domingo, 19 de junio de 2011

Treinta y cinco historias de vida buscan probar si hubo un plan sistemático de robo de bebés

Mariana Menzulio
Treinta y cinco historias de vida buscan demostrar si hubo un plan sistemático de robo de bebés durante la dictadura, pero no son simples biografías sino vidas que hasta que no recuperaron su identidad estuvieron incompletas y otras que aún no han podido completarse y son buscadas por sus familiares en una lucha que nunca cesará.

De los 35 casos, 25 niños, hoy jóvenes de más de 30 años y en algunos casos con una militancia política activa, como Juan Cabandié, Victoria Donda, María Victoria Moyano Artigas, Victoria Montenegro, Alejandro Sandoval, entre otros, recuperaron su identidad.

A continuación, el relato de las historias que se pudieron reconstruir y que hoy tienen el nombre y apellido, mamá y papá.

El caso de Paula Eva Logares es el primero en el que la justicia utilizó como prueba de filiación la realización de análisis genéticos y en diciembre de 1984 se le restituyó su verdadera identidad y fue criada por su abuela materna.

Paula, junto a su mamá Mónica y su papá Ernesto, fue secuestrada con menos de dos años en Montevideo.

Su mamá estaba esperando a su segundo hija o hijo.

En 1983, Abuelas localizó a una niña que había sido inscripta como hija propia por un subcomisario de la policía bonaerense y retornada la democracia, se iniciaron las acciones legales.

Su hermana o hermano, que debió haber nacido en cautiverio, aún permanece desaparecido.

El caso de Natalia Suárez Nelson Corvalán es el primero en el que se determina la identidad de una hija de desaparecidos a través de una medida judicial alternativa a la extracción de sangre ya que se tomaron muestras de ADN de objetos personales.

Sus papás María Elena y Mario fueron secuestrados en junio de 1977 en La Plata. Ella estaba embarazada de siete u ocho meses y posiblemente haya dado a luz a Natalia en la maternidad clandestina que funcionó en el Penal de Olmos.

En 1985, Abuelas inició una causa a partir de denuncias que aseguraban que un comerciante de La Plata tenía una niña anotada como propia que podía ser hija de desaparecidos. Cuando el matrimonio fue citado por la justicia brindó un relato falso y se opusieron a las pericias científicas.

En 1986 se fugaron a Paraguay con la niña y en 2005, la justicia ordenó realizar los análisis y ante la negativa de la joven, se recogieron objetos personales de su domicilio.

En junio de 2006 los resultados confirmaron que era la hija de María Elena y Mario.

Carlos D’Elia Casco reconstruyó su historia en 1998 cuando la justicia le restituyó su verdadera identidad luego del primer juicio oral que llevó adelante Abuelas donde la apropiadora confesó que el joven no era su hijo biológico.

Sus papás Julio y Yolanda eran uruguayos, y ella estaba embarazada de ocho meses y medio cuando fue secuestrada.

Tras un proceso judicial, en agosto de 1994 Carlos confirmó su identidad.

Leonardo Fossati Ortega, fue uno de esos jóvenes que dudó de su identidad y se acercó a Abuelas para poder reconstruir su historia.

Sus padres Inés y Rubén fueron secuestrados en enero de 1977 y ella estaba embarazada de siete meses. El 12 de marzo de 1977 dio a luz un varón al que llamó Leonardo.

En marzo de 2004, Leonardo dudó de su identidad y se acercó a Abuelas. Poco tiempo después se ordenó la pericia genética y en agosto de 2005 confirmó que era el hijo de Inés y Rubén.

Otro caso es el de Macarena Gelman, nieta del poeta Juan Gelman, cuyos padres Marcelo y María Claudia fueron secuestrados en agosto de 1976. Ella estaba embarazada de siete meses.

El 7 de enero de 1990 el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de su padre, y ocho años más tarde se supo que su madre había sido trasladada a Uruguay y mantenida con vida hasta dar a luz a una niña en el Hospital Militar de Montevideo.

Su abuelo Juan exigió la colaboración de los estados argentino y uruguayo en la investigación con el fin de hallar a su nieta y en 2000 fue encontrada y Gelman pudo reunirse con ella.

El caso de Simón Antonio Gatti Mendez, hijo de Sara Rita y Mauricio, es uno de aquellos en el que los padres buscaron a su hijo luego de ser liberados, ya que el niño fue secuestrado junto a su madre en julio de 1976 y se vio obligada a abandonarlo.

Sara permaneció detenida en "Automotores Orletti" y fue trasladada ilegalmente al Uruguay.

Tras cuatro meses se la oficializó como presa política y permaneció detenida hasta 1981. Después de su liberación, la pareja se puso en contacto con Abuelas para iniciar la búsqueda del niño, período en el que Mauricio falleció.

En 2001 se sumó a esta búsqueda la Comisión por la Paz de Uruguay, pero Sara inició una búsqueda personal y en marzo de 2002 los análisis genéticos confirmaron que un joven argentino que había sido adoptado era Simón y Sara se reencontró con él.

Federico Cagnola Pereyra, su mamá Liliana y su papá Eduardo, fueron secuestrados en octubre de 1977. Ella estaba embarazada de cinco meses.

Según testimonios, Liliana dio a luz en la ESMA en febrero de 1978 a un niño al que llamó Federico.

Fue asesinada el 15 de julio de 1978 y su cuerpo fue identificado en 1985 por el Equipo Argentino de Antropología Forense.

En 1981, se comenzó la búsqueda y años más tarde llegaron a Abuelas denuncias sobre un matrimonio que tendría en su poder un posible hijo de desaparecidos.

Se iniciaron las averiguaciones y la justicia ordenó la medida para obtener muestras de ADN de las pertenencias del joven, quien el 9 de septiembre de 2008 supo que era hijo de Liliana y Eduardo, quien continúa desaparecido.

Ezequiel Rochistein Tauro, es hijo de María Graciela y Jorge, secuestrados el 15 de mayo de 1977 cuando ella tenía cuatro meses y medio de embarazo. Dio a luz a un varón en la ESMA en noviembre de 1977.

La investigación que permitió encontrar a Ezequiel fue a partir de la denuncia de un represor.

Se iniciaron las acciones judiciales y ante la negativa del joven de realizarse los análisis, Abuelas presentó el caso en la Corte Suprema de Justicia, la cual se expidió en contra de la extracción obligatoria, considerando que existían medidas alternativas para obtener muestras de ADN.

A partir de este dictamen, la justicia ordenó la realización de un allanamiento para recoger objetos personales y debido a las irregularidades en la toma de las muestras resultó imposible reconstruir el perfil genético.

Estas dificultades llevaron a que la justicia adoptara una medida como último recurso que permitiera resolver el caso, una requisa imprevista de ropa del joven posibilitó obtener las muestras genéticas. En septiembre de 2010 se confirmó que se trataba del hijo de Graciela y Jorge.

El caso de (Evelyn) Bauer Pegoraro, hija de Rubén y Susana, quien estaba embarazada de cinco meses cuando fue secuestrada, tuvo en su momento notoriedad ya que la joven se negaba a hacerse los análisis por temor a que los resultados fueran usados en contra de sus apropiadores.

Por testimonios, pudo saberse que Susana dio a luz en la ESMA, a una niña a fines de noviembre de 1977.

La niña fue entregada a un ex marino quien la anotó como hija propia, pero en 1999 reconoció que recibió a Evelyn mientras desempeñaba tareas en el Edificio Libertad.

Evelyn siempre se negó a realizar la extracción de sangre, pero en 2008 la justicia ordenó recoger objetos personales de su domicilio para extraer muestras de ADN.

Dos meses después, el BNDG informó a la justicia que la joven era la hija de Rubén Bauer y Susana Pegoraro.

El de Mariana Zaffaroni Islas, hija de María Emilia y de Jorge, es otro de los casos en los que una familia completa fue secuestrada y ella busca a su hermano o hermana nacido en cautiverio.

Mariana nació en marzo de 1975 y el 27 de septiembre de 1976 toda la familia fue secuestrada, estando su madre embarazada de tres meses.

En 1983, Abuelas localizó a Mariana apropiada por el agente de inteligencia, que se fugó con la niña.

En 1991 se logró dar con el paradero y en julio de ese mismo año se realizaron los análisis que confirmaron que se trataba de Mariana Zaffaroni Islas y en 1993 se le restituyó su identidad.

El caso de los hermanos Julien Grisonas, hijos de Victoria y Anatole, marca el inicio de las recuperaciones de identidad, ya que fueron localizados en 1979 en Chile.

Anatole Boris nació en Montevideo el 25 de septiembre de 1972 y su hermana, Victoria Eva, el 9 de mayo de 1975 en la ciudad de Buenos Aires.

El 26 de septiembre de 1976 la familia fue secuestrada. En 1979 los niños fueron localizados mientras se encontraban viviendo en Chile junto a una familia que los había adoptado, luego de que fueran abandonados en una plaza de Valparaíso en diciembre de 1977.

Anatole y Victoria continuaron viviendo con su familia adoptiva pero en contacto con sus familiares biológicos.

María Belén Altamiranda Taranto, nació en junio de 1977 durante el cautiverio de su madre Rosa, quien fue llevada a dar a luz en su octavo mes de embarazo al Hospital Militar de Campo de Mayo donde se le practicó una cesárea.

La niña fue entregada al Movimiento Familiar Cristiano quienes a los tres meses la entregaron en adopción. La joven siempre supo que era adoptada y en el 2005 decidió comenzar la búsqueda para conocer su origen y se presentó voluntariamente en Abuelas.

A mediados de 2006, se ordenaron los análisis genéticos y un año más tarde se supo que era la hija de Rosa Luján y Horacio.

Claudia Victoria Poblete Hlaczik, es hija de Gertrudis y José, nació el 25 de marzo de 1978.

Luego del secuestro de su padre, ella y su madre fueron secuestradas.

Abuelas junto a los familiares iniciaron las causas judiciales hasta que en 1999, una joven fue citada por la Justicia para que se realizara los análisis genéticos. Había sido inscripta como hija propia por un integrante de la estructura de inteligencia del ejército.

La joven accedió a realizarse los análisis que a fines de 1999 confirmaron que se trataba de Claudia Victoria. El 7 de febrero de 2000 la justicia le restituyó su verdadera identidad.

Javier Gonzalo Penino Viñas, hijo de Hugo y Cecilia, quien estaba embarazada de siete meses y dio a luz en la ESMA a mediados de septiembre de 1977.

En 1984, Abuelas inició una causa judicial contra el marino Jorge Vildoza, que se había desempeñado en la ESMA, y tenía en su poder un niño que podía ser hijo de desaparecidos.

Vildoza y su esposa se fugaron con el niño y en 1998, Javier se presentó ante la Justicia solicitando que se le realizaran los análisis, ya que había tomado conocimiento sobre la investigación.

En julio de 1998 los resultados del BNDG confirmaron que se trataba del hijo de Cecilia y Hugo y en diciembre de 1999 la justicia le restituyó su verdadera identidad.

Guillermo Rodolfo Fernando Pérez Roisinblit, nació el 15 de noviembre de 1978 durante el cautiverio de su madre Patricia, quien fue secuestrada con ocho meses de embarazo, junto a su compañero José Manuel.

El 28 de junio de 1977 nació su primera hija, Mariana Eva, quien fue secuestrada junto con su madre y luego del operativo, la niña fue entregada a su familia paterna.

Patricia fue trasladada a la ESMA donde dio a luz un varón al que llamó Rodolfo Fernando el 15 de noviembre de 1978.

En abril de 2000, Abuelas recibió una denuncia anónima que afirmaba que el agente civil de la Fuerza Aérea tenía un niño inscripto como hijo propio con una falsa partida de nacimiento.

Después de ser visitado por su hermana, el joven aceptó realizarse los análisis y el 2 de junio de 2000 los resultados del análisis de ADN indicaron que el joven era el hijo de Patricia y José.

En 2004, el BNDG confirmó la filiación del joven, que es nieto de la vicepresidenta de Abuelas Rosa Roisinblit.

En el caso de Pablo Casariego Tato, su mamá Norma estaba embarazada de cinco meses cuando fue secuestrada y en agosto de 1977 dio a luz un varón.

Desde 1984 Abuelas recibió denuncias sobre dos niños presuntamente hijos de desaparecidos anotados como hijos propios por un mayor médico del Ejército.

En 1985 las Abuelas iniciaron acciones legales y en 1986, ante el requerimiento judicial, se fugaron al Paraguay junto a los dos niños, hasta que en 2003 se logró el acercamiento al joven a través de una nieta.

El 3 de enero de 2007 se realizaron los estudios que en febrero confirmaron que se trataba del hijo de Norma y Jorge.

El último caso que se agregó, hasta el momento al juicio, es el de Francisco Madariaga Quintela, quien fue buscado por su padre, Abel Madariaga, cuando este regresó del exilio en 1983.

Su mamá, Silvia lo tuvo en "El Campito", en Campo de Mayo.

Francisco se acercó junto a "su madre" Inés Colombo, a Abuelas en febrero de 2010, bajo el nombre de Alejandro Ramiro Gallo, manifestando creer ser hijo de desaparecidos.

Inés Colombo manifestó que su ex esposo, era oficial de Inteligencia del Ejército, miembro del batallón 601, y que en el año 1977 le dijo que había un niño abandonado en el Hospital Militar de Campo de Mayo.

A los 13 días de haber acudido al Banco Nacional de Datos Genéticos, el miércoles 17 de febrero, la justicia le comunicó que hijo de Silvia y Abel.

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