo.”

Pedida por las parturientas de la Escuela de Mecánica de la Armada, Sara Solarz de Osatinsky estuvo en una enorme cantidad de alumbramientos en el centro clandestino más grande de la Marina. Es una de las personas que pueden darle a ese espacio las características y dimensiones de maternidad clandestina. Declaró en la causa por el plan sistemático de robo de bebés, es la testigo acaso más importante del tramo ESMA y uno de los pilares del juicio. Viuda, mujer de Marcos Osatinsky, dirigente de las FAR, uno de los prófugos de Trelew, asesinado. Madre de Mario y de José, asesinados a los 18 y 15 años. Llegó a la ESMA el 14 de mayo de 1977 y hasta noviembre de 1978 observó el desarrollo de quince embarazos: su voz se sumergió durante la audiencia en esos mundos, restituyendo a esas mujeres al mundo de los vivos.

A ella la secuestraron en una esquina de Capital Federal, mientras gritaba su nombre, y la golpearon con una llave inglesa. “¡Me llamo Solarz, me secuestran!”, decía y la patota gritaba a su vez qué era una brigada contra drogadictos. “Me llevan a un lugar donde no vi qué era en ese instante y me cortan toda la ropa, ni siquiera me sacan las esposas ni nada, sino que con una tijera me sacan toda la ropa que tenía y me dejan desnuda y me ponen sobre una camilla y es en ese momento que empiezan a decirme:

–Señora, ¿sabe dónde está?

–No sé –les dije yo–. Me da lo mismo.

–Está en la ESMA –me dijeron, y la verdad es que a pesar del “me da lo mismo’, no fue lo mismo: tenía conocimiento de lo que significaba la ESMA por algún folleto que decía todo lo que hacían con los prisioneros, con los secuestrados...”

Una guardia “buena”, “chicos de 14 a 18 años”, después de algunos días la dejaron andar sin esposas atadas atrás, las tenía adelante. “Pude levantarme la capucha y ahí era un espectáculo verdaderamente dantesco: como si estuviéramos dentro de una caja de muertos que llegaba al techo, uno no podía levantar la cabeza porque se golpeaba, todo cerrado con madera y el espacio exacto para que uno estuviera acostado en ese lugar. Cuando pude ver, una cosa que fue terrible de ver, es que en el medio de toda esa cantidad de cajas de muertos, había una cama que sobresalía y una mujer embarazada que se había levantado en ese momento: era Ana de Castro, luego supe que se llamaba así.”

“Yo tenía un papelito muy, muy pequeñito donde iba anotando todos esos datos”, dijo en un momento sobre la sucesión de embarazos. “Papelito de cada una de las embarazadas que desgraciadamente no fue posible conservar, yo pensaba que nunca me iban a dejar ir, se lo di a alguien y después ese papelito desapareció.”

Entre las primeras embarazadas estuvo con Pichona, María del Carmen Moyano de Poblete, y con Cori, que era Hilda Pérez de Donda. Como Ana Rubel de Castro, habían llegado antes que ella y dieron a luz antes de que empiece a funcionar la “pieza de las embarazadas”: cuatro camas que se ocuparon de forma rotativa y los marinos empezaron a llamar “La pequeña Sardá”, la maternidad clandestina de la ESMA. “Sara se ocupó de describir cómo el lugar funcionó con una coordinación interfuerzas –puntualiza Agustín Chit abogado, de Abuelas de Plaza de Mayo–, muestra cómo llegaban embarazadas de Buzos Tácticos de Mar del Plata, La Perla, el Banco o Coordinación Federal.”

–¿Supo si esas tres primeras mujeres tuvieron a sus hijos? –le preguntó el fiscal.

–Sí –dijo Sara–. Pichona pidió por favor que la acompañara en el momento del parto, para no estar al lado de los asesinos. Me bajaron y la bajaron a la enfermería. Estaba el doctor Mag-nacco y estuve al lado de ella y el ruido de las cadenas eran terribles en el momento que se sentían al mismo tiempo los gritos del bebé que nacía.

Pichona tuvo una hija mujer, en junio de 1977. Los partos todavía se hacían en la enfermería. Ella venía de la Perla, estaba en la ESMA desde abril. Su hija permanece desaparecida.

A mediados de 1977 empezó a funcionar la pieza: “El parto se realizaba en la misma habitación (de las embarazadas), sobre una mesa que ellas tenían, había una mesa grande y (Carlos) Capdevilla venía con material que decía que estaba esterilizado, eran las sábanas de color verde que se ponían y el resto de las embarazadas, porque la pieza era para cuatro, las sacaban de la habitación y volvían cuando se retiraba todo el material, estaba lavada la criatura y quedaba la criatura con la madre también en la habitación”.

Sara mencionó visitas de Antonio Vañek, Jacinto Chamorro y Jorge Vildoza. Y el rol de Jorge “Tigre” Acosta, Héctor Febres y “Pedro Bolita”, cuyo nombre es Carlos Galián.

“Siempre era Pedro Bolita o Febres el que venía a buscar a los niños; el doctor Magnacco, que pasaba todos los días; Capdevilla también pasaba si no estaba Magnacco, y Pedro Bolita normalmente era el que partía con el bebé o Febres.” Acosta conocía todo, dijo. “Era el que decidía cuándo venían las embarazadas, quién iba a venir, no recuerdo que haya entrado, pero que sabía, sabía quiénes estaban y en qué momento iban a dar a luz: tenía toda la información de hasta el más mínimo movimiento.”

La pieza de las embarazadas se cerró en marzo de 1978 porque llegaba de visita un periodista inglés. Para entonces, acababan de dar a luz Cristina Greco y Patricia Marcuzzo: “Cerraron las piezas, hicieron como un depósito y por eso Pati, lloraba, decía: `¿Por qué no me dejan con mi criatura?’. Porque prácticamente ese día o al día siguiente que la trasladaron, se quedó la criatura y se la llevaron a ella, por lo que me contaron dejaron el moisés en la casa de la madre”. Ella continúa desaparecida.

–¿Sabía el destino de los bebés? –le preguntó el fiscal Martín Niklison. –No, no sabía exactamente. Una persona que tenía relación con médicos del Hospital Naval decía que había un papel que decía para las mujeres de los militares, que si no tenían hijos, podían adoptar estos hijos de los guerrilleros. Esa fue una de las cosas que supimos. Y Febres dijo que tenía un primo que era una persona muy generosa, que se ocupaba de buscar casas para esos chicos, lo cual significaba que los chicos no eran entregados a sus padres, que esas cartas que ellas escribían no eran reales: no se las entregaban a nadie.

Al final, la presidenta del Tribunal Oral Federal No 6, María del Carmen Roqueta, le dijo, como hace habitualmente, si quería agregar algo más. “Creo que dije todo lo que recuerdo, es lo único que puedo decir: es que es una cosa terrible lo que pasó con las embarazadas, la separación de los niños, la adopción con los mismos que los mataron de alguna manera, que es terrible, algo que pasó en la ESMA que uno no lo puede olvidar, que recuerdo las caras de cada una de ellas, los gestos, lo que hacían en la pieza, las esperanzas, las desesperanzas que podían tener de lo que iba a pasar con sus hijos y con ellas mismas... Es lo único que puedo agregar.”

sábado, 24 de septiembre de 2011

Demoras judiciales que amplían del daño

Condenados un marino apropiador y su mujer, sólo a 14 y a 10 años
Con énfasis en el daño psicológico

El juez Sergio Torres condenó al marino Policarpio Vázquez y a su mujer, apropiadores de Evelyn Bauer Pegoraro. Señaló que la joven “no sólo fue despojada de su historia, sino también instalada en una realidad que no le pertenecía”.

Treinta y cuatro años después de apropiarse de la hija de una pareja de desaparecidos, el marino Policarpio Vázquez y su esposa, ex personal de inteligencia de la Armada, fueron condenados a 14 y 10 años de prisión. El juez Sergio Torres destacó en su fallo “el daño psicológico causado” a la víctima, Evelyn Bauer Pegoraro, quien “no sólo fue despojada de su historia sino también instalada en una realidad que no le pertenecía, bajo una crianza y formación amparadas en la mentira”. Se trata de la joven que en 2001 se negó a someterse a un análisis de ADN que pudiera servir de prueba contra sus apropiadores y que conoció su identidad a partir de muestras obtenidas en un allanamiento a su casa. “La negativa al análisis y a reconocer su identidad es la continuación de la victimización por otros medios”, destacó ayer Alcira Ríos, abogada de las abuelas de Evelyn. “Estos chicos privados ilegítimamente de su libertad al nacer fueron también determinados a ser víctimas de desaparición forzada toda su vida. Hasta que no se liberen de estos tipos no van a ser libres”, remarcó.

Susana Pegoraro, embarazada de cinco meses, fue secuestrada el 18 de junio de 1977 en Constitución. Su compañero, Santiago Bauer, cayó el mismo día en La Plata. La niña nació en la ESMA y terminó en manos de Vázquez, que en la dictadura fue encargado de contrainteligencia en la Base Naval de Mar del Plata, y de su esposa. La sentencia de Torres alcanzó también a la partera Justina Cáceres, condenada a siete años de prisión por falsificar la partida de nacimiento. Los tres superaron los setenta años, por lo que es poco probable que cuando la sentencia quede firme, si es que están vivos, se revierta el beneficio del arresto domiciliario.

En 1999 el marino admitió que Evelyn no era su hija. Dijo que se la entregaron “para adoptar sin papeles” en el edificio Libertad, que la recibieron “porque la iban a matar” y aseguró desconocer el destino de los padres. “Fue un mandato divino”, explicó. Dos años después, la joven se negó a someterse a un análisis de ADN. La Corte de Suprema de Justicia le dio la razón: se imponía la protección de su derecho a la intimidad, argumentó. Sin certezas sobre la identidad de Evelyn, en 2006 la jueza María Servini de Cubría decretó la clausura de la instrucción. Cuando el matrimonio pidió la absolución porque no había más evidencias que la confesión, la jueza ordenó allanar la casa de la joven para extraer muestras de ADN. Las argucias legales permitieron a los victimarios apartar a Servini, pero no evitar la verdad: en 2008, Evelyn conoció su identidad y se reunió con las Abuelas. La causa cayó en manos del juez subrogante Octavio Aráoz de Lamadrid, hoy investigado por gestionar coimas para la Cámara de Casación. En sus manos y mientras la defensa de Vázquez abarrotaba de planteos el expediente, la causa “durmió el sueño de los justos”, recordó Ríos. Finalmente recayó en el juzgado de Torres.

El magistrado que instruye la megacusa ESMA destacó en su fallo que muchos niños apropiados continúan como adultos “siendo rehenes o prisioneros de la red urdida por sus apropiadores” y “no les resulta sencillo truncar su vínculo con ellos o iniciar un vínculo sincero y duradero con su familia biológica”. Destacó que “la ruptura del vínculo materno-filial provoca secuelas psíquicas en el niño susceptibles de ser transmitidas a sus propios hijos y a otras generaciones”, señaló que la negación de la identidad impuesta por los apropiadores produce “efectos patológicos” en “la mente inmadura del niño pequeño”, y enumeró “disociaciones psíquicas, depresiones y tendencias adictivas”, que además “tienen una repercusión transgeneracional”.

El juez Torres consideró que la relación que Evelyn mantiene con sus apropiadores luego de conocer su identidad “puede basarse en lo afectivo, ora en el vínculo reverencial que liga a los padres con sus hijos”, y subrayó que la joven mantiene “una incipiente relación” con su abuela materna Inocencia Luca de Pegoraro, quien desde 1984 y con la asistencia de Ríos “nunca renunció a la búsqueda de verdad y justicia”.

martes, 6 de septiembre de 2011

Sobrevivientes recorrieron la ESMA y confirmaron nacimientos de bebés

Sobrevivientes del centro clandestino de detención recordaron los lugares exactos donde embarazadas secuestradas dieron a luz a bebés que fueron apropiados por represores, en una recorrida hecha por el Tribunal Oral Federal 6 que juzga el plan sistemático de apropiación de menores en la dictadura.

Una de las sobrevivientes que acompañó al tribunal en su recorrida, Lila Pastoriza, recordó lo ocurrido en una enfermería improvisada en el sótano del Casino de Oficiales, el último edificio ubicado de cara a la avenida Libertador, a metros de la avenida General Paz.

"Había una embarazada que acababa de tener su hijo en el sótano; yo había ido al baño con un guardia y creo que me dijo que había nacido un bebé y me llevó a la enfermería a verlo", detalló.

"Era una chica que se llamaba Ana, ella se abrió la blusa y me dijo `mirá lo que me hicieron estos h d p` y tenía los pechos destrozados por la tortura", recordó ante el Tribunal parada en lo que hoy es un sótano vacío pero en el lugar donde ubicó a la esa enfermería.

"Le pregunté al jefe del grupo que me había secuestrado cómo podía ser que naciera un bebé en esas condiciones y él me dijo con tono explicativo que había subversivas embarazadas y la decisión era que los hijos fueran criados por familias que inculcaran valores que correspondían y no los de la subversión", contó a la presidenta del Tribunal María del Carmen Roqueta.

Los jueces visitaron primero el sótano del Casino, el primer lugar donde se llevaba a los secuestrados, coincidieron en relatar Miriam Lewin, Pastoriza, María Pirles y Carlos Muñoz.

La inspección se realizó al Casino de Oficiales de la ESMA, en avenida del Libertador al 8200 de esta Ciudad, donde funcionó el principal centro clandestino de detención a cargo de la Marina y donde se instaló lo que se llamó la "maternidad Sardá por izquierda", donde daban a luz secuestradas que dependían de ese lugar y otras que eran trasladadas especialmente.

"Nos sacaban de los autos encapuchados y nos metían ahí, nos hacían entrar a distintos cubículos y por ahí se producían los traslados, los camiones esperaban en el playón a la gente que salía adormecida", detalló Lewin.

Apiñados, los concurrentes a la diligencia judicial subieron la estrecha escalera que conducía al "Altillo", donde primero estaban los pequeños cuartos que alojaron embarazadas, principal objeto de preguntas del Tribunal que juzga entre otros a los ex dictadores Reynaldo Bignone y Jorge Rafael Videla.

Muñoz recordó que en ese sótano torturaron al sobreviviente Víctor Basterra mientras el represor Héctor Febres tenía en brazos a su beba de meses y preguntaba a otra secuestrada que había que comprarle. "Bety le respondió: mamadera y pañales".

Todos los testigos aludieron a las constantes modificaciones hechas al centro de detención cuando había visitas internacionales o del periodismo extranjero, como ocurrió en el sector llamado "Capuchita", la parte más estrecha del altillo, desmantelado en enero de 1978 por la visita de un corresponsal extranjero.

Tras recorrer el sótano, defensas, querellas y jueces subieron tres pisos por las mismas escaleras que usaban los secuestrados y sus guardias para ir y venir de los lugares de alojamiento "Capucha" y "Capuchita" -en el altillo del Casino- a las salas de tortura.

"Pasábamos nosotros y los que estaban en los otros pisos, profesores de la escuela, visitantes del interior que se alojaban allí y otros marinos que tenían otras funciones, nos veían pasar, engrillados, encapuchados. Esa gente también sabía", recordaron los sobrevivientes.

Antes de subir a "Capucha" y "Capuchita", los jueces entraron a dos estrechas piezas donde en distintas épocas estaban las embarazadas.

En un relato reconstruido por los cuatro sobrevivientes, recordaron nombres como Graciela Tauro de Rochestein, Susana Siberg, una secuestrada que transitó casi todo su embarazo en "capuchita", sobre un colchón porque no había lugar en la sala de embarazadas.

"En estos pasillos la vi a Alicia Alfonsín de Cabandié con Juan Cabandié en los brazos, no sabía dónde la tenían", recordó Lewin.

En todos los casos se mencionó al médico militar José Luis Magnaco como el encargado de los partos e incluso como quien llevó al hospital Naval a una secuestrada que rompió bolsa a los siete meses en diciembre de 1978.

Tanto esta víctima como otra transitaron su embarazo en un pequeño cuarto cerrado en el sector conocido como "pañol grande" donde los represores almacenaban lo robado en allanamientos ilegales luego de cometer los secuestros.

Allí estuvo Patricia Roisinblit, "que llegó embarazada a término y estuvo en esa salita chiquita, sobre una cama, con dos sachets de leche por día y sin poder salir a caminar", recordó Pastoriza.

En ese cuartito hubo dos embarazadas, con un mes de diferencia, según reconstruyeron los sobrevivientes en la recorrida que tuvo el valor legal de una audiencia y que fue grabada y filmada.

El último tramo de la inspección ocular se realizó en el sector llamado "Capuchita", donde estuvo secuestrada Pastoriza, un área donde llegó a ver 20 secuestrados en colchones, sin luz ni aire con extremo frío en invierno y calor en verano, recordó.

"Venía Astiz, que era oficial de guardia y hacía bien su trabajo", ironizó sobre el sector donde estuvieron secuestradas víctimas de la iglesia de la Santa Cruz como Azucena Villaflor y la monja francesa Leonie Duquet, ambas víctimas de los vuelos de la muerte.