lunes, 5 de septiembre de 2011

Comienza en San Juan el juicio a los apropiadores de Jorge Guillermo Goya

"Tiene que saber el destino de mi papá”

Emilio Goya, hermano de Jorge, espera que en el juicio el apropiador Luis Tejada revele información sobre su padre desaparecido. “Queremos que cada genocida pague por su responsabilidad, pero más quiero que mi hermano pueda recuperar su vida”, dice.
Por Alejandra Dandan

Emilio Goya recuperó a su hermano en 2008. Hoy va estar en el rectorado de la Universidad de San Juan porque ahí empieza el juicio oral a los apropiadores de Jorge Guillermo. El juicio es histórico para la provincia, el primero en un territorio que el año pasado repudió con una marcha la Ley de Matrimonio Igualitario. Es la puerta de entrada para el próximo juicio grande con sobrevivientes que enfrentan a una sociedad donde aún muchos miran a la dictadura con los anteojos de los dos demonios. Y es histórico el juicio también para Emilio, que espera encontrar más datos sobre su padre desaparecido y no sólo eso: “Uno busca justicia, queremos que cada genocida pague por su responsabilidad, obviamente quiero eso, pero más quiero que mi hermano pueda recuperar su vida, y su vida es con la nuestra: nosotros somos parte de él y no estamos pudiendo serlo”.

En el juicio será juzgado el suboficial de Inteligencia Luis Tejada y Raquel Quinteros, que inscribieron a Jorge Guillermo como hijo biológico. Emilio avanza como puede, para cuidar sobre todo la relación con su hermano. A partir de 2001 se embarcó para buscarlo en un viaje que lo llevó a Perú, México y España, donde encontró una de las claves con las que avanzó la investigación: un acta de nacimiento en la que constaba la existencia de un hermano, una revelación parecida y diferente de la que hasta ese momento le habían dado las cartas que su padre le mandó en los años de exilio. Los datos de esa reconstrucción, los nuevos elementos con los que pudo terminar de armar lo que sucedió con sus padres a partir del encuentro con el hermano. El juicio. Los datos que espera encontrar, y los apropiadores, son algunos de los temas en los que se detiene ahora.

Emilio es integrante de la Agrupación HIJOS, de Chaco. Vive ahí con dos hijos. Su padre, Francisco Goya, detenido durante el gobierno de Isabel Perón, se exilió en 1975. En México conoció a María Lourdes Martínez Aranda, con quien tuvo a Jorge Guillermo. Viajaron a España. Volvieron a la Argentina para la Contraofensiva. Hasta ahora todo indicaba que los habían secuestrado en Paso de los Libres, en medio del regreso con el niño. Ahora, los nuevos datos conectan esa historia con San Juan.

“En 2001, a partir de los datos que recobro en México y España aparece la parte más sostenible de la investigación –cuenta Emilio–: un acta de nacimiento. Sabíamos que había nacido mi hermano por las cartas, pero cuando uno toca una partida de nacimiento es diferente. Con las cartas teníamos un nombre pelado, porque no sabíamos cómo lo habían anotado. En la embajada mexicana de España encontramos el acta, la primera vez que tuve en mano la anotación vi que no da mayores explicaciones, estaba anotado su nombre y la madre. Pero en la partida del registro civil encuentro que decía: se debe tomar como referencia de nombre paterno el de Francisco Luis, dándole certeza al dato.”

–¿Qué esperás del juicio?

–Acá el juicio en realidad es simbólico porque está probado que ellos anotaron a mi hermano como hijo propio. El juicio sirve para encontrar más información. El intento de alguna reflexión de esa familia, uno o dos datos más de mi viejo. El (apropiador) estuvo en el centro clandestino de Las Cuevas: tiene que saber el destino final de mi papá. Es mi ilusión, digo, intentar comunicarles por qué es tan importante tener algún dato, capaz que lo quiera dar, no sabemos. Hasta donde sé, no dio ni contó nada. Pero yo entre quedarme y ver qué puede pasar, prefiero ver.

–¿Quién era Tejada?

–El trabajaba en Las Cuevas, en el paso fronterizo de Mendoza a Chile, él dice que era administrativo, sólo figura que hizo un pequeño curso de Inteligencia sobre cómo hacer los interrogatorios. ¡Imaginate en qué consistía el curso, seguramente sobre torturas! Hay indicios para comprobar que en realidad trabajaba en el centro de detención.

–Hasta ahora se creía que tu padre desapareció en Paso de los Libres. ¿Cómo llegó tu hermano a Mendoza?

–El dato venía de Víctor Basterra, de las microfilmaciones. El encontró en la ESMA una planilla con nombres marcados en la frontera. Eso abrió la hipótesis de que mi papá entró por Paso de los Libres y cayó. Pero estando preso un tío mío, recibió el dato de que mi papá falleció en Las Cuevas, que cae en un operativo en la zona de Cuyo. Y eso al final es verdad: nosotros lo habíamos desestimado, pero con mi hermano ahí, termina siendo cierto. Lo que no sabemos es cuándo cayó mi papá. Si fue en la primera entrada, en la segunda. Si había entrado por la frontera y lo estaban siguiendo. Si ese papel que vio Basterra era cierto, aunque todo indica que sí.

–¿Cómo llegó tu hermano con los apropiadores?

–Tejada es una persona que trabajó ahí, así es que seguro que mi papá estuvo detenido ahí: o lo mataron o lo llevaron semivivo a morir a Las Cuevas. Evidentemente estaba con mi hermano al momento de la detención o lo que haya sucedido. A mí me cuesta creer la versión de ellos, que dicen que les llegó de un hogar de niños.

–¿Y la inscripción como hijo biológico?

–Eso los deja en el horno, ahora hay que develar qué tanto conocimiento tenían de dónde venía el pibe. Entendiendo que, si el hombre estaba en un centro clandestino y había hecho cursos sobre interrogatorios, es difícil sostener que no se dio cuenta ni tenía idea de dónde salió el chico.

–¿Hubo denuncias anteriores?

–Lo que encontramos es una denuncia en el año 1983 y el apellido aparece en la Conadep. La denuncia es de una persona que dice que Tejada tenía un chico apropiado. En ese momento, la Gendarmería hace una investigación, pero la desestiman con un mecanismo ridículo: le mandaron una carta a Tejada y le preguntaron si conocía a la Fulana de tal que hacía la denuncia.

–¿Quedaron en Mendoza?

–Sí. Primero estuvieron en Mendoza, pero después se trasladan a San Juan en un momento que me parece muy sugestivo, creo que después de aquella denuncia. Y se quedan en San Juan. Mi hermano recién hace un año dejó de vivir en la casa de ellos, pero vive en la casa de la madre del tipo, una mujer que se murió. Para mí el objetivo superior con todo esto es buscar qué pasó con mi viejo, si es posible dar con el cuerpo. Claro, como hermanos nos mueve otra cosa. Nunca nos movió la venganza, sino la búsqueda de memoria, verdad y justicia, cuando uno empieza a buscar la verdad sobre su viejo... Yo entiendo el shock enorme que esto puede significar para mi hermano, pero también es un shock para mí ahora que lo tengo recuperado, en el amplio sentido de la palabra, no recuperar el tiempo perdido, pero sí esa relación que deberíamos haber tenido. Ahora yo quiero que todo este proceso le sirva a él para entender que hubo otra persona, otros que irrumpieron y falsearon todos los datos para que nosotros no podamos contactarnos, ahí es donde el asunto se pone puntilloso, y a mí me interesa que prime esa relación. Espero que este juicio le sirva a él también para procesar todo esto. Siento una contradicción: yo no quiero castigarlo, pero si el padre fue un genocida también quiero juicio y castigo, pero en relación con mi hermano quiero la verdad para que él abra los ojos.

–¿Cómo es la relación entre ustedes?

–El les da todavía mucha importancia a ellos. Pero ellos no son como los de esas historias donde había un tío que les pegaba o un apropiador que lo hacía. En este caso no, todo lo contrario: hizo todo al revés, le dieron una extra atención, un lugar extra en la casa. Ellos tuvieron al final una familia, tuvieron dos hijos más, propios, y él fue como el guía de esos chicos, tenía 4 o 5 años más, fue como su tutor.

Emilio cuenta una historia del viaje en el que dejó todo para salir a buscar a su hermano. En un momento llegó a México, hacía dos días que buscaba una dirección con los datos de un pedacito de un sobre de una carta que le había escrito su padre en 1977. “México creció de una manera tan desproporcionada que una dirección no me llevaba a ningún lado –dice–. Yo buscaba San Juan como calle y era un departamento. Después de un montón de días, encontré a la familia materna de él, me vi con la hermana mayor de María Lourdes, que había estado buscando información de su hermana, pero no había estado en Argentina. Ellos estaban convencidos de que ella había desaparecido en la caída de Somoza.” En la búsqueda, lo que terminó encontrando detrás de algunas escenas es que “hay como una historia dentro de cada una de las historias”. En Chaco, su padre había tenido escondido a Jaime Dri. Cuando, años después, Emilio remodeló la casa encontró alguno de sus papeles en el recoveco de una pared. En México paró en la casa de la hija. Se encontró ahí con Miguel Bonasso, con el que discutió y se enojó y reclamó qué hacían los compañeros por los hijos de los compañeros. “En ese momento se ofende, pero al día siguiente me llama para ver si me hacía un reportaje en el Canal 40, a partir del cual empiezo a encontrar amigos y familiares de María Lourdes.”

Emilio ahora está a cargo de la Dirección de Juventud en Chaco, él que odió ser funcionario, que “odiamos al Estado”, dice. “Cuando mi viejo toma semejante determinación a los 26 años, llega a Perú, se queda, sigue en el exilio, intenta comunicarse con nosotros, sigue en política en la organización, es nuevamente papá con su tercer hijo y decide igual enrocarse hasta los dientes y vuelve, frente a quienes dicen qué hijo de puta no pensó en ustedes, yo digo: primó el amor a un país y una sociedad por sobre el amor a sus hijos, no porque no ames, sino porque estaba dejando en eso todo un legado.”

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