miércoles, 16 de enero de 2013

La causa por la sustracción de Pablo Gaona Miranda, el último nieto recuperado

El primo que ofició de entregador

Abuelas de Plaza de Mayo pidió la elevación a juicio oral de la causa, y entre los acusados figura Héctor Salvador Girbone, quien se desempeñó en el Ejército durante la dictadura e incluso hasta septiembre del año pasado.
Pablo Javier Gaona Miranda es el 106º nieto recuperado por las Abuelas.
 
 
Por Alejandra Dandan

Pablo Javier Gaona Miranda se acercó la primera vez a la sede de Abuelas de Plaza de Mayo con dudas acerca de quién era. Entre otras cosas, llenó un formulario cuya respuesta ahora está en el expediente judicial. En Abuelas, le preguntaron si tenía “parientes, amigos o vecinos en las fuerzas armadas o de seguridad”. Pablo, que en ese momento tenía otro nombre y creía que era “hijo adoptivo”, respondió que el primo de su padre era militar. Héctor campaSalvador Girbone estuvo en el Ejército durante la dictadura y siguió en esa fuerza hasta septiembre del año pasado, cuando quedó detenido por su apropiación. La semana pasada, Abuelas pidió la elevación a juicio oral de la causa en el juzgado de María Servini de Cubría: entre los acusados, además de los dos apropiadores, figura Girbone, a quien la denuncia sitúa como “entregador”.

Pablo Javier Gaona Miranda es el último nieto recuperado, a quien Abuelas presentó el año pasado como el nieto identificado número 106. Es hijo de Ricardo Gaona y María Rosa Miranda. Nació el 13 de abril de 1978 en el Hospital Rivadavia de la ciudad de Buenos Aires. Un mes después, el 14 de mayo de 1978, sus padres y él recién nacido participaron de un encuentro familiar en Villa Martelli. Esa noche no volvieron a su casa, desde entonces la familia no tuvo más noticias de ellos y hoy la causa indica que ese día los tres fueron secuestrados por agentes del Ejército argentino o de otras fuerzas represivas que actuaban bajo su control. “En algún momento, entre aquel día y el 8 de agosto de 1978 –continúa el expediente–, Pablo Javier fue sustraído de la esfera de custodia de sus padres por agentes del Ejército, entre los que se encontraba Héctor Salvador Girbone que entregó el niño al matrimonio compuesto por su primo Salvador Norberto Girbone y Haydeé Raquel Alí Ahmed, a fin de que éstos lo inscribieran en los registros públicos como si fuera su propio hijo y lo criaran como tal.”

Cuando Abuelas difundió la noticia de la recuperación de la identidad de Pablo, poco se sabía sobre Héctor Salvador Girbone que todavía en septiembre del año pasado seguía en el Ejército, trabajando en una oficina administrativa. De acuerdo con su legajo personal, estuvo en el Ejército durante el período completo de la última dictadura. En 1978 tenía el rango de teniente primero y de su “Informe de Calificación” correspondiente al año 1977-1978 se desprende que entre el 5 de diciembre de 1977 y el 3 de octubre de 1978 tuvo como destino la Escuela de Caballería en Campo de Mayo. También tuvo destinos en la Escuela de Inteligencia, entre ellos, en marzo de 1981 estuvo como oficial de Inteligencia de la Plana Mayor de la misma Escuela de Caballería.

En el escrito de “elevación” del juicio, el abogado de Abuelas Alan Iud retoma estos antecedentes para marcar relaciones de Girbone con la causa. Una de ellas es que el operativo del secuestro de los Gaona Miranda se produjo en mayo de 1978, durante el período en el que Girbone estaba en Campo de Mayo. El lugar de la caída, que fue Villa Martelli, dependía operacionalmente de la zona de Defensa IV: es decir, el Comando de Institutos Militares, ubicado dentro de la guarnición militar de Campo de Mayo, del cual dependía la Escuela de Caballería.

Otro dato que señala la “elevación” es que el certificado falso de “constatación de nacimiento” lo firmó un médico llamado Ricardo Nicolás Lederer. Para el año 1978, Lederer se desempeñó en el Hospital Militar de Campo de Mayo, donde estaba la “maternidad clandestina”. Los abogados indican que de la lectura de los legajos “surge con toda claridad” que Lederer y Girbone se conocían, no solo porque compartieron destino en Campo de Mayo para la fecha de los hechos, sino también porque entre 1976 y 1977 habían estado juntos en la provincia de Salta.

Cuando fue a Abuelas, Pablo también habló de ese “padrino”. Contó que él siempre supo que era “adoptado”, pero dijo que sus primeras dudas acerca de que podía ser hijo de desaparecidos surgieron entre fines de 2002 y principios de 2003, cuando supo que “el primo de mi padre era militar”. No se acercó a Abuelas, sin embargo, hasta años más tarde. Entre ese momento y el año 2008 atravesó “un proceso interno”, pero nunca planteó el tema ni habló sobre sus dudas con las personas que lo criaron. “A fines de 2008 le planteo a mi madre la necesidad de querer saber quién era yo –contó Pablo–, y específicamente le dije que yo creía que podía ser hijo de desaparecidos y que quería ir a Abuelas a hacerme un ADN. Yo le hice este comentario, y ella me dijo que también sospechaba que yo podía ser hijo de desaparecidos. No me lo dijo con esas palabras, me lo dio a entender.”

En ese momento, Pablo también dijo que Alí Ahmed “hace muy poco me comenta que me fueron a buscar a un, no sé el lugar, no sé si era una casa de monjas o un instituto en San Fernando, ahí es donde tuvieron el contacto conmigo. Esto lo sé hace tres semanas, después de los resultados del ADN. Héctor Girbone es el que avisa que en ese lugar había varios chicos”.

Otro tramo de la causa señala que Alí Ahmed en realidad sabía que Pablo era hijo de desaparecidos. Pablo contó en una entrevista que, por ejemplo, esa vez, en 2008, cuando él le dijo a ella que quería ir a Abuelas, la mujer “se quedó paralizada, le dijo que por favor no venga, que sí era hijo de desaparecidos, que lo había traído este tío padrino”.

“Desde el 2003 me empezó a interesar el tema de los desaparecidos y barajé la chance de ser víctima del robo de bebés”, registra la causa las palabras de Pablo. “Sentía la duda, pero me negué durante mucho tiempo; me hacía el tonto. Yo tenía una vida construida, es una situación dura... A fines de 2008 me estaba sintiendo mal. Lo hablé con mi apropiadora y me lo reconoció. Ahí se me aclaró todo. Me paralicé. Necesité mi tiempo, estudié la situación, empecé a leer sobre el terrorismo de Estado... Este año llamé a Abuelas, donde encontré toda la contención que necesitaba”.

Girbone trabajó en el Ejército hasta el momento de su detención en septiembre del año pasado, cuando quedó detenido en el Servicio Penitenciario de Marcos Paz. El 2 de noviembre de 2012, el mayor del Ejército Edgardo Benjamín Carloni indicó que Girbone “cumplía funciones administrativas en una repartición de la institución y resulta necesario disponer la cesantía del mismo de acuerdo a la información que el juzgado brinde a esta instancia”. Según datos del Ministerio de Defensa, por cuestiones de garantías procesales el organismo pidió al juzgado la información de la causa para tomar la decisión.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Sabrina Valenzuela recuperó su identidad en 2008 y busca a su mellizo

“Quiero tomar un mate con mi hermano”

La hija de los desaparecidos Raquel Negro y Tucho Valenzuela nació en el Hospital Militar de Paraná. Los represores quisieron instalar la idea de que su mellizo había nacido muerto. Ella y su familia lo buscan. Hoy se presenta un libro que habla de su historia.

 Por Victoria Ginzberg

–¿Qué hacés, Negrita? –Nada, te estoy llamando. ¿Y vos?

–Yo estoy acá, en el baño, llorando.

Sabrina y Sebastián hablaban por primera vez. A ella le habían adelantado por teléfono el resultado de su estudio de ADN. La habían citado para un par de días después en el juzgado para notificarle el trámite oficialmente. Le anunciaron también que le iban a presentar a su hermano. Ella sabía quién era. Nunca se habían visto, ni habían intercambiado una palabra, pero tenían amigos en común. Esperó un día y no aguantó. “¡Qué me van a andar presentando a mi hermano!”, se dijo. Pidió su número de teléfono y lo rastreó hasta que dio con él, que se acababa de enterar de que había encontrado a su hermana. Atendió en el baño, llorando.

Sabrina Gullino Valenzuela Negro. Así dice Sabrina que prefiere que la nombren. Gullino es el apellido de Raúl y Susana, sus padres adoptivos que la fueron a buscar un día de 1978 a un juzgado, sin conocer de dónde venía, qué había pasado con sus padres, ni dónde había nacido. Valenzuela y Negro son los apellidos de sus padres: Edgar Tulio “Tucho” Valenzuela y Raquel Negro, secuestrados y desaparecidos durante la última dictadura.

Raquel Negro dio a luz en el Hospital Militar de Paraná. Junto con Sabrina nació su hermano mellizo (el “Melli” lo nombra ella todo el tiempo), a quien ella busca acompañada de sus otros hermanos: Sebastián Alvarez (hijo del primer matrimonio de su madre, a quien Tucho crió como su hijo hasta su secuestro) y Matías Espinoza Valenzuela (hijo de su padre y una pareja anterior a Raquel). El año pasado concluyó un juicio en el que fueron condenados los represores Pascual Oscar Guerrieri, Jorge Alberto Fariña, Juan Daniel Amelong y Walter Salvador Dionisio Pagano, y el ex jefe de terapia intensiva del Hospital Militar de Paraná Juan Antonio Zaccaría, por la sustracción y la supresión del estado civil de Sabrina. Además, los testimonios, sobre todo los de las enfermeras, permitieron confirmar que el hermano mellizo de Sabrina había nacido vivo y también lo habían apropiado. “Antes existía la hipótesis de que el Melli podía haber nacido muerto, pero el juicio fue un antes y un después. Los testimonios de las enfermeras fueron muy valiosos, ellas fueron muy valientes, fueron las protagonistas de esta reconstrucción histórica, a diferencia de los médicos, que no reconocieron nada. Sólo se ‘acordaron’ de algunas cosas cuando los carearon con las enfermeras”, contó Sabrina a Página/12.

La historia de Sabrina, de la recuperación de su identidad y del juicio sobre el Hospital Militar de Paraná está relatada en Reencuentro, un libro de Alfredo Hoffman que se presentará en Buenos Aires hoy a las 18 en el salón Emilio Mignone de la Secretaría de Derechos Humanos. El acto –en el que estarán la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto; el autor, Sabrina y sus dos hermanos– será también una forma de visibilizar la búsqueda de los Valenzuela Negro “y de los otros 400 mellis que faltan”.

“Toda mi vida, desde chiquita, busqué parecidos entre la gente. Es raro pensar que hay alguien parecido a mí por ahí. Aunque capaz que no es muy parecido. Con Sebastián y Matías, los tres somos diferentes. Y el Melli no es mi mellizo idéntico. Yo trato de no ilusionarme. Voy con cautela para protegerme, hay muchas cosas que van subterráneamente”, dijo Sabrina. La historia del secuestro de Raquel Negro y Tucho Valenzuela fue relatada por el mismo Tucho en una conferencia de prensa en México, donde los militares lo habían llevado para que se infiltrara y entregara a la cúpula de la organización Montoneros que estaba en el exilio. Tucho, jefe de la columna Rosario, denunció que había viajado junto a represores del Segundo Cuerpo de Ejército, que comandaba Leopoldo Fortunato Galtieri. Que les había hecho creer que aceptaba sus condiciones, es decir su trampa, para poder salir del centro clandestino Quinta de Funes y denunciar al mundo lo que estaba pasando en la Argentina. Contó que Raquel, su compañera, que tenía un embarazo avanzado, se había quedado como rehén y que juntos habían elaborado la estrategia para burlar a sus captores, a pesar de que era casi seguro que Raquel pagaría con su vida si el plan tenía éxito. Tucho pudo evadir a los represores: apenas contactó a sus compañeros hizo la denuncia. De todas formas, la organización lo degradaría y moriría al ser descubierto por los militares cuando intentaba volver al país durante la Contraofensiva.

Después del escape y la denuncia de Tucho, Raquel fue asesinada. Pero antes parió en el Hospital Militar de Paraná. Allí dio a luz a sus mellizos, una nena y un varón. Gracias a la investigación se pudo reconstruir que los niños fueron derivados al Instituto Privado de Pediatría, de donde ambos fueron dados de alta. A Sabrina la dejaron en el Hogar del Huérfano y fue adoptada legalmente. Recuperó su identidad en 2008, cuando coincidieron sus dudas y la causa judicial que se había iniciado en Paraná. El Melli seguía desaparecido. Primero, los represores intentaron imponer la idea de que había nacido muerto; luego, que había muerto a los pocos días de vida. “Puede ser que lo hicieran porque esté con alguien importante. Pero tampoco lo sabemos. Mi hermano Sebastián siempre creía que a mí me habían sacado del país, que estaba en Francia con un militar de alto rango, por ser la hija de Tucho Valenzuela, y no fue así. Es posible que lo tengan como ‘botín de guerra’, pero es importante que chicos que tengan dudas de su identidad sepan que, aunque no hayan sido criados por militares, pueden ser hijos de desaparecidos. Mis papás adoptivos no tuvieron nada que ver, me adoptaron legalmente y eso, aunque yo dudaba, me hacía creer que no debía ser hija de desaparecidos”, explicó Sabrina. Hoy su principal objetivo es recuperar al Melli: “Es una búsqueda que está haciendo toda la familia y también el Estado; este año se sacaron sangre cinco chicos y, aunque no dieron positivo, eso demuestra que hay nuevas pistas, que se está trabajando. Yo lo único que quiero es tomarme un mate con mi hermano y charlar”.

Condenan al obstetra de la ESMA

El juez Luis Rodríguez unificó la pena con una anterior, por un delito similar, por lo que el acusado cumplirá en realidad 15 años de cárcel. Fue el responsable de la maternidad del ex centro clandestino de detención de la Armada.

El represor y obstetra del Hospital Naval en la última dictadura cívico militar, Jorge Magnacco, fue condenado a diez años de prisión por la sustracción, retención y ocultacion de Evelyn Karina Bauer Pegoraro, a cuya madre atendió en el parto que tuvo lugar en el centro clandestino de detención que funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada en la última dictadura cívico-militar.

Según el fallo difundido ayer, el juez federal Luis Rodríguez unificó en 15 años la condena total a Magnacco, en base a otra pena anterior que se había impuesto al represor por delitos similares.

El médico de la Escuela de Mecánica de la Armada es considerado el responsable de la maternidad montada en esa dependencia para que las detenidas dieran a luz a sus hijos que luego eran apropiados y entregados a familiares o allegados a los militares. 

   El juez Rodríguez lo condenó por considerarlo "penalmente responsable del delito de sustracción,retención y ocultación de un menor de diez años, en calidad departícipe necesario", y resolvió unificar la pena con otra condena impuesta anteriormente, lo que elevó la prisión a 15 años.  Las Abuelas de Plaza de Mayo habían pedido 19 años de prisión para el médico represor, pero celebraron que se lo haya reconocido como partícipe necesario de la apropiación de la hija de Susana Beatriz Bauer y de Rubén Pegoraro. Ambos militaban en Montoneros: el joven fue secuestrado el 16 de junio de 1977 en la ciudad de La Plata y ella, el 18 de junio del mismo año en la estación de Constitución de la ciudad de Buenos Aires, con cino meses de embarazo.

   "Por testimonios de sobrevivientes pudo saberse que Susana permaneció detenida en la ESMA, luego fue llevada a la Base Naval de Buzos Tácticos de Mar del Plata, al Centro Clandestino de Detención "La Cacha" y, finalmente, devuelta a la ESMA donde Magnacco la hizo parir en condiciones indignas, a fines de noviembre de 1977", indicó la organización en un comunicado.

   La niña fue entregada al matrimonio compuesto por el ex marino Luis Vázquez Policarpo y su esposa, Ana María Ferra, quienes la anotaron como hija propia, mientras que la falsa partida de nacimiento fue firmada por la partera Justina Cáceres. En 1999, Vázquez reconoció que había recibido a la niña mientras desempeñaba tareas en el Edificio Libertad y desde entonces Abuelas comenzó un arduo trabajo para lograr restituirla, por ese entonces ya una adolescente. "El caso de Evelin llegó a la Corte Suprema, que le negó la posibilidad de conocer su identidad, poniendo como supremo el derecho a la intimidad por sobre el de su origen,  hasta que el 14 de febrero de 2008 la justicia ordenó recoger objetos personales de su domicilio a fin de extraer muestras de ADN", indicó Abuelas.

domingo, 25 de noviembre de 2012

El EAAF identificó los restos de una desaparecida que no llegó a dar a luz

En el marco de la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas llevada adelante por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), fueron reconocidos los restos de Mirtha Noelia Coutouné, cuyo embarazo, según se confirmó, no llegó a término. Se trata, tristemente, del caso 108 resuelto por Abuelas de Plaza de Mayo.

Tanto Mirtha como su pareja, Héctor Hugo Malnati, fueron secuestrados el 24 de noviembre de 1976 en su domicilio de la ciudad de La Plata. Ella estaba embarazada de tres a cinco meses y posiblemente haya permanecido detenida en el CCD "La Cacha". Héctor también estuvo cautivo en "La Cacha" y en la Comisaría 5° de La Plata.
Mirtha fue asesinada el 31 de diciembre de ese año en la localidad bonaerense de Munro. Sus restos fueron inhumados como NN del cementerio de Vicente López y la Cámara Federal de la Ciudad de Buenos Aires confirmó su identidad. En 2010 habían sido identificados los restos de Héctor, inhumados en el cementerio de Avellaneda.

Su vida

Mirtha nació el 8 de abril de 1952 en Posadas, Misiones, y Héctor el 25 de julio de 1948 en La Plata, provincia de Buenos Aires. Sus compañeros de militancia y amigos la llamaban "Flaca" y a él "San" o "Colo".
Ella era una persona tranquila, querible y que tenía muchos amigos. De niña estudió danzas folklóricas y patín y siempre mostró inclinaciones artísticas. Cuando pasaron los años, tanto ella como sus cuatro hermanos (Alberto, María Silvia, Mario y Ricardo) decidieron ir a estudiar a La Plata.
Mirtha eligió la carrera de Medicina. Fue así que en 1970 los más jóvenes de la numerosa familia partieron y, un año más tarde, sus padres -Noelia y Félix- dejaron todo en Misiones para ir con sus hijos.
La casa de los Coutouné siempre estaba repleta de chicos y chicas y siempre había comida para todos. Mirtha comenzó a militar y así conoció a Héctor Hugo Malnati, se enamoraron y formaron pareja. Como tantos otros compañeros de ruta, ambos soñaban con un mundo mejor y más justo.
Por entonces, la situación en La Plata ya estaba muy difícil a causa de la persecución política, por eso los papás de Mirtha regresaron a Misiones. Poco después Mirtha y Héctor serían secuestrados.

La búsqueda

Noelia, la mamá de Mirtha, se topó con la trágica realidad de la desaparición de sus seres queridos. Sin dejarse paralizar por el dolor inició el peregrinaje que otras Madres y Abuelas recorrieron: ministerios, comisarías, hospitales, habeas corpus. Lo único que recibió fueron puertas cerradas y silencios cómplices.
Durante 30 años la Abuela Noelia quiso conocer el destino de su hija y soñaba con que el embarazo hubiera llegado a término, pero falleció sin saber ni lo uno ni lo otro, sumida en la misma incertidumbre que le impuso el terrorismo de Estado.
La familia Coutouné hoy cierra una etapa y comienza otra, no menos dolorosa pero al menos con la certeza de poder tener un sitio adonde llevarle flores a Mirtha, la Flaca.

martes, 6 de noviembre de 2012

Jorgelina Molina Planas: El largo camino desde el horror al arte

Fue una de las primeras nietas restituidas, pese a ello, a Jorgelina Molina Planas le llevó 26 años recuperar su verdadera identidad
A Jorgelina Paula Molina Planas le llevó 26 años recuperar su verdadera identidad

Por Horacio Aranda Gamboa

Fue una de las primeras nietas restituidas tras el retorno de la democracia, pese a ello, a Jorgelina Paula Molina Planas le llevó 26 años recuperar su verdadera identidad

Las pinturas, los acrílicos y dibujos que penden de las paredes y se multiplican, poseen una belleza de formas y colores inusuales. Son un conjunto de historias que van relatando el horror de una niña de tan sólo 3 años y medio, abandonada en un orfanato. Hablan de su soledad, del llanto. Describen la muerte y la desaparición de sus padres, de cómo debió juntar los pedazos hasta volver a saber quién era. A simple vista, su historia no es simple, ni lineal, tiene matices, como sus cuadros, que pasan de lo oscuro a la luminosidad y que son su carta de presentación.

“Cuando fui entregada en adopción el único modo que encontré para expresar lo que vivía fue a través del dibujo y la pintura”, dice ahora Jorgelina Paula Molina Planas, una de las primeras nietas restituidas en el año 1984. Sostiene que todo ese transitar a través del arte debió ser “mediante códigos, para que mis padres adoptivos no supieran lo que estaba queriendo decir; entonces usaba símbolos, cosas abstractas para no decir y decir al mismo tiempo, y ese fue el único modo que encontré para no terminar enfermándome”.

Sobre una de las repisas del living descansan dos tarjetas navideñas confeccionadas a mano y que denotan un trazo semejante y firme. La primera data de la Navidad de 1999 y está firmada por Carolina Sala, su nombre antiguo, el que le impusieron los padres adoptivos. La segunda se remonta al año 1972 y lleva estampado el nombre de Cristina Isabel Planas, su madre biológica, quien en ese momento se encontraba detenida como presa política en el penal de Rawson. La similitud entre ambas tarjetas es evidente, y el regalo –atesorado por un familiar– terminó llegando a sus manos como un regalo inesperado de la vida.

Mientras la mujer comienza a relatar su historia sentada a la mesa de su casa de San Fernando, su hijo de tan solo 1 año deambula por las habitaciones o va emitiendo golpecitos suaves que llegan desde la puerta de la cocina. La joven observa la escena y se vuelve como pidiendo comprensión mientras sus labios dejan escapar una sonrisa de complicidad. Lo cierto es que hasta llegar a este presente de plenitud, Jorgelina debió atravesar un extenso territorio de soledades, angustias, manipulaciones y mentiras.

Su historia se comenzó a desgranar el 15 de mayo de 1977 cuando fuerzas conjuntas llevaron a cabo un operativo en una vivienda de la localidad bonaerense de Lanús en la que iban a ser capturados cinco integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y entre los que se encontraba Cristina. De ella nunca se volvería a tener noticias y a la fecha figura como desaparecida. Antes de que se la llevaran, su madre la entregó a una mujer que la cuidaba.

Tres años antes, el 12 de agosto de 1974, su padre, José María Molina, integrante de la misma organización armada, era fusilado por el Ejército tras protagonizar el intento de copamiento fallido del regimiento de Capilla del Rosario en la provincia de Catamarca.

Con la bebé en su poder, la mujer a la que había sido entregada en guarda realizó una serie de intentos en pos de dar con el resto de su familia hasta que finalmente decidió entregarla a la Justicia.

Ya en manos de la jueza Delia Pons, titular del Juzgado Nº 1 de Menores de Lomas de Zamora, la niña sería derivada a un orfanato donde iba a permanecer por espacio de seis meses. En ese lapso, Pons nunca se tomó la molestia de rastrear a su familia biológica. “Ella tenía la idea de que ningún hijo de ‘subversivos’ debía ser criado por su familia de origen, sino que debían ser dados en adopción, y ahí es donde se ve el tema del plan sistemático”, cuenta hoy Jorgelina, y agrega que “una vez que me llevan al hogar me otorgan en tránsito a una familia de un oficial de la Fuerza Aérea, quien me venía a visitar, me llevaba a pasear y el que comienza a investigar para ver si podía encontrar a mi familia. Pronto se da cuenta que yo tenía papeles falsos –debido al pase a la clandestinidad de mis padres–, y cuando se lo dice a la jueza ésta le advierte que me entregará en adopción a una familia, la que me cambiará el nombre”.

Mientras todo esto sucedía, su abuela paterna, Ana Taleb de Molina, exiliada en Suecia, comienza una búsqueda incesante para dar con su paradero, la que no abandonará hasta el día de su muerte. Años más tarde se sumará a esa búsqueda su hermano Damián, cinco años mayor que ella e hijo de una ex pareja de su madre.

El 11 de octubre de 1977 finalmente la Justicia la entrega en adopción a un matrimonio conformado por una profesora de biología y un ingeniero civil, impedidos de tener hijos propios. Jorgelina Paula Planas, apellido con que la había anotado su mamá, pasa a llamarse Carolina Sala, y a partir de ahí la niña, junto a su nuevo hermano Fernando, otro hijo adoptado, comienza a vivir una historia plagada de ocultamientos y mentiras.

“Sentía que había llegado a ellos como una cosa que venía a ocupar un agujero de los hijos que no habían podido tener y mi madre adoptiva, una mujer obsesiva, posesiva y sobreprotectora, depositó en mí todas sus frustraciones”, y recuerda que el matrimonio se refería a sus padres biológicos “en un tono despectivo, decían que ‘eran guerrilleros y que ponían bombas’ y que gracias a ellos yo no iba a ser así” y que si algún día alguien me buscaba, ellos me iban a cuidar para que eso no sucediera.

En 1984, la infatigable búsqueda de Ana Taleb de Molina y de Abuelas de Plaza de Mayo terminó dando frutos, formalmente Jorgelina pasó a ser una nieta restituida. En abril de 1996, como un modo de buscar la paz interior que nunca había tenido, la joven ingresa a la congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, donde va a permanecer por el lapso de seis años. En 1992, y sin siquiera poder darle un abrazo, fallece su abuela en Suecia.

El ingreso al convento y el impulso de las monjas la llevan a tender un puente con su historia y un mes más tarde se terminará encontrando con su hermano Damián, al que le había rehuido durante todos esos años. De ahí a reencontrarse con el resto de la familia hubo sólo un tranco.

En el año 2002 Jorgelina abandona el convento y conoce a Antonio, quien a la postre se convertiría en su marido y en el padre de sus tres hijos, Ignacio, Camila y Juan Manuel. La muerte de su madre adoptiva, ocurrida en el año 2009 y crisis mediante, le otorga una sensación de libertad, y pese al temor de la reacción de su familia de adopción, un año después y a veintiséis de hacer sido restituida, decide desandar el largo y doloroso camino recorrido y regresar a su nombre de origen. En medio de toda esa situación, desde Suecia, recibió un regalo que la ayudará a acelerar el proceso. Uno de sus primos de viaje por ese país regresa con una valija repleta de cartas y fotos de su abuela que yacían en un placard cerrado con llave, las que relatan el largo periplo de Ana en pos de reencontrase con ella.

“Al leer esas cartas pude ver el amor de mi abuela, supe de su búsqueda incansable, de su perseverancia, de su lucidez”, y con un dejo de melancolía agrega que pudo percibir “su dolor y entender que lo único que quería era darme un abrazo y comprendí que ningún ser humano que me quisiese bien le podía negar esa posibilidad”.

Antes de despedirse, Jorgelina refiere que cuando mira hacia el pasado logra ver a una niña de 3 años y medio sentada sola y sin entender, a la que envolviendo entre sus brazos sólo atinaría a decirle “quedate tranquila que vas a tener una nueva vida”, dice esto y se marcha tranquila caminando despacio, segura de que el futuro está aquí y llegó para quedarse.

Muestra en Pilar: “G.I.R. - Geografías Interiores. Reconstrucción”

La relación de Molina Planas con el arte está estrechamente vinculada a su familia: “Mi madre era muy creativa y tenía una natural sensibilidad con las artes plásticas”, y su padre, de quien dice haber recibido menos información, “estudió arquitectura y era muy apasionado y disciplinado”.

Una vez reencontrada con su historia, en agosto del año pasado y junto a otras artistas hijas de desaparecidos, ideó una muestra a la que dio en llamar “Familias Q’HEridas” que tuvo lugar en el Centro Cultural Recoleta con enorme aceptación.

En la actualidad, la artista cuya obra sorprende por su potencia expresiva y sus colores destellantes, trabaja en una nueva exposición a la que denominó “G.I.R. - Geografías Interiores. Reconstrucción”, cuya inauguración tendrá lugar el próximo 10 de noviembre a las 17 en la Casa de la Memoria de Pilar, ubicada en San Martín 891 de esa localidad, y que se extenderá hasta el 8 de diciembre.

La muestra, que cuenta con el aval de Abuelas de Plaza de Mayo, está compuesta por pinturas, dibujos, collages, fotografías, documentos y cartas personales que permitirán un recorrido biográfico y artístico sobre el proceso de reconstrucción de su identidad.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Comenzó en La Plata el juicio por la apropiación del nieto recuperado Sebastián Casado Tasca

"Soy digno de mi historia y de mis viejos, y declaro parado en mi dignidad"
El joven declaró ayer en el juicio que se le sigue a su apropiadora, Silvia Beatriz Molina, y la médica que falsificó su partida de nacimiento. Relató el proceso de recuperación de su identidad y el rol de las Abuelas de Plaza de Mayo.


Cuando se presentó en la Conadi para recibir el resultado del ADN que decía que era en un 99,99 % hijo de los desaparecidos Adriana Leonor Tasca y Gaspar Casado, le pidieron que firmara el expediente. "Ese momento fue muy simbólico porque no sabía como firmar. Pregunté '¿cómo firmo?' Y me dijeron: 'Como quieras'. No sabía como firmar pero si sentía la convicción de firmar como Sebastián Casado." Y así firmó. El joven, quien fue robado y apropiado durante la última dictadura cívico militar, declaró ayer ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº1 de La Plata, que comenzó a juzgar a su apropiadora, Silvia Beatriz Molina, quien lo había anotado como hijo biológico y a Nora Raquel Manacorda, la médica policial que falsificó la partida de nacimiento del niño.
 Sebastián Casado Tasca es víctima del plan sistemático de apropiación y robo de bebés perpetrado durante la dictadura genocida. Y ayer fue el primero de los 23 testigos que comenzaron a hablar en el debate que los jueces Carlos Rozanski, Pablo Jantus y Pablo Vega realizan en los tribunales de 4, entre 51 y 53.

"Mi familia biológica fue lo más maravilloso que me pasó en la vida. Encontrar mi historia es algo increíble", recordó Casado Tasca, quien comenzó contando que tenía 20 años cuando se enteró que al igual que su hermana de crianza, María José –también anotada como propia por sus apropiadores- le contó que era adoptado. Más de una hora le llevó relatar ese proceso.
"No me imaginé nunca que era hijo de desaparecidos", contó. "Cuando le pregunté a Silvia (Molina) me contó que Ángel (Capitolino, el apropiador ya fallecido) le dijo un día que fueron a La Plata, que ella esperó en una plaza y que él se apareció conmigo, que yo provenía de un lugar para madres solteras y que con María José fue algo parecido."

Sebastián recordó que Capitolino era una persona violenta. Lo definió como "un tipo perverso" de quien Molina se separó en 1991 por esa causa. Recordó que el hombre tenía vínculos con militares y señaló a Ricardo Von Kiaw, del Destacamento de Inteligencia 101 de La Plata que está prófugo y acusado de ser el entregador del joven en la apropiación, como uno de ellos.

Casado Tasca recuperó su identidad en febrero de 2006. Nació en marzo de 1978 cuando su madre Adriana Leonor Tasca, una estudiante de derecho secuestrada en La Plata a fines de 1977 embarazada de cinco meses, estaba cautiva en el centro clandestino de detención "La Cacha". Ella permanece desaparecida al igual que su papá, Gaspar Casado, también estudiante de derecho secuestrado, quien fue visto por última vez en la ESMA.

Entre los últimos días de 2004 y los primeros del año siguiente Sebastián se puso en contacto con Abuelas de Plaza de Mayo y pudo conocer la causa que en 1984 le iniciaron a su apropiador y que había caído por falta de mérito. En esos viejos expedientes judiciales leyó que Capitolino decía que él era su hijo biológico. Esa primera aproximación a la verdad lo convenció de seguir. Y durante ese camino se apoyó en sus amigos Sebastián y Charly. También en María Luz, que en la familia de sus apropiadores había sido su prima, pero que a partir de entonces se convirtió en una amiga, luego en su novia y hoy es la madre de su hija.
Ese camino de dudas lo llevó a tomar la decisión de hacerse el análisis de sangre. El 9 de septiembre de 2006 la Conadi le entregó el fallo judicial en el que constaba que era hijo de desaparecidos. "Yo creo que Ángel (Capitolino) estaba dentro del plan. No se que relación tenía con Von Kyaw. Me gustaría que ellos estuvieran acá (siendo juzgados). Y me gustaría ser querellante", dijo Casado Tasca. Su apropiador murió antes de que él supiera la verdad y el joven confesó que en ese momento sintió alivio. Von Kyaw está prófugo. Pero para su apropiadora, con quien aseguró que mantiene un vínculo afectivo, planteó un atenuante. "A mi me han robado de mi vieja. No me regalaron", dijo conmovido y agregó que cree que Silvia Molina "no conocía" esa situación.

"Sin dudas soy una víctima y no puedo dejar de serlo", señaló al final de su relato. "Soy digno de mi historia y mis viejos", agregó. "A mi Abuela Angelita le agradezco por haberme transmitido esa dignidad. Y si declaro lo que declaro lo hago parado en mi dignidad", finalizó. Y los aplausos del público que asistió a la audiencia lo abrazaron.

Un segundo nacimiento

En el juicio a la médica policial y a la apropiadora de Sebastián Casado Tasca también declararon ayer ante el TOFNº1 de La Plata su tía Ana María Tasca y su primo Mario Luis Frías Casado. “Después del nacimiento de mis dos hijos, el acontecimiento más importante de mi vida fue el encuentro de Sebastián. Fue como otro nacimiento”, recordó el joven. Ana María Tasca recordó que su hermana Adriana Leonor Tasca tenía 22 años cuando fue secuestrada en La Plata.

Contó que, al igual que Gaspar Casado, trabajaban en la Caja de Abogados y que militaban en Montoneros. Contó que en enero de 1977 supo por una sobreviviente que su hermana había estado en el centro clandestino La Cacha y que había pedido que le avisaran que buscaran a su hijo que nacería en marzo de ese año. Recordó que 29 después, el 10 de septiembre de 2006, diecisiete primos y una multitud de tíos y otros parientes se reunieron en la casa de la abuela Angelita, en Mar del Plata, para recibir a Sebastián, que venía de Capital Federal, donde el día anterior había conocido su verdadera identidad. 

Por:Pablo Roesler

lunes, 29 de octubre de 2012

Milico prófugo sigue cobrando sueldo estatal


El financiamiento del prófugo
Alfonso tiene pedido de detención y es buscado por su participación en delitos de lesa humanidad. Abuelas de Plaza de Mayo le pidió al Ministerio de Defensa que dejen de pagarle su sueldo, de ocho mil pesos al mes.

Por Irina Hauser
El ex secretario general del Ejército durante el gobierno de Fernando de la Rúa, Eduardo Alfonso, sigue cobrando haberes de retiro militar por 8016,71 pesos, a pesar de que está prófugo desde mayo en una causa en la que se lo acusa de haber participado en un operativo donde fue secuestrada Beatriz Recchia, embarazada de cinco meses, y asesinado su marido, Domingo García, durante la última dictadura. Alfonso, previsor, ya se había ido del país cuando la jueza Alicia Vence –siguiendo órdenes de la Cámara de Casación– ordenó su detención junto con la ampliación de su declaración indagatoria. Todavía Interpol no lo encontró. El se las arregla, según la información que tiene el juzgado, para que alguien retire de su caja de ahorros el dinero que le deposita la Sociedad Militar. Por esto, Abuelas de Plaza de Mayo le pidió al ministro de Defensa, Arturo Puricelli, que dejen de pagarle, porque es un modo de “financiar su fuga” desde el propio Estado.

El 12 de enero de 1977 era un día de mucho calor. Beatriz, Domingo y su hija Juliana, de tres años, dormían. Un grupo de tareas, de cerca de treinta militares, irrumpió a la madrugada en la casa donde vivían en Villa Adelina. A él le dispararon cuando salió al patio. A Beatriz la secuestraron, y sigue desaparecida. Juliana fue llevada a la casa de sus abuelos maternos. Su hermana nació en cautiverio, fue apropiada, ella la buscó y la pudo encontrar en 2009. Las pruebas de la participación de Alfonso en el operativo estaban en su propio legajo personal. Allí había un Informe de Calificación de 1976/1977 que aquel 12 de enero lo daba con parte de enfermo. El diagnóstico decía “herida de bala con perforación intestinal”. En el Boletín Público del Ejército número 4148 del 6 de julio de 1977 está la condecoración que le dieron por haber recibido el disparo. “Con motivo de las operaciones realizadas en la localidad de Villa Adelina, provincia de Buenos Aires, el 12 de enero de 1977. Medalla ‘Herido en combate’ a Teniente primero C. D. Eduardo Alfonso y Teniente primero D. Raúl Fernando Delaico.”

El 19 de diciembre de 2008 Alfonso fue procesado como partícipe necesario de los delitos de allanamiento ilegal, privación ilegal de la libertad agravada y homicidio agravado. Las Abuelas impulsaron y consiguieron su detención, aunque poco después fue liberado. En agosto del año siguiente, la Sala I de la Cámara Federal de San Martín dispuso la falta de mérito del represor con el argumento de que no podía “afirmarse fehacientemente” que Alfonso “conociera la finalidad del grupo operativo”, y que por el disparo que recibió “se impone aceptar que no habría llegado a participar en ninguno de los hechos que podrían considerarse delictivos”. Su defensa argumentaba que había sido un operativo de tránsito. El 22 de mayo de este año la sala II de la Cámara de Casación anuló el sobreseimiento y devolvió la causa a primera instancia. La jueza Vence ordenó la detención de Alfonso y una nueva indagatoria al día siguiente. Cuando lo fueron a buscar a los domicilios que había declarado, no lo encontraron. La investigación estableció que había salido del país con destino a Uruguay apenas unos días antes, el 20 de mayo, y que luego fue a Paraguay. Luego el Gobierno decidió ofrecer una recompensa de 100 mil pesos a quien pueda aportar datos.

La jueza libró la orden de captura internacional a Interpol, pero aún no fue hallado. Luego reportó la situación al Ministerio de Defensa. Una de las cuestiones que detectó, y que constan en el expediente, es que durante todos estos meses la Sociedad Militar “Seguro de Vida” le siguió depositando a Alfonso los haberes de retiro militar en una caja de ahorro del Banco Macro. “Estos haberes están siendo cobrados por algún tercero en su nombre, lo cual resulta de por sí irregular”, denunció Abuelas. “Pero esta situación se torna aún más grave si se advierte que ese dinero puede ser utilizado por el imputado o por otras personas de su círculo cercano que colaboran con él para financiar su fuga y mantenerse al margen de la acción de la Justicia”, dice la presentación ante el ministro de Defensa.

El texto señala también el hecho de que “por un lado se ofrezca una recompensa pública para detener a Alfonso y por otro siga depositándole mes a mes el dinero que puede utilizar para continuar prófugo”. A esto agregan el deber del Estado argentino “de depurar sus fuerzas armadas de aquellas personas implicadas en graves violaciones a los derechos humanos”.

Existe el antecedente en el caso de un teniente coronel que estuvo prófugo, Carlos Alfredo Sabattini, imputado por delitos cometidos en la subzona 1.4 II La Pampa hasta que al final fue detenido. Lo que no existe, al menos todavía, es una instrucción o un protocolo que determine que debe ser así para todos los represores que se escapan para eludir la Justicia.