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domingo, 12 de octubre de 2014

Nuevo reclamo por el inminente traslado del Banco de Datos Genéticos

El control de una institución emblemática El Gobierno convalidó el concurso para designar como nueva directora a una médica que es accionista de un laboratorio privado.

Protesta. Abuelas y una nieta, contra el desguace del BNDG /GERARDO DELL’ORO

 Organismos de derechos humamos lamentaron ayer que se haya dado “un nuevo paso en la privatización del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG)” tras la validación del Ministerio de Ciencia del concurso que ubicó en el primer lugar de postulantes para su presidencia de Mariana Herrera Piñero.

La mesa Todos por el Banco Nacional de Datos Genéticos, que integran la Asociación de ex detenidos-desaparecidos (AEDD), Asociación de Profesionales en Lucha, Colectivo Memoria Militante, HIJOS La Plata y la Agrupación por los Derechos Humanos “¿Quiénes somos?”, viene oponiéndose al desguace y traslado del BNDG ala órbita del Gobierno Nacional, más específicamente al Ministerio de Ciencia y Tecnología.

El BNDG fue creado en 1986, y funcionó desde entonces con autonomía en el Hospital Durand, que depende del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Con prestigio ganado alrededor del mundo, fue el encargado de identificar infinidad de restos de desaparecidos y hacer los análisis que permitieron la recuperación de 115 nietos por parte de las Abuelas de Plaza de Mayo. Hoy se sigue dedicando a ese resabio doloroso de la historia de los 70, pero la mayor parte de su tarea cotidiana tiene que ver con casos actuales en los que hay dudas sobre paternidad u otras vínculos familiares.

Pero en 2009, con el impulso del kirchnerismo, se sancionó la ley 26.548 para el desguace del BNDG y su conversión en una plataforma de un nuevo Instituto de Genómica Humano dentro del Ministerio de Ciencia Nacional. Además, restringió su competencia sólo a los casos de delitos lesa humanidad cometidos hasta 1983, dejando el resto de la tarea en manos de instituciones privadas que hasta ahora competían con el BNDG. De uno de esos laboratorios privados, Genda, es accionista Herrera Piñero, la primera precalificada en el concurso que ahora fue convalidado por el ministro Lino Barañao, a pesar de la impugnación de las ONG.

El traslado del BNDG a un nuevo edificio sobre la Avenida Córdoba sería inminente.

La última preocupación entre sus profesionales es la posibilidad de que sea intervenido el sistema informático, que atesora 253 muestras de otras tantas búsquedas de nietos probablemente desaparecidos en la dictadura que aún son buscados por sus familiares, para reemplazarlo por un nuevo de una empresa vinculada familiarmente a Herrera Piñero.

“La sanción de la ley 26.548 fue el primer paso en el desguace del BNDG para convertirlo en una plataforma asociada a capitales interesados en el negocio de la medicina genómica”, aseguraron las ONG en un comunicado difundido ayer, en el que agregaron que “la restricción de la competencia del BNDG ha convertido el derecho a la identidad en un negocio para un puñado de laboratorios privados”.

Las organizaciones que encabezan el reclamo se comprometieron a seguir luchando desde la mesa conjunta “impugnando el concurso por vía judicial”, batallando contra la privatización del BNDG y a favor del acceso universal al derecho a la identidad”.

sábado, 23 de agosto de 2014

La abuela Licha

La primera presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo murió en 2008. No pudo abrazar a su nieta Ana Libertad. En esta nota, publicada el 26 de mayo de 2006, Página/12 contó la conmovedora historia de su búsqueda.

 Por Victoria Ginzberg

En el sillón de pana verde que todavía está en el comedor de su casa comenzó a gestarse en 1977 la Asociación de Abuelas de Plaza de Mayo. Fue una mañana en que Chicha Mariani, otra señora de La Plata que estaba tratando de dar con Clara Anahí, secuestrada cuando tenía tres meses, le tocó el timbre. Alicia Zubasnabar de De la Cuadra –Licha para casi todo el mundo– le contó su historia y la de otras mujeres que se reunían en La Plata o en Buenos Aires, en la Plaza de Mayo. Al poco tiempo, las que buscaban a sus nietos secuestrados o que debían haber nacido en cautiverio sumaban doce, entre ellas estaba Estela Carlotto.

Licha fue la primera presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Nació en Sauce, un pueblo correntino. Y allí se casó con Roberto Luis De la Cuadra. La pareja decidió mudarse a La Plata para educar a sus cinco hijos: Estela, Soledad, Luis Eduardo, Roberto José y Elena. La década del ’70 encontró a los jóvenes De la Cuadra comprometidos con la militancia política, social y sindical. Y como muchas familias platenses, los De la Cuadra fueron atravesados por el terror de la dictadura.

Licha sintió que el espanto se apoderaba de su cuerpo el 2 de septiembre de 1976, cuando un grupo de hombres, algunos con la cara tapada con medias, otros con ropa de fajina y armas, irrumpió en su departamento para buscar a Roberto José, que en ese entonces trabajaba como obrero en YPF. “Yo a ese muchacho no lo conozco”, dijo Licha en la puerta, cuando la patota estaba a punto de subirla a un auto y se encontró con Roberto José, que llegaba a la casa paterna. La frase de la madre no convenció a los represores, que empujaron a la mujer al ascensor a punta de pistola y se llevaron al hijo.

La desaparición de Roberto José movilizó a la familia De la Cuadra y las gestiones se incrementaron con el secuestro de Elena y su marido, Héctor Baratti, en febrero de 1977, y de Gustavo Freire, esposo de Estela, en diciembre de 1977.

Elena estaba embarazada de cinco meses cuando desapareció. En julio, Licha recibió una llamada telefónica que le anunció que su hija había tenido una niña y que le había puesto Ana Libertad. Sobrevivientes del centro clandestino que funcionó en la comisaría quinta de La Plata le fueron aportando detalles, como la discusión de Héctor con el cura Christian von Wernich, quien se negaba a entregar a la niña a sus abuelos porque “la iban a criar igual que a sus hijos”.

Sin imaginar que la Iglesia estaba aún dentro de los campos de concentración, Licha recurrió a distintas autoridades eclesiásticas hasta que terminó en el despacho de monseñor Emilio Graselli. “Usted no me dijo que Elenita estaba embarazada”, le dijo el cura en el segundo encuentro, demostrando que manejaba buena información. Graselli sabía que Elena estaba “en alguna comisaría”, pero no quiso aportar detalles. “Si se lo digo va a ser para peor, porque usted va a empezar a rondar y le va a ir peor a ella”, fueron sus palabras.

La búsqueda constante de Ana Libertad no hizo que Licha dejara de hacer gestiones por sus hijos y yernos. Su nombre figura en el escrito con el que la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Plata pidió que se iniciaran las audiencias del Juicio de la Verdad en esa ciudad. Y durante años estuvo cada miércoles en la sala de audiencias, mirando con sus ojos claros a los testigos o acusados, entre ellos a Von Wernich. El año pasado cumplió noventa años y fue declarada Ciudadana Ilustre de Corrientes. Las Abuelas la homenajearon con el título de Presidenta Honoraria.

Durante muchos años, Licha pensó que sabía quién podía ser su nieta. Inició una causa judicial que sufrió innumerables trabas, hasta que, hace unos meses, logró que la joven en cuestión se hiciera un estudio de ADN. Todavía no tiene el resultado y ahora no está convencida de que esa chica sea Ana Libertad, pero sabe que, de cualquier forma, si no es su nieta, hay grandes posibilidades que sea la nieta de alguna de sus compañeras. Licha es una de las tantas mujeres que esperan. Pero no se quedó sentada en el sillón de pana verde. Pelea y, a pesar del tiempo, no se cansa de exigir respuestas: ¿dónde está su nieta?, ¿dónde están sus hijos, sus yernos? Cuando estas preguntas se contesten, Licha será noticia. Pero Licha –como todas las Abuelas– espera todos los días. Todos los días busca.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Entrevista a Pablo Gaona Miranda, el último nieto en recuperar su identidad

“Antes me sentía atrapado”

Fue secuestrado cuando tenía un mes junto a sus padres, que están desaparecidos. Lo entregó un militar que fue su padrino. Llegó a las Abuelas de Plaza de Mayo después de años de dudas. Su historia. Su búsqueda.

 Por Victoria Ginzberg

Anochece cuando Pablo Gaona Miranda llega a la sede de Abuelas de Plaza de Mayo. Viene de los Tribunales de San Martín, donde Catalina de Sanctis Ovando dio su testimonio en el juicio en el que están acusados sus apropiadores. “Fue fuerte –dice–, sobre todo porque me imagino que voy a tener que pasar por una situación similar.” Pablo es el último joven secuestrado durante el terrorismo de Estado que recuperó su identidad. El “nieto 106” para quienes gustan de las cuantificaciones. Hace apenas un mes que sabe que Ricardo Gaona Paiva y María Rosa Miranda fueron sus padres y que él nació el 13 de abril de 1978 a las tres de la tarde en el Hospital Rivadavia. Hace un mes que sabe que es Pablo Gaona Miranda. Antes era Leandro, un chico que arrastraba dudas sobre su identidad, que las cargó al hombro durante años: “Me sentía atrapado, maniatado. No sabía cómo hacer para soltarme. Ahora tengo una sensación de paz, aunque al principio no entendés nada. Cuando voy a dormir ahora duermo más tranquilo, por lo menos sé quién soy y eso es fundamental”.

Pablo supo desde chiquito que era “adoptado”. Pero “a fines de 2003 o principios de 2004” empezó a sospechar que podía ser hijo de desaparecidos. El hecho de que su padrino, un primo de su “padre”, fuera militar, alimentaba ese sentimiento. Una noche estaba solo en su casa mirando la televisión y se quedó enganchado con una entrevista que Gerardo Rozín le hacía a un joven que había sido apropiado durante la última dictadura. No se acuerda quién era, pero se le grabaron sus frases: dijo que antes de recuperar su identidad sentía que alguien lo estaba buscando, que su madre lo estaba buscando. Pablo se puso a llorar. Y ese día algo cambió. Pero pasó mucho tiempo antes de que se decidiera a llamar a Abuelas de Plaza de Mayo. “Yo tenía mi vida... y lo empecé a negar, a postergar. Me costaba y me costó un montón de años.”

–¿Cuáles eran los miedos?

–Es que una cuestión así, de darse de manera positiva, te cambia toda la vida, uno no sabe qué viene después.

–¿Y ahora qué pensás?

–Haber descubierto la verdad, estar reconstruyéndome y saber quién soy está buenísimo,

–¿Te arrepentís de no haberlo hecho antes?

–Creo que no me tengo que arrepentir de no haberlo hecho antes, creo que el momento en que se dio es el correcto, fue cuando me sentí preparado para dar el paso y hacerlo.

Pablo no les dice “apropiadores” a las personas que lo criaron, dice, por ejemplo, “mi vieja”, pero siempre titubea antes de hacerlo. Todavía vive con ellos. Les cree cuando aseguran que no sabían sobre su origen. La relación, cuenta, es buena, pero también señala que no sabe qué puede pasar si descubre que ellos mienten.

–¿Hablaste con ellos antes de hacerte el análisis?

–Hablé en diciembre de 2008, estaba pasando por una crisis de personalidad, no sabía qué quería hacer, estaba bastante deprimido y en una charla con mi vieja (duda antes de decirlo) le planteo mis dudas y le digo que tenía sospechas de que era hijo de desaparecidos y que quería acercarme a Abuelas para analizarme. Nunca habíamos tocado el tema. Ella se pone a llorar y me dice que también pensaba que yo podía ser hijo de desaparecidos. Ella me dice, y todavía lo sostiene, que no sabía que yo era hijo de desaparecidos. Desde ese momento, fue un cambio terrible para mí. Pensé que si me decía eso era que se caía de maduro.

–Pero no fuiste enseguida a Abuelas...

–Empecé a averiguar cómo era la vida de los nietos que se iban restituyendo, me interioricé sobre cómo era el trabajo de Abuelas. Buscaba en diversos lugares, en Internet, en la página de Abuelas, buscaba si era parecido a las fotografías de las parejas desaparecidas, a las que habían tenido a sus hijos en cautiverio y a los chicos que pudieron haber sido robados junto con sus padres, como fue mi caso.

–¿Te encontrabas parecido a alguien?

–No. Iba de atrás para adelante, desde mediados del año ’77 hasta finales de 1978, iba repasando todos los casos. En la página de Abuelas hay links a otras páginas, por ejemplo, de hermanas que buscan a sus hermanos. En una de esas búsquedas encontré a Flavia Battistiol, la tuve casi dos años de amiga en Facebook, pensaba que podía ser mi hermana. (Flavia y Lorena Battistiol tienen un blog, “Tus hermanas te buscan”, dedicado a la búsqueda de su hermano desaparecido en el que ponen fotos y relatos de su familia). Es que te empezás a preguntar un montón de cosas. También me preguntaba sobre el apoyo que había de parte del Estado. Una de mis dudas era: te analizan, te dicen quién es tu familia... ¿y después qué? ¿Quién sale a tu rescate en ese momento? Pensaba que si llegaba a confirmar lo que sospechaba, quería saber si alguien iba a estar conmigo, si me iban a apoyar. El día de mi restitución se lo comenté a Claudia Carlotto (directora de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, Conadi) y al secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda. Obvio que está el trabajo de Abuelas de 35 años, pero yo siento que lo que hicieron Néstor y Cristina apoyando estas causas es fundamental para que se dieran estos casos y mi caso. Me esperanzaba que en la gran mayoría de los casos decían que descubrir la verdad los había liberado. Me doy cuenta de que realmente es así, que faltan un montón de cosas para descubrir y para ir reconociéndome, pero que la verdad es todo, para empezar a ser uno es fundamental saber quién sos.

–¿Cómo llegaste al análisis de ADN?

–Desde el momento en que le dije que quería ir a Abuelas a analizarme se cortó la charla, no se habló más del tema y cuando tomé la decisión de pedir la entrevista para ir, no lo sabía nadie, ni mis amigos, ni mi familia, nadie. Lo procesé solo. Había tenido un contacto por mail en donde me invitaron a que me comunicara y a que pidiera una entrevista. Yo dejé pasar un tiempo, un mes o algo así. El 29 de junio agarré el teléfono y me comuniqué. Ellos ya sabían de la existencia del mail. Vine ese mismo día y tuve una entrevista con Laura Rodríguez. Le conté todo y ella me dijo que la única manera de sacarme la duda era analizándome. Ese mismo día ella mandó los papeles a Conadi. La entrevista fue un viernes y el martes me presenté en el Hospital Durand para analizarme.

–¿Esperar fue difícil?

–No. Para mí, el primer gran paso fue venir a hacer la entrevista y contar lo que yo sentía y sospechaba. Eso fue lo más complicado. La extracción de sangre en sí y el tiempo de espera, que en mi caso fue de menos de un mes, no fue tan traumático. El 1º de agosto estaba trabajando y recibí un llamado de Claudia Carlotto. Me llama por mi nombre de hasta ese momento, me dice: “¿Leandro? Quería saber en qué momento nos podíamos ver”. A mí me faltaba presentar unas fotocopias de mi partida de nacimiento y le dije que podía pasar al otro día. Ella me dice: “¿No puede ser hoy?”. Ahí ya me di cuenta de que era importante lo que me tenía que decir y le dije que sí. Ese día me presenté en Conadi y me dieron la noticia.

–¿Y cómo conociste a tu familia?

–Ese mismo día me confirman. Claudia me dice que mis dudas eran ciertas y que yo era hijo de desaparecidos. Primero me da el examen de ADN donde estaban los nombres de todos los familiares que habían dejado sus muestras de sangre, que son un montón, tanto del lado paterno como del lado materno. Me mostró fotos de mis papás. Me enteré de que mi nombre es Pablo Javier Gaona Miranda, que nací el 13 de abril de 1978 en el Hospital Rivadavia a las tres y media de la tarde. Ese día vi mi partida de nacimiento original y me empezó a cambiar la vida.

–Adoptaste enseguida tu nombre, ¿fue fácil?

–No sé cómo explicarlo. Yo me tomé mi tiempo, lo procesé un montón. Lo había pensado tanto... Desde que me dicen que podía ser hijo de desaparecidos hasta que me voy a analizar no podía dejar de pensar en eso. Y yo ya sabía que si pasaba esto iban a venir otro nombre y mi identidad nueva. Lo tenía pensado. Los amigos y en el trabajo ya me llaman Pablo.

–¿Y te das vuelta enseguida?

–Sí. Los primeros días me costaba un poco más.

–¿Qué dicen en tu casa?

–Ellos dicen que mientras yo esté bien y me sienta bien... Pero se va a judicializar. Esto es un proceso que se tiene que hacer.

–¿Los considerás responsables?

–Por las versiones que tengo hasta ahora creo que va a haber un delito por haberme anotado como hijo propio. Después no sé qué más. Ellos dicen que no sabían.

–Pero llegás a ellos a través de un militar...

–Sí. Lo que me comentan es que por medio de este familiar militar me van a buscar a un lugar en San Fernando, parece que es un instituto de monjas o algo por el estilo, donde había chicos.

–¿Era un lugar vinculado con la Iglesia?

–Lo estamos tratando de averiguar. No sé con qué me puedo llegar a encontrar.

–Pero el intermediario debía saber sobre tu origen.

–Yo creo que sí.

–¿Qué relación tenés con él? Fue tu padrino.

–De chico nos solíamos ver de vez en cuando. De grande no. Es un primo de mi papá. Yo por ahora les creo.

–¿En tu casa se hablaba de la dictadura, de los desaparecidos?

–No se hablaba de nada de eso. Fui a una escuela católica, ni sabía lo que había sido el 24 de marzo. Me fui enterando, sobre todo de 2003 en adelante, empecé a leer de los chicos apropiados, los casos de Juan Cabandié, de Horacio Pietragalla, Victoria Montenegro, los iba leyendo, muchos en Página/12, vi un documental de Abuelas, a todas esas cosas les prestaba especial atención.

Pablo es hijo de Ricardo Gaona Paiva y María Rosa Miranda. Ricardo nació en Asunción del Paraguay el 20 de septiembre de 1956. Militó en la Juventud Universitaria Peronista (JUP), estuvo detenido en la comisaría de Villa Martelli y en la cárcel de Olmos, y a poco de recuperar la libertad se integró al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). María Rosa era tucumana y militante del ERP. Pablo nació el 13 de abril de 1978 en el Hospital Rivadavia. Los tres vivían en Barrio Norte, en un edificio en el que Ricardo trabajaba como portero. El 14 de mayo fueron a Villa Martelli, a la casa de los Gaona Paiva, para celebrar el aniversario de la independencia de Paraguay. Fue la última vez que se tuvieron noticias de Ricardo y María Rosa. Morocho, de ojos grandes y marrones, Pablo se ve parecido a su papá. Le gusta reconocerse en él, pero no sólo por las semejanzas físicas.

–¿Cómo fue el encuentro con tu familia?

–Los conocí el día de mi restitución. Dos tíos me miraron de arriba a abajo dos segundos y uno de ellos, Rigoberto, se puso a llorar. Me dijo que era igual a mi papá. Claudia me dijo que acá me estaban esperando todos, si quería venir. Le dije que quería venir a darle un beso a Estela y agradecerles a todos. Vinimos con mis tíos, Estela, Fresneda, Claudia. Después vinieron una tía y una prima por el lado de mi mamá. Después nos juntamos en Abuelas con otros tíos, con mi abuela. Mi abuela me había visto dos veces, el día que nací y el del secuestro.

–¿Te reconocés en cosas que te contaron de tus papás?

–(Sonríe.) Me veo parecido a mi papá, de mi mamá no tengo muchas fotos. Me dicen que le gustaba ayudar, que era el único de todos los hermanos que estaba interesado en la política y militaba desde muy joven. A mis tíos les encantan los deportes, el fútbol. Mi tío Julio jugó en Primera División. Yo soy periodista deportivo y la política me interesó de grande. Saber que mi papá tenía vida de militancia, que quería un cambio, cambios sociales, me produjo orgullo... Me fui enamorando de esas cosas. Me falta saber bien sus pasos. Mi tío dice que camino igual que mi papá.

–Fuiste a ver la audiencia del juicio por Campo de Mayo en la que declaraba Catalina de Sanctis. ¿Qué te pareció?

–Ver un juicio oral con apropiadores y ver cómo declaraba ante los jueces fue fuerte. Ella tiene la historia mucho más procesada. Es impactante, porque me imagino que voy a tener que pasar por eso. A todos los nietos les fui diciendo que una de las cosas que me ayudaron a animarme es verlos en los medios, leer sus testimonios. Es fundamental para los que no se animan a dar el paso, los que se encuentran atrapados, con culpa, que es una de las causas que frenan a los nietos, que sepan que hay un montón de gente que me ayuda, que me acompaña, que no me siento solo.

–¿Antes te sentías solo?

–Me sentía atrapado, maniatado. No sabía cómo hacer para soltarme. Ahora tengo una sensación de paz, aunque al principio no entendés nada. Cuando voy a dormir ahora duermo más tranquilo, por lo menos sé quién soy y eso es fundamental, saber que te acompañan saca muchos miedos.

El 7 de agosto las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron que Pablo había recuperado su identidad en una conferencia de prensa. El no se animó a participar y presentarse, pero se coló entre la gente: “Fue rarísimo, porque estaban hablando de mí. Y fue un lindo momento. No quise estar por la exposición, pero me acompañó un montón de gente desde el primer día. Habían pasado sólo cinco días desde mi restitución. Durante ese tiempo vine todos los días a Abuelas”.

martes, 28 de febrero de 2012

Testimonio ex coronel Ballester: la banalidad militarizada del mal

El testimonio del corornel Horacio Ballester, del Cemida, en el juicio por robo de bebés. Burocracia de maternidades clandestinas

El militar retirado explicó en qué consistían los partes de “Procedimientos Operativos Normales” y cómo se apeló a ese mecanismo para autorizar una maternidad en el Hospital Militar.

 Por Alejandra Dandan

Lo llamaron varias veces coronel. Horacio Ballester, integrante del Centro de Militares para la Democracia (Cemida), militar retirado desde 1971, es una de las personas que viene declarando en los juicios de lesa humanidad para contar, desde adentro, cómo eran los reglamentos, la estructura militar o qué significó para la última dictadura la doctrina de seguridad nacional. En el final de las testimoniales del juicio por el robo de bebés, y mientras se cumplía un año del comienzo del debate, Ballester detalló ante los jueces del Tribunal Oral Federal Nº 6 –entre otros temas– qué era y cómo se hacían los partes de “Procedimientos Operativos Normales”, una tarea conocida con la abreviatura de “POM”, que en el contexto del debate explica una orden de 1977 que circuló en el Hospital Militar de Campo de Mayo y habilitó en ese lugar el inicio del funcionamiento del espacio de Epidemiología como maternidad clandestina.

“Yo escribí muchos partes de procedimientos”, dijo cuando uno de los abogados de la querella de Abuelas de Plaza de Mayo le preguntó por los “procedimientos operativos normales”. Ballester, que hizo “unos cien” mientras estuvo operativo, explicó qué regía el trabajo operativo: “Se hacían para organizar cómo proceder, supóngase, en casos de incendios, para la incorporación de tropas, para la organización del vestuario, del uso del armamento, para la entrega de nafta en el surtidor: todo se puede regir por procedimientos operativos normales”.

Para la querella de Abuelas de Plaza de Mayo, esas órdenes que parecen haber sido una respuesta a los momentos en los que se producía cualquier tipo de problema, permiten contextualizar una información que existe en la causa. Se trata de una prueba que está en el expediente del juicio, pero todavía no se oralizó. Es una declaración del médico militar ya fallecido Julio César Caserotto, ex jefe del área de Neonatología del Hospital de Campo de Mayo. En la que explica que, a mediados del año 1977, recibió un POM que decía que a partir de ese momento personal de Inteligencia iba a mandarle prisioneras embarazadas que debían dar a luz en ese hospital. Esa orden, que Caserotto enunció alguna vez para librarse de sus responsabilidades, a esta altura es otro dato que permite entender cuándo empezó a funcionar el sector de Epidemiología como maternidad clandestina.

Para reforzarla, pude decirse que la fecha del POM coincide con los datos de los primeros partos denunciados. Y quienes llevan adelante la causa, creen, además, que en ese momento se organizó la maternidad en el hospital porque los militares de Campo de Mayo habían tenido un problema durante el parto de una prisionera que había dado a luz en el Campito, el centro clandestino que funcionó en esa guarnición.

Ballester habló durante casi dos horas. Detrás de las preguntas del abogado Luciano Hazán, de la querella de Abuelas de Plaza de Mayo, lo interrogaron el fiscal Martín Niklison y algunos integrantes del Tribunal. En ese tiempo habló de todo. De la Segunda Guerra Mundial y del encuentro en Río de Janeiro organizado a instancias de Estados Unidos en la década del ’40 para crear un junta militar para la defensa continental. Habló de la sucesión de acuerdos continentales, de la Guerra Fría y la creación del Plan Cóndor. Y en el contexto de la doctrina de seguridad nacional, explicó el modo en el que el país adopta los métodos de contrainsurgencia de la Escuela Francesa a fines de los ’50 y que los franceses fueron incorporados como instructores en la Escuela Superior de Guerra. En ese punto, lo detuvo el fiscal. Niklison quería saber cómo fue operativamente la instrucción, quiénes viajaron a Francia o quiénes fueron los franceses que llegaron al país para hacerlo. En el fondo, la fiscalía quería una definición: a quién el Ejército definió en ese momento como enemigo “interno” y no ya externo. Ballester no habló directamente del peronismo. Tampoco dijo que el Ejército sólo operaba contra los trabajadores de las fábricas. Pero repitió que en ese momento estaban los Uturuncos, por ejemplo, pero que así como durante la Guerra Fría Estados Unidos coordinó las fuerzas de seguridad de los territorios americanos para combatir el avance del comunismo, “en la actualidad lo llaman terrorismo internacional, pero el enemigo siempre es el mismo: está en el interior del pueblo”.

Casi no había público en la sala. Ballester habló frente a las querellas y al pelotón de abogados defensores de los represores que nunca están presentes en las audiencias. Ballester avanzó todavía más. Precisó dos datos importantes: el rol de Jorge Rafael Videla en la confluencia y armado de las órdenes, del Batallón 601 en esa cadena de información y de las órdenes de represión antisubversiva contenidas en el Reglamento RC9.1, de diciembre de 1976.

Sobre el primer punto, la declaración sirvió para dejar en claro en el contexto del juicio que Videla tenía dos canales de accesos de información de Inteligencia exclusivos, que le reportaban a él. Por un lado, la SIDE, y por otro, el Batallón 601. Cuando la fiscalía le preguntó cuál era la jurisdicción del Batallón 601, Ballester dijo que dependía del Comando en Jefe, y que pese a tener un edificio en “Callao y Viamonte, llegaba a todas partes” y “operaba en todo el país”, pero no respondía a las líneas de mando locales. También dijo que a “Videla le faltó siempre carácter y hacía que las cosas se las arreglen los subalternos”, pero aclaró que “estaba de acuerdo y firmó todo lo que se estaba haciendo”.

El último punto importante fueron los RC9.1. La querella de Abuelas preguntó varias veces sobre las reglas mientras pedían que se leyeran en voz alta. Durante unos cuantos minutos la sala entró así en la lógica militar, en los reglamentos secretos de 1976. Logró escuchar los partes que a esta altura parecen estar claros, sabidos, pero nunca lo están. Allí figuran las instrucciones sobre la doble tensión entre las “órdenes centralizadas” y “descentralizadas” para hacer más efectiva la lucha contra la subversión. O las instrucciones sobre el rol de Inteligencia: “La actividad de Inteligencia constituye la base fundamental en que se apoya la lucha contra la subversión”, dice uno de los puntos. “Su importancia es tal que puede ser destacada como la única forma de acción militar posible en las primeras etapas del proceso, y su ejecución eficiente puede ayudar al gobierno y la conducción superior de las fuerzas armadas a producir medidas tendientes a eliminar la agitación social y controlar a los activistas, con lo que podría resultar neutralizada la subversión en sus primeras manifestaciones.” Y luego: “Inicialmente la población será renuente a colaborar con las fuerzas legales y a proporcionarles información (...) Luego la renuencia se va transformando en adhesión, colaboración y, por ende, en información aprovechable”.

Según el cronograma del juicio, aún falta declarar un testigo, abogado de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). El 19 de marzo comienzan los alegatos con la querella de Abuelas de Plaza de Mayo.

viernes, 27 de mayo de 2011

Chicha Mariani sospecha que hay algo muy grave se esconde en el caso Noble

“Debe haber algo mucho más grave que se está cubriendo detrás del caso Noble", dijo Mariani
 
La cofundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, María Isabel Chorobick de Mariani, manifestó hoy su "sospecha" sobre la existencia de "un delito mucho más grave que la apropiación" en la causa que investiga si Marcela y Felipe Noble Herrera son hijos de desaparecidos durante la dictadura militar.

"Debe haber algo mucho más grave que se está cubriendo detrás del caso", expresó  "Chicha" Mariani, abuela de Clara Anahí, que fuera secuestrada cuando tenía tres meses de edad por un comando de las fuerzas de seguridad encabezadas por Ramón Camps y Miguel Etchecolatz, de su domicilio de la ciudad de La Plata.

Además, la fundadora de Abuelas consideró que "va a ser muy difícil que se llegue a la verdad" sobre la identidad de los hijos adoptivos de la dueña del grupo Clarín, porque "aún si se hacen el ADN, con una transfusión de sangre se puede modificar".

"Hay trampas y van a usar todo lo que puedan, eso me produce una gran pena", lamentó Mariani, que busca a su nieta desde el mismo día de su secuestro, el 24 de noviembre de 1976.

"Me llama la atención que no terminen con las dudas de tantas abuelas que están esperando saber si Marcela puede ser su nieta, pero al `emporio´ y a la `señora´, eso no le importa", opinó.

Estimó "probable" que Marcela y Felipe "se vayan del país, aunque creo mucho en la buena intención de la jueza -Sandra Arroyo Salgado- que está actuando muy bien", aclaró la abuela de Clara Anahí que mantiene la sospecha de que Marcela "podría ser mi nieta".

"En 1979 comencé a tener dudas por los comentarios de obispos acerca de que mi nieta estaría en un lugar `de mucho poder´", y esas dudas crecieron con el tiempo hasta que "por 1984 o 1985, Guillermo Patricio Kelly -dirigente político fallecido- me dijo que buscara a mi nieta en Clarín".

Relató que a través de fotografías, llegó a la conclusión que por su parecido físico, Marcela Noble Herrera podría ser la nieta buscada, aunque en un principio desechó esa posibilidad debido a que las fechas de adopción de los expedientes eran anteriores al nacimiento de Clara Anahí.

"Al principio una confiaba en esos datos, después renuncié a Abuelas y dejé pasar unos años hasta que el ex juez Marquevich me comunicó la falsedad de los datos", recordó.

Mariani reconoce que por el momento no quiere intervenir como querellante en la causa judicial "para no demorar el trámite", pero que "se muere de ganas por hacerlo".

"Ojalá que mi pesimismo no llegue a ser realidad", dijo la fundadora de Abuelas sobre la causa judicial que desde hace diez años investiga la identidad de Marcela y Felipe Noble Herrera, cuya nueva instancia será el próximo jueves cuando la Cámara Nacional de Casación Penal resuelva si avala la extracción de muestras de sange, saliva o pelos "con o sin consentimiento".

lunes, 28 de febrero de 2011

Los treinta y cuatro casos del juicio

ESMA

1 Hijo de Patricia Julia Roisinblit y de Rodolfo Pérez Rojo: Patricia dio a luz el 15 de noviembre de 1978. En junio de 2004 se determinó que Guillermo Francisco Gómez es hijo de Patricia Roisinblit.

2 Hija de María del Carmen Moyano de Poblete y de Carlos Poblete: María del Carmen dio a luz en junio de 1977. Fue “trasladada” con destino desconocido.

3 Hijo de Liliana Clelia Fontana Deharbe y de Pedro Fabián Sandoval: Liliana Clelia dio a luz entre diciembre de 1977 y febrero de 1978. A Alejandro Sandoval se le restituyó su identidad en julio de 2006.

4 Hija de María Hilda Pérez de Donda y de José María Laureano Donda: María Hilda dio a luz en agosto del ’77. En septiembre de 2004 se determinó que su hija es Victoria Donda.

5 Hijo de Ana de Castro y de Hugo Alberto Castro: Ana dio a luz en junio del ’77 y luego fue “trasladada”, desconociéndose su destino.

6 Hija de Susana Leonor Siver de Reinhold y de Marcelo Reinhold: Susana estaba en la ESMA pero en enero de 1978 la llevaron al Hospital Naval. Nació por cesárea una niña a quien llamó Laura. La niña sigue desaparecida.

7 Hija de Miriam Ovando y de Raúl René De Sanctis: Miriam dio a luz a un bebé en el mes de julio de 1977 en la ESMA, desconociéndose el destino.

8 Hijo de Liliana Carmen Pereyra y de Eduardo Cagnola: Liliana estuvo en la Base de Buzos Tácticos de Mar del Plata y fue “trasladada” a la ESMA, donde dio a luz en febrero de 1978. El hijo está desaparecido.

9 Hijo de María Graciela Tauro y de Jorge Rochistein: María Graciela dio a luz en setiembre de ’77. Ambos se encuentran desaparecidos.

10 Hija de Susana Beatriz Pegoraro y Rubén Santiago Bauer: dio a luz en diciembre de 1977 y luego fue “trasladada” con su beba a un destino desconocido.

11 Hijo de Alicia Elena Afonsín de Cabandié y de Damián Abel Cabandié: Alicia Elena estuvo en El Banco y luego en el Club Atlético. En febrero de 1978 fue “trasladada” a la ESMA, donde tuvo a un varón en el mes de marzo de 1978 a quien le dio el nombre de “Juan”. El niño fue retirado a los pocos días de nacido. El 23 de enero de 2004 se confirmó como hijo a quien hoy es Juan Cabandié.

12 Hija de Silvia Dameri y de Orlando Antonio Ruiz: Silvia dio a luz a Laura, entre los meses de septiembre de 1980 y enero de 1981. En febrero de 1999, la niña recuperó su identidad.
Campo de Mayo (ver nota al pie)

13 Hijo de Norma Tato y de Jorge Casariego: Norma dio a luz asistida por otra detenida médica conocida como “Yoli”. Permaneció 24 horas con su niño. Ambos están desaparecidos.

14 Hijo de Silvia Mónica Quintela Dallasta y de Abel Pedro MadariagaSilvia: Mónica dio a luz a fines de julio o principios de agosto de 1977. Su hijo fue restituido el año pasado.

15 Hijo de Rosa Luján Taranto y de Horacio Antonio Altamiranda: Rosa estuvo en El Vesubio y fue derivada al Hospital Militar de Campo de Mayo, donde en agosto o septiembre de 1977 dio a luz. El niño permanece desaparecido.
Pozo de Banfield

16 Hija de María Eloísa Castellini y de Constantino Petrakos: María Eloísa dio a luz alrededor del 10 de abril de 1977. Ambas están desaparecidas.

17 Hijo de Stella Maris Montesano y de Jorge Oscar Ogando: Stella Maris dio a luz en diciembre de 1976 a “Martín”. Ambos están desaparecidos.

18 Hijo de Gabriela Carriquiriborde y de Jorge Orlando Repetur: Gabriela dio a luz en diciembre de 1976, desconociéndose el paradero de ambos.

19 Hija de Aída Cecilia Sanz Fernández y de Eduardo Gallo Castro: Aída dio a luz el 27 –o 31– de diciembre de 1977 a quien llamó Carmen. En junio de 1999 se determinó que María de las Mercedes Fernández era en realidad María de las Mercedes (“Carmen”) Gallo Sanz.

20 Hija de María Asunción Artigas Nilo de Moyano y de Alfredo Moyano: El 25 de agosto de 1978 nació Verónica Leticia. La niña permaneció a su lado por unas horas. Fue recuperada en enero de 1988.

21 Hijo de Yolanda Iris Casco Ghelpi y de Julio César D’Elía Pallares: Nació en diciembre de 1977 o principios de enero de 1978. En enero de 1995 se estableció que Carlos Rodolfo De Luccia era Carlos D’Elía Casco.

22 Hija de Mónica Sofía Grinspon y de Claudio Logares: Paula Eva Logares fue secuestrada el 18 de mayo de 1978 a los 23 meses de edad con sus padres en Uruguay. Los padres fueron “trasladados” al Pozo de Banfield, previo paso por la Brigada de Investigaciones de San Justo. La niña fue separada. Finalmente se la identificó en junio de 1984.

23 Hijo de Inés Beatriz Ortega de Fossati y de Rubén Leonardo Fossati: Inés dio a luz a Leonardo, que fue separado un día después. El 11 de agosto de 2005 se confirmó que Leonardo Fossati es hijo de Ortega y Fossati.
Otros

24 Hija de Elena De la Cuadra y Héctor Carlos Baratti: Elena dio a luz a Ana Libertad el 16 de junio de 1977 en un calabozo de la Comisaría 5ª de La Plata. Nunca más se supo de ella.

25 Hijo de Laura Estela Carlotto y de Horacio Fontán: Laura Estela fue llevada el 25 o 26 de junio de 1978 de La Cacha al Hospital Militar Central, donde dio a luz a Guido. Estuvo con el bebé por cinco horas, fue separada de su hijo. Permanecen desaparecidos.

26 Hija de María Elena Isabel Corvalán y de Mario César Suárez Nelson: María fue alojada en la Cacha y a fines de junio de 1977 fue “trasladada” para dar a luz a Lucía, de quien fue separada.

27 Hijo de Sara Rita Méndez Lompodio y de Mauricio Gatti Antuña: A Sara la secuestraron con su hijo de 20 días Simón Antonio Riquelo. A ella la llevaron a Orletti y de él no tuvo más noticias hasta marzo del año 2002, cuando recuperó su identidad.

28 Hija de María Claudia García Iruretagoyena y de Marcelo Gelman: María Claudia estuvo secuestrada en Orletti. Estaba con un embarazo de siete meses y su hija nació entre el 20 de octubre y el 11 de noviembre de 1976. En junio de 2000 se identificó a Macarena Gelman como su hija.

29 Hija de María Emilia Islas Gatti y de Jorge Roberto Zaffaroni Castilla: Mariana Zaffaroni fue secuestrada el 27 de septiembre de 1976 con sus padres. Todos estuvieron en Orletti. Luego la niña fue separada. Los padres se encuentran desaparecidos. Daniela Romina Furci fue reconocida en julio de 1991 como Mariana Zaffaroni Islas.

30 y 31 Hijos de Victoria Grisonas y de Roger Julien: Anatole y Eva Julien Grisonas fueron separados de su madre el 26 de septiembre de 1976 y trasladados a Orletti. Fueron abandonados y sin documentos en la plaza O’Higgins de la ciudad de Valparaíso, Chile, el 26 de diciembre de 1976.

32 Hija de Hilda Ramona Torres y de Roque Orlando Montenegro: Hilda Victoria Montenegro fue secuestrada en febrero de 1976 y separada de sus padres cuando tenía 13 días, desconociéndose el lugar donde fue derivada. En julio de 2000 se determinó que María Sol Tetzlaff Eduartes era en realidad Hilda Victoria Montenegro.

33 Clara Anahí Mariani (hija de Diana Esmeralda Teruggi de Mariani y de Daniel Mariani). Clara Anahí tenía tres meses cuando fue separada de su madre, el 24 de noviembre de 1976. Continúa desaparecida.

34 Hija de Gertrudis Marta Hlaczik y de José Liborio Poblete: Claudia Victoria Poblete fue secuestrada cuando tenía 8 meses con su madre en 1978. En diciembre de 1999 se estableció que Mercedes Beatriz Landa era Claudia Victoria Poblete Hlaczik.

(·)  Mi hermana (Laura) restituyó su identidad en mayo de 2008 NO en febrero de 99. Yo, Victoria en enero de 2000 y Marcelo fines del 89