viernes, 17 de junio de 2011

Ya no hay más excusas ni engaños, aparentemente

Los hijos apropiados por Noble, aceptaron comparar ADN con las familias del BNGD
Un paso en el camino de la verdad

Las muestras de los hijos adoptivos de la dueña de Clarín se cotejarán con las 246 familias del BNDG. Las razones esgrimidas y las hipótesis sobre el cambio de postura de los jóvenes. Cómo continuarán los trámites del expediente.

 Por Raúl Kollmann e Irina Hauser

Después de diez años de apelaciones y de poner obstáculos de todo tipo, Felipe y Marcela Noble Herrera aceptaron que la Justicia les extraiga pequeñas muestras de sangre para comparar su ADN con el de las 246 familias que buscan sus nietos, hijos de desaparecidos, y cuyos datos están en el Banco Nacional de Datos Genéticos. El proceso judicial ya estaba encaminado en ese sentido: sólo les quedaba el recurso extraordinario ante la Corte Suprema, que –según vaticinaban en tribunales– saldría rechazado. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto, aseguró que se trata de “una noticia alentadora” y la institución explicó que espera la medida “con satisfacción y prudencia”. “Queda claro –señalaron las Abuelas– que nuestro reclamo siempre fue justo y acorde a ley, a partir de las probadas irregularidades de los procedimientos de adopción.” También en el gobierno nacional, el ministro Florencio Randazzo se mostró conforme: “Siempre se quiso saber la verdad y ésta es una buena señal”.

Ayer mismo la jueza Sandra Arroyo Salgado pidió a la Cámara de Casación que le devuelva el expediente y su plan es convocar a los hijos adoptivos de la dueña de Clarín la semana próxima para que ratifiquen su decisión y de inmediato vayan al BNDG para hacer la extracción de muestras de sangre, pelo y saliva, con lo que se buscará asegurar que la determinación del perfil genético sea certera. Sin embargo, habrá que ver si Casación declara abstractas las apelaciones que ya se habían presentado con cierta rapidez, de manera que el proceso se pueda poner en marcha.

Ayer circularon numerosas teorías para intentar explicar el cambio de actitud de Marcela y Felipe de no apelar el fallo de la Cámara de Casación que dos semanas atrás ordenó la extracción de ADN “con o sin” su “consentimiento”, aunque con la concesión de limitar el cotejo a un grupo de familias. El argumento esgrimido públicamente y en el escrito presentado por sus abogados en el juzgado es que quieren “terminar con la persecución, los ataques y los sufrimientos”. En verdad, el razonamiento se cae por sí solo: el paso que acaban de dar pudieron haberlo dado en diciembre de 2002, cuando se ordenó por primera vez la realización del ADN. En aquella época ni siquiera gobernaban los Kirchner. Sin embargo, apelaron y esquivaron la extracción. Cuando se les pidió la ropa para obtener su perfil genético, se encontró ADN de mujer en prendas íntimas masculinas y ropa interior de mujer con más de un perfil.

Alejandro Carrió, abogado de los jóvenes, dio a entender que tomaron la determinación por el estado de salud de su madre adoptiva, Ernestina Herrera de Noble, que tiene 86 años. El letrado no explicó si la empresaria está enferma o si el cuadro judicial la estaba afectando.

Desde el punto de vista personal, también puede haber ocurrido que hayan decidido dar el paso de conocer su identidad, algo que ha ocurrido en numerosas oportunidades, tanto con hijos de desaparecidos como con hijos adoptados. Los letrados que intervienen en la causa sostienen que en las audiencias más recientes, Felipe y Marcela habían cambiado de actitud y saludaban a los abogados de la parte querellante de manera diferente y no parecían tan distantes.

Más adeptos recogió el diagnóstico de que el camino judicial de los Herrera Noble estaba cerca de terminarse. Es que hay coincidencia en que la Corte rechazaría su recurso, con lo cual la extracción compulsiva de material genético quedaba firme. Ante esta situación, no parece ilógico adelantarse a la jugada y limitar el daño. Los jóvenes tiraron todo lo que pudieron de la cuerda y ahora, si la comparación da positiva, dirán que fue porque ellos aceptaron dar su sangre.

No faltan quienes diagnostican que el cambio de postura obedece a que de alguna manera pudieron haber conseguido los datos del Banco Nacional de Datos Genéticos y que en privado ya hicieron la comparación. Los especialistas opinan que no es fácil vulnerar la seguridad del organismo que conduce la genetista Belén Rodríguez Cardozo. Pero tampoco es imposible. Allí hay muestras genéticas de 246 familias que aún buscan a sus nietos, a las que se suman las de 104 nietos que ya recuperaron su identidad. Cada ADN se compone de 15 marcadores que, a su vez, está constituido por dos números, que tienen entre cinco y 15 variantes. Desde el punto de vista del volumen de la información, es mínimo: entra perfectamente en un pendrive. Los integrantes de las organizaciones de Derechos Humanos consultados por este diario consideraron que, en última instancia, lo que importa es la verdad, de manera que aunque alguien haya conseguido la base de datos del Banco de manera turbia, lo fundamental será conocer si los hijos adoptivos de la dueña de Clarín son o no hijos de desaparecidos.

Las Abuelas estiman que aún falta recuperar a unos 400 nietos. Las muestras disponibles en el BNDG corresponden a 246 familias que denunciaron que sus hijas (o mujeres con otro parentesco) estaban embarazadas o tenían bebés pequeños al momento de su desaparición. Sin embargo, con el tiempo fueron apareciendo otras familias que no tienen certeza del embarazo de sus hijas, pero que creen que podría haberse dado. Por ese camino se restituyeron nietos que en el momento en que se presentaron no daban con ninguna de las familias que estaban en el Banco. En el comunicado de Abuelas, justamente, se insiste en que, si el resultado no fuese positivo, las muestras de Marcela y Felipe deben quedar en el BNDG porque pueden aparecer nuevas familias.

Alcira Ríos, letrada de las familias querellantes Miranda-Lanoscou y Gualdero-García cree que “es muy difícil que Felipe y Marcela provengan de madres indigentes a las que les dieron un dinero a cambio de los bebés”. “Hace 30 años que investigamos estos procedimientos. Cuando las madres entregan a sus hijos –explica– existe un acta de nacimiento que el hospital tiene obligación de hacer, en la que luego se pone el nombre de los padres que se quedan con el bebé. En el caso de los Noble Herrera no hay acta de nacimiento, a lo que se suman múltiples irregularidades en la adopción que logró Ernestina Herrera de Noble, incluyendo su relato de que encontró un bebé en una caja, los testigos falsos y su afirmación de que el otro bebé se lo dio una mujer cuyo nombre resultó inexistente y su número documento era el de un hombre. Todo esto nos llevó a las sospechas iniciales. A eso agregue que la jueza que intervino también entregó un bebé que dio a luz una madre desaparecida.” Ríos insiste en que “en los procesos de entrega de hijos de desaparecidos hubo trampas de todo tipo, de modo que todo debe ser investigado. En el caso de los Noble Herrera, sumaron maniobras y obstáculos durante una década. Es bueno que de una vez por todas se sepa la verdad”.

Tras la presentación de ayer en el juzgado de Arroyo Salgado, es posible que el trámite se demore algunos días por los pasos previos que tiene que dar la Justicia.

- Tras recibir el escrito, la jueza notificó la decisión de Felipe y Marcela a la Cámara de Casación, al fiscal y a las querellas.

- Los jóvenes deberán ratificar en el juzgado que aceptan las extracciones. El texto donde lo anunciaron sólo está firmado por sus abogados, Alejandro Carrió, Ignacio Padilla, Horacio Silva y Roxana Piña.

- En el día de ayer habían presentado sendas apelaciones las Abuelas, a través de Alan Iud, las familias querellantes, representadas por Pablo Llonto y Alcira Ríos, y el fiscal de Casación Raúl Pleé. La Cámara podría dejarlas sin efecto. Ríos dijo que insistirá con su planteo para evitar que la decisión que había adoptado Casación de poner un límite al entrecruzamiento de ADN de Marcela y Felipe siente un precedente. Es en este punto donde podría producirse una demora, ya que Casación tiene que resolver.

- Según afirman en el juzgado, los recursos devienen abstractos, porque ya los jóvenes aceptaron hacerse la extracción y que se comparen los perfiles genéticos con todos los que están en el BNDG, que es lo que reclamaban las querellas.

- El siguiente paso será citar a Felipe y Marcela en el Banco, donde se realizará la extracción de muestras mínimas de sangre, saliva y pelo. El objetivo es tener el perfil genético por las tres vías. A partir de ello se cruzarán los datos con el de las familias. En el juzgado sostienen que el proceso será rápido y podría completarse en semanas, aunque habrá que ver cuánto tarda Casación en despejar el camino.

“Tomaremos recaudos para que la pericia que se haga respete todos los procedimientos habituales y que no haya situaciones extrañas y dudosas como ha ocurrido tantas veces en esta causa”, dijo Iud, el abogado de Abuelas. El organismo cerró su comunicado oficial sosteniendo que “las reiteradas obstrucciones, que comenzaron con el irregular apartamiento del juez que impulsó la investigación y procedimientos policiales fraguados para obtener ADN, nos obligan a mantener la cautela hasta verificar que los análisis se realicen con las debidas garantías. Las Abuelas, como en todos los casos, anhelamos llegar a la verdad y restituir a todos los nietos que aún viven en la mentira.”

miércoles, 15 de junio de 2011

Argentina: identidad arrebatada

Pablo Latapí Sarre

Decenas de jóvenes criados en el seno de familias de militares o afectas a la dictadura, que amaron a los que creyeron sus padres y compartieron sus ideas y valores, se enteraron de golpe que fueron secuestrados cuando eran recién nacidos y que a sus progenitores los asesinaron o los desaparecieron. La noticia les provocó un desgarramiento emocional. Al principio se negaban a conocer su verdadero origen y defendían a quienes se apropiaron de ellos. Sin embargo, poco a poco se han acercado a sus padres biológicos y empiezan a recuperar sus orígenes, su identidad.

BUENOS AIRES.- Hace cinco años el coronel argentino Herman Tetzlaff le dijo a Hilda Victoria Montenegro que no era su verdadero padre y que él había matado a sus progenitores, integrantes de la guerrilla del Ejército Republicano del Pueblo (ERP), durante un operativo el 13 de febrero de 1976, poco antes del golpe de Estado en Argentina.

Ella le dio las gracias…

Le agradeció que la salvara de haber sido criada como una subversiva. A este grado llegó la ideologización a la que fue sometida esta joven, arrancada de su familia biológica a los 13 días de nacida.

La confesión ocurrió durante una cena poco después de que los análisis del ADN de Montenegro, que entonces tenía el nombre de María Sol Tetzlaff, demostraron que sus padres eran Hilda Ramona Torres y Roque Orlando Montenegro.

“Tetzlaff me dijo que él era el jefe del grupo, que entró y que él fue quien mató a mis padres, que mi mamá era rubia. Que era una guerra. Que todo lo que hizo lo hizo por mí. Yo le dije: ‘Gracias por salvarme la vida’.”

Montenegro rindió este testimonio con la voz entrecortada durante el juicio que desde el pasado 28 de febrero se realiza en Buenos Aires contra seis importantes mandos militares de la última dictadura argentina (1976-1983) –incluidos los expresidentes Jorge Rafael Videla y Reinaldo Bignone– por su responsabilidad en el robo de aproximadamente 500 hijos de opositores políticos muertos o desaparecidos. De ellos, unos 400 aún son buscados por sus familiares.

La sustracción de bebés durante la dictadura fue el único delito que no consideraron las Leyes de Punto Final dictadas por Raúl Alfonsín en 1986. Esta legislación frenó los procesos contra los autores de crímenes de lesa humanidad cometidos durante esos años, hasta que fue anulada por el Congreso en 2003.

Por ello, desde el restablecimiento de la democracia, en 1983, no han cesado los juicios por robo de niños, aunque marchan con lentitud y enfrentan muchos obstáculos. Hasta ahora han sido encontrados 103 hijos de desaparecidos.

Sin embargo, sólo se había enjuiciado a quienes adoptaron ilegalmente a los niños haciéndolos pasar como propios o a los autores directos de la sustracción, como médicos u otros cómplices.

Esta es la primera vez que se juzga a algunos de los supuestos autores intelectuales de lo que la parte acusadora –integrada por el Ministerio Público y varias asociaciones y familiares de víctimas– califica como “una práctica o un plan sistemático de apropiación de niños durante la última dictadura militar”.

“Aquí lo que se trata de demostrar es que se ideó un plan desde la estructura más alta de poder, y se dieron órdenes específicas acerca de qué hacer con aquellos niños secuestrados junto con sus padres o con las mujeres en estado de gravidez recluidas en centros clandestinos de detención”, explica al reportero el abogado Agustín Chit, representante de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, una de las querellantes particulares.

Además de Videla y Bignone –ya encarcelados y condenados a cadena perpetua por otros delitos de lesa humanidad–, están acusados algunos de los personajes más representativos de la represión, como Rubén Franco, excomandante en jefe de la Armada e integrante de la última Junta Militar; Antonio Vañek, jefe del Comando de Operaciones Navales; Santiago Riveros, antiguo comandante de Institutos Navales, y Jorge El Tigre Acosta, uno de los torturadores más feroces del centro clandestino de detención de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), lugar que se ha convertido en símbolo de la represión desatada por la dictadura.

Los acusados enfrentan en esta causa delitos relacionados con los casos de 35 bebés que fueron sustraídos. De estos casos, 25 pertenecen a hijos de desaparecidos. Su identidad y paradero se han establecido; de los 10 restantes no hay más datos.

Entre las pruebas que la parte acusadora esgrime para demostrar que había un plan sistemático para apoderarse de los infantes se encuentran las declaraciones del general Ramón Camps, ya fallecido. En una entrevista concedida a una revista española en 1983, este militar dijo que no entregó a algunos hijos de desaparecidos a sus familias biológicas porque “los subversivos educan a sus hijos para la subversión y eso había que impedirlo”.

En la mayor parte de los casos esos niños fueron destinados a familias de militares o cercanas a las fuerzas armadas que no podían tener hijos, con el propósito de que los educaran con los valores que consideraban correctos.

 

Perversión

 

El 28 de mayo de 1976, en plena dictadura, el coronel Tetzlaff acudió a una comisaría para recoger a la niña que tres meses y medio antes sacó de la casa de sus padres. El comisario Horacio Sella, quien después fue el padrino de la menor, le pidió a Tetzlaff y a su esposa que la educaran como “una persona de bien”, para que no fuera “subversiva” como sus padres, según le explicaron a la joven sus apropiadores.

Durante mucho tiempo le hicieron creer que ella era su hija y que todas las acusaciones en contra de ellos era un plan de “la subversión” para desprestigiarlos; que la organización Abuelas de Plaza de Mayo controlaba el banco de datos genéticos creado para identificar a los nietos desaparecidos durante la dictadura y lo usaba para vengarse de los miembros de las fuerzas armadas, difamándolos.

“No creo que haya arista más perversa en todo lo que fue la represión en este país que el tema de los niños”, comenta a Proceso Lydia Vieyra, testigo de este juicio que estuvo presa en uno de los centros clandestinos de detención de la dictadura en los que 30 mil personas fueron torturadas, asesinadas o desparecidas.

“Esto de que los críen en familias de los mismos que mataron a los padres es una perversión. Y que hoy, a 30 años, sigan ocultando la identidad de estos chicos, es increíble”, sostiene.

Vieyra es una de los 200 sobrevivientes del centro de torturas de la ESMA, por donde se calcula que pasaron 5 mil presos políticos. Ella estuvo 16 meses en ese lugar, situado en el norte de Buenos Aires, tiempo durante el cual vio a una veintena de embarazadas. Ante la necesidad de llevar a buen término los partos de las detenidas gestantes para disponer de sus bebés, los militares improvisaron salas de parto en algunos campos de detención, entre ellos la Escuela de Mecánica.

Lydia asegura que acompañó a una de esas mujeres, María Hilda Pérez de Donda, Cori, mientras daba a luz en el centro de detención. Recuerda que fue a mediados de 1977 y que el alumbramiento ocurrió en una habitación habilitada como enfermería donde sólo había una mesa para que la parturienta se tumbara.

“Fue un parto muy bueno porque María Hilda ya tenía una hija y experiencia en dar a luz. Terminado el parto, el médico (Jorge Luis Magnacco) me da a mí a la bebé y se va, con un abandono de paciente absoluto”, señala.

“Cori saltó de la mesa, agarró a la beba y me dijo: ‘Le vamos a poner Victoria’. Porque era como una victoria que esta criatura hubiera nacido en esas condiciones”, indica la sobreviviente.

Añade que en ese momento sabían que se iban a llevar a la niña, pero pensaban que iban a entregarla a la familia de María Hilda, pues eso les hacían creer a las madres. Incluso les pedían que escribieran una carta a sus parientes.

Al día siguiente fueron por la bebé, pero no la llevaron con sus abuelos. Lo más tétrico de este caso es que el propio tío de Victoria, el miembro de la Marina Adolfo Donda, participó en la sustracción de la niña. Él mismo se apropió de la hija mayor de su hermano, Daniela, y entregó a Victoria a su amigo Juan Antonio Azic, también marino. Una semana después del parto su hermano y su cuñada fueron “trasladados”, un término que utilizaban en la ESMA para los presos que eran sacados de allí para ser ejecutados. Hasta la fecha se encuentran en calidad de desaparecidos.

En 2004, Victoria conoció su verdadera identidad a raíz de que el juez español Baltasar Garzón exigió la extradición de Azic por delitos de lesa humanidad. El militar intentó suicidarse pegándose un tiro en la boca.

Actualmente, Victoria Donda Pérez es una destacada activista a favor de los derechos humanos y es diputada por el Movimiento Libres del Sur, un pequeño partido de izquierda.

 

“Por tu culpa”

 

Pedro Sandoval nació en un centro clandestino de detención. También creció con la creencia de que era hijo de su apropiador Víctor Rei, un miembro de la gendarmería (la policía militarizada argentina) graduado con honores en la Escuela de las Américas.

Un día, acosado por la justicia, que ordenaría su detención el 17 de mayo de 2004, Rei le contó la verdad: que en realidad era hijo de desaparecidos.

Al igual que Montenegro, Pedro intentó junto con su apropiador frenar y sabotear el proceso legal iniciado para esclarecer su verdadera identidad. Para ello era necesario colectar muestras de su ADN y cotejarlas con los registros genéticos de todas las familias que buscan a bebés desaparecidos durante la dictadura.

A Rei le avisaron que allanarían su casa para recoger objetos personales que tuvieran contenido genético del joven. Entonces entregó una toalla, un peine y un cepillo de dientes de él mismo para que en el examen saliera su propio ADN en lugar del de los verdaderos padres de Pedro. Lo que el joven hizo a continuación lo atribuye ahora a una “jugada del inconsciente”.

“Pensé: ‘si vamos a hacer todo mal, hagámoslo por completo’. Agarré el cepillo de dientes y le lavé los dientes al perro, lo sequé con la toalla y lo peiné con el peine”, relata al reportero.

Al detectar el ADN de un animal, la justicia volvió a repetir el procedimiento y se logró averiguar que el joven era hijo de Liliana Fontana y de Pedro Sandoval. Rei fue condenado a 16 años de prisión el 23 de abril de 2009. La última vez que Sandoval lo vio fue en la cárcel, una semana después de la sentencia.

“Yo lo veía que venía gritándome: ‘¡Por tu culpa yo estoy acá, por tu culpa, por tu culpa!’ Le digo: ‘Disculpame, ¿cómo que por mi culpa vos estás aquí? Que yo sepa, nacer no es un delito, y robar sí’. Entonces me dice de nuevo: ‘¡Por tu culpa, por tu culpa!’ Lo miré, me di vuelta y me fui”, cuenta Sandoval.

El muchacho asegura que en la actualidad mantiene una excelente relación con su familia biológica y dice que se siente orgulloso de la militancia política de sus padres que los llevó a ser secuestrados y desparecidos por la dictadura.

 

“Volveríamos a hacerlo”

 

Elsa Pavón, la primera abuela en conseguir que la justicia le devolviera a su nieta, Paula Logares, recuerda todos los obstáculos que han tenido que superar las abuelas y familiares de niños robados durante la dictadura.

Paula fue “apropiada” cuando tenía 23 meses por el comisario de una brigada en la que estuvieron detenidos sus padres poco antes de que los desaparecieran. Pavón consiguió encontrarla y obtuvo su custodia en diciembre de 1984, justo un año después de la reinstauración de la democracia. Esta tesonera abuela ha seguido colaborando en la búsqueda de nietos desaparecidos, primero con Abuelas de Plaza de Mayo y luego con la Fundación Anahí por la Justicia, la Identidad y los Derechos Humanos.

Durante muchos años, cuando un nieto era recuperado por su familia biológica, un sector de la sociedad –apoyado por algunos medios de comunicación– señalaba que a estos jóvenes se les arrebataba su hogar y sus padres. “Entonces –apunta Pavón– lo que teníamos que contestar nosotros desde Abuelas es que los padres les fueron arrebatados en otro momento y nadie estaba para protegerlos”. Por fortuna, esa manera de pensar, dice, “ha cambiado en los últimos tiempos”.

Pedro Sandoval coincide en que antes de 2003 “todos te hablaban de adopción” y decían: “que estas viejas dejen de molestar a estos pobres chicos que son criados de buena fe por una fe”. Ahora, indica, se ha modificado esa percepción.

El tema aún es vigente y polémico. La controversia más conocida ocurre en torno a los hijos de Ernestina Herrera de Noble, propietaria del Grupo Clarín, el mayor conglomerado de medios de Argentina, cuyos hijos son supuestamente hijos de desaparecidos.

La mujer y los dos jóvenes –Marcela, de 35 años, y Felipe, de 34– se oponen a la extracción obligatoria de sangre ordenada por la justicia. Sus abogados la consideran equiparable a “un acto de tortura, vejación, un trato inhumano y degradante”.

El camino que siguen los hijos de desaparecidos varía en cada caso. “Hubo chicos que se apartaron de la familia legítima y se acercaron a la apropiadora”, admite Pavón. La mujer recuerda que siempre “hubo muchachos que se rebelaron, que gritaron, que hicieron escándalos mediáticos, por supuesto ayudados por los periodistas que querían mostrarlo de esa manera”.

Así fue en el caso de Hilda Montenegro, quien al principio estaba decidida a pedirle a su familia biológica que la dejara en paz y a quedarse con su apropiador, condenado a cuatro años de prisión por el robo de infante. No obstante, al ir conociendo a sus familiares biológicos pudo ver que no eran los peligrosos subversivos que le habían descrito quienes la criaron; que la habían estado buscando y que les emocionaba haberla encontrado, a pesar de que ella los veía como “el enemigo”.

Comenta que al principio sentía afecto por las dos partes: por su familia biológica y por sus apropiadores, a los que veía como gente que la había amado pese a ser la hija de quienes consideraban sus enemigos. “Yo decía: ‘Los quiero a los dos’. Pero hoy por hoy, no. Eso no es el amor; el amor no son esas cosas”, dice.

Tetzlaff murió por enfermedad mientras cumplía condena. Pese a todo ella sigue visitando a la que durante muchos años creyó su madre. “Él nunca me pidió perdón por lo que hizo. Me decía que me había salvado la vida. Mi apropiadora insiste en que volvería a hacer lo mismo, que bien valieron los desaparecidos y lo que nos pasó a nosotros para salvar a la patria de la subversión”, explicó Hilda durante el juicio.

“Mis padres no eran locos que tiraban bombas. Eran jóvenes que luchaban y que dieron la vida. Ahora veo que quienes luchaban por la patria eran ellos”, reivindicó.

Ante los magistrados de la causa, Montenegro dice: “Con todo lo que pasó tendría que estar llena de odio y no es así”. A pesar de la entereza que muestra al narrar su historia, asegura que aún tiene muchos sentimientos encontrados. “Creo que al día de hoy no he terminado de entender lo que pasó”.

martes, 14 de junio de 2011

Testimonio de Adriana Chamorro sobre embarazadas

Una mamá que dejó una marca

La mujer relató el nacimiento de Victoria Moyano Artigas, de cuya madre, María Asunción Artigas Milo, fue compañera de celda. A María Asunción la dejaron estar ocho horas con la niña, a la que le dio el pecho aunque se lo habían prohibido.

 Por Alejandra Dandan

La declaración estaba terminando. Uno de los jueces le preguntó por una palabra que había pronunciado varias veces a lo largo del testimonio. ¿Podría explicar qué eran los traslados? Adriana Chamorro hablaba del otro lado de una pantalla, conectada a una videoconferencia desde Canadá. “Había traslados chicos; traslados a la libertad y traslados grandes –explicó–: para la libertad, los bañaban, afeitaban, les ponían buena ropa de lo que encontraban de otros presos que habían quedado y ellos se iban de día; para los traslados chicos, los sacaban con las mismas esposas y tabiques que tenían en el lugar. Y después estaban los grandes, que eran los traslados en los que los guardias decían que los iban a subir a un avión para llevarlos al sur y decían que les daban un calmante para el viaje, estaban completamente atados, con las cabezas vendadas y los brazos atados atrás.” A María Asunción Artigas Milo –la madre de Victoria Moyano Artigas– se la habían llevado del Pozo de Banfield en un traslado grande –explicó–, aunque aclaró que no eran más de cinco o seis personas.

Adriana Chamorro compartió el agujero negro que ocupaban como celda en el Pozo de Banfield con María Asunción, la madre de Victoria, apropiada por el hermano de Oscar Penna, el jefe de la Brigada de San Justo. En la audiencia por el plan sistemático de apropiación de niños, Adriana declaró con la memoria entrenada de los sobrevivientes cómo se las arregló con sus compañeros para ir contando los tiempos de las contracciones de María, cómo la dejaron permanecer ocho horas con su hija, cómo le dio el pecho para dejarle una marca pese a que se lo había prohibido la patota.

“Cuando se llevaron a otra compañera, Mary se queda sola en el calabozo”, explicó Adriana. “Una noche abrieron la puerta, preguntamos qué pasó y nos dijo que vino el oficial de guardia con otra persona, le dijeron que se levantara, que se sacara la venda: ‘Esta es la presa de la que te hablé’, la presentaron. Le preguntaron cómo estaba, si estaba con contracciones; ella les dijo que necesitaba vitaminas, mejores condiciones de vida y el hombre se fue; a los pocos días tuvo unas pastillas que suponemos que eran vitaminas, y todos pensamos que eran de la persona que se iba llevar al bebé, para mí también lo pensó ella, pero nadie dijo nada”.

Cada vez que había traslados masivos, los guardias cambiaban a los prisioneros de sus celdas. Para fines de junio de 1978, se habían llevado a la persona que estaba con María y pusieron a Adriana en ese lugar. María entraba en cuadros de crisis que parecían epilepsia. Se ponía un poco sombría, rara y de repente le daba el ataque, por el que quedaba arqueada para atrás y se caía unos cuantos minutos. En una ocasión, entró un oficial de guardia con un médico que no era Jorge Bergés, a quien conocían de las torturas y a quien María vería más tarde en el parto. Este otro era delgado, bajito, con barba. “Vos te vas a mentalizar –le dijeron a María– de que hasta que no nazca tu hijo no te vas a ir de acá”.

María pedía el traslado porque a su compañero ya se lo habían llevado. Ya estaba muy embarazada, dijo Adriana. “Decidimos no llamar más a las guardias por los ataques porque prácticamente la respuesta eran acosos sexuales, así es que yo la vigilaba y cuando se caía, la sostenía, le ponía agua y era todo lo que podía hacer.”

La noche del 24 de agosto empezaron las contracciones. Los secuestrados tenían desarrollado un sofisticado sistema de comunicación secreta. A través de los ladrillos huecos de las paredes establecían puentes de contacto o “teléfonos” con las celdas de al lado. Se entendían con susurros, y con los que estaban más lejos, con algo parecido a un código Morse: “Estábamos sin luz pero era como si nos viésemos, hablábamos muy muy rápido y no necesitábamos completar las palabras porque teníamos mucha práctica, nos contábamos películas, jugábamos al ajedrez y nos dábamos mensajes”.

Cuando empezaron las contracciones, como nadie tenía reloj, Adriana puso a trabajar a dos compañeros de las celdas contiguas: uno era Carlos Rodríguez, el otro su ahora ex marido Eduardo Atilio Corro, que declaró ayer. “Golpeaba una pared para que Carlos empezara a contar; golpeaba cuando terminaban para decirle que parara y simultáneamente golpeaba al otro costado donde estaba Eduardo, para que tomara el tiempo de los intervalos: así, cuando contamos lo que parecía una frecuencia de cinco minutos llamamos a la guardia.” Todos pegaron las orejas contra el piso. “Y pocos minutos después escuchamos un grito del bebé que nacía, y no pasó como en los otros casos, a ella no la trajeron inmediatamente.”

Los guardias dejaron a María toda la noche con Victoria. Al otro día, ella volvió con algodón, un frasco de Espadol y sábanas manchadas de sangre. La habían dejado estar ocho horas con la niña pero tenía terminantemente prohibido darle el pecho, cosa que ella no hizo porque le quiso dejar “la marca de una manera o de otra”. María les contó cómo era la niña. Que tenía las cejas de Fredy, el pelo muy oscuro, los ojos oscuros y parecía nerviosa porque se sobresaltaba con cualquier movimiento. Después entró en una gran depresión. “Ella había tenido una nena que se llamaba Romina que se había muerto a los ocho o nueve meses, así que a partir de ese momento se pasaba el día entero hablando de Romina y la nueva nena.”

Adriana dejó el centro clandestino el 11 de octubre. Pasó dos meses en una comisaría y luego la llevaron al penal de Villa Devoto. Antes de irse, uno de los guardias le dijo que no se preocupara por María, que iba a irse al otro día. Y María se fue: se supone que integró el grupo del traslado grande del 12 de octubre, en el que salieron los últimos prisioneros, y permanecen desaparecidos.

Otras dos embarazadas


Adriana Chamorro habló sin pausas. Durante la declaración mencionó a otras dos embarazadas. Una de ellas es Yolanda Iris Casco, la madre de Carlos D’Elía, y la otra Aída Sanz, la madre de Carmen Gallo Sanz. Adriana no las vio embarazadas. Las dos tuvieron a sus hijos antes de que ella llegara al Pozo de Banfield. Aída entró en trabajo de parto durante las torturas. “Supimos que tenía mucha angustia por su hija, porque se preguntaba cuáles podían ser las repercusiones de una tortura cuando estaba naciendo.” Cuando le sacaron a la niña, le dieron un papel para firmar. Le dijeron que estaba con una familia y que necesitaban la firma para el bautismo: “Ella casi no vio a la niña, tuvo que limpiar la enfermería en cuatro patas, con el trapo, recién parida y arreglarse con el problema de la leche”.

lunes, 13 de junio de 2011

Ahora una apropiadora se presenta como una víctima

La apropiadora de Francisco Madariaga acusó a su ex marido
 “Es como un ofidio que inocula el veneno”

En la causa por el plan sistemático de apropiación de bebés, Inés Colombo se presentó como una víctima de la violencia del ex carapintada Víctor Gallo y dijo que temía que él la matara. Pero no pudo aclarar las dudas de los jueces, la fiscalía y la querella.

 Por Alejandra Dandan

Ella está acusada de la apropiación de Francisco Madariaga y de haber ocultado su identidad durante casi 30 años, igual que su ex marido, Víctor Alejandro Gallo, un oficial de Inteligencia del Ejército y ex carapintada que está detenido. Ayer Inés Susana Colombo se sentó en la sala de audiencias de los Tribunales de Retiro dispuesta a defenderse y, en ese contexto, a declarar contra su ex marido. Después de horas de audiencia, dijo que temía ser asesinada por Gallo y citó a una psicóloga que lo atendió, quien le dijo que él era un psicópata: “Es como un ofidio que inocula el veneno y se sienta a esperar, son tal cual las palabras que usó la psicóloga –contó ella–. A mí me costó mucho tiempo llegar a entender las características de un psicópata”.

En las tres horas de un testimonio presentado con la lógica de las víctimas de la violencia de género, Colombo no pudo terminar de aclarar las preguntas que una y otra vez le hacían los miembros del Tribunal Oral Federal 6, las querellas de Abuelas de Plaza de Mayo y la fiscalía encabezada por Martín Niklison. ¿Cómo es que el pediatra que revisó a Francisco Madariaga cuando apenas tenía unos días nunca le preguntó de dónde era ese niño? ¿Por qué, pese a sentirse amenazada de muerte, no habló con Francisco para revelarle su origen cuando pudo hacerlo, en 1992, después de la primera separación de Gallo? ¿O en alguno de los casi diez años que él estuvo detenido? ¿O en alguna de las ocasiones en las que Francisco sugirió que podía ser hijo de desaparecidos? ¿Por qué esperó hasta 2010 para decírselo?

Francisco Madariaga empezó a saber su origen en febrero de 2010, a partir de una pregunta que le hizo a ella. Es hijo de Abel Pedro Madariaga y Silvia Quintela Dallasta, secuestrada con cuatro meses de embarazo y desaparecida. El caso es uno de los 35 expedientes que se ventilan en el marco del juicio por el plan sistemático de robo de bebés durante la dictadura, que ayer sumó a Gallo y Colombo al banco de los acusados como apropiadores. Gallo llegó al juicio con un largo prontuario: dueño de una agencia de seguridad llamada Lince, tiene causas por tentativa de robo, falsificación de documentos públicos, robo y coacción, tenencia de explosivos, una condena en 1996 y ahora el proceso por sustracción de identidad y falsificación de documentos. En el primer tramo del debate, el tribunal leyó la acusación de elevación a juicio oral de los dos. Preguntó a Gallo si estaba dispuesto a declarar, pero él se negó. El tribunal leyó entonces una declaración anterior: él negó pertenecer al Batallón 601 y, sobre el origen de Francisco, dijo que un superior se lo dio en una calle de Campo de Mayo para entregarlo al hospital de San Miguel porque los padres se habían muerto.
La declaración

“Yo ante todo vengo acá para hablar de mi situación”, dijo Susana Colombo, apenas empezó a declarar. “No sé por qué pude tomar la decisión de hablar con Francisco, mi hijo en ese momento, después de haber estado presionada durante mucho tiempo, y poder aclararle a su pregunta de dónde provenía.”

Francisco le preguntó quién era en febrero de 2010. Llevaba dos años con un cuadro depresivo, trabajaba en la empresa de seguridad de Gallo, donde estaba “extremadamente estresado”. Gallo lo cambiaba de lugar o le mentía diciéndole que no hacía bien el trabajo y que por eso los jefes se quejaban. “Un día vino a casa desesperado”, contó la mujer. “Me dijo que no podía ser cómo lo trataba, estaba en una situación desesperada, llamó a este hombre para decirle por qué lo hacía, era una situación que ponía en riesgo su vida.”

Después de las llamadas, Francisco golpeó la mesa y dijo: “¡Yo no puedo ser de esta familia! Decime, decime la verdad: ¿yo soy de esta familia?”. “Y yo le dije que no”, contó Colombo. “Era la primera vez que él me lo preguntaba”, explicó, aunque no es lo que dijo en varias oportunidades el propio Francisco. En ese momento, él le preguntó por sus padres. “Como me habían dicho que lo habían abandonado, yo le dije: podés ser hijo de él porque es un mujeriego, podés ser hijo de desaparecidos, no lo sé.”

Colombo acompañó entonces a Francisco a Abuelas de Plaza de Mayo, como sucedió solo en otros pocos casos de apropiación. Hasta ahí, él estaba anotado como hijo biológico de los Gallo, un tema al que el tribunal y las querellas volvieron una y otra vez, porque ella aseguró que no lo sabía. ¿Cómo es que no lo sabía? ¿Por qué nunca vio las partidas de nacimiento? “No tuve la partida de nacimiento de ninguno de los chicos –respondió la mujer–, no elegía los nombres, no tuve los papeles, tampoco tengo la escritura de la casa.” Vivía aislada, dijo, “en el barrio militar, uno hace la vida y se calla la boca”.
 
Espiral de violencia

Según los papeles de los Gallo, Francisco nació el 7 del 7 del ’77. Según Colombo, Gallo decía desde hacía varios días antes que había nacido un chico en Campo de Mayo al que habían abandonado sus padres. “Una noche, llega a mi casa. Yo estaba con mi hija, bajan de un auto que se estaciona en el cordón de enfrente, un auto oscuro, baja con un niño, un bebé, me lo deja y se va. Yo me quedo sola con esta criatura. Yo digo, bueno, lo atiendo. Lo limpio. Cuando lo veo a él, le digo: bueno, lo tenemos un tiempo.”

Francisco llegó con el cordón umbilical a esa casa, un dato que revela que estaba apenas nacido. Colombo asegura que Gallo no le dijo nada en esa ocasión, algo que las querellas ponen en duda. Ella aseguró en la audiencia que le insistió a Gallo para adoptarlo. Que él le dijo que no: “A los gritos como siempre, siempre a los gritos, la violencia fue lo que marcó la vida porque en la vida con un militar uno tenía que callarse la boca, pero siempre estuvo la violencia de por medio. Yo le dije mil veces que quería adoptarlo y siempre eran las mismas respuestas: de mal humor, agresivas, violentas”.

Gallo estuvo detenido por el robo a una financiera (ver aparte). Su ex mujer dice que siempre se jactaba porque nadie podía con él. Que en la casa recibían llamados de desconocidos, personas con sobrenombres, dinero que no entraba del sueldo. Antes de la separación definitiva, se disparó uno de los hechos de violencia que ella relató. Un día cocinaba en su casa. Gallo le golpeó la mano y tiró la comida. “Yo salgo rápido a proteger a los chicos, les dije: quédense quietos, su papá está loco.” Cerró una puerta corrediza; se metió en el baño. El le pegó una trompada en la cara: “Mis hijos me salvaron la vida porque no sé lo que podía haber hecho, no me soltaba, ellos se le colgaron del cuello y así pude correr hasta la esquina que había un policía”. “Si no venís –le gritó Gallo desde la puerta– voy a incendiar la casa con los chicos adentro.”

Apuntalada por su abogada, en un momento Colombo explicó que no podía recurrir a nadie porque lo único que sentía era miedo. ¿Miedo a qué?, preguntó la abogada. “Miedo a que me matara.” ¿Gallo es de familia militar?, le preguntaron. “No –dijo ella–, pero sí de familia violenta

El prontuario de Gallo

Víctor Alejandro Gallo es un ex capitán del Ejército e integra las listas de quienes formaron parte del Batallón de Inteligencia 601. Ex carapintada, Gallo reconoció en la audiencia de ayer su participación como accionista de una empresa de seguridad a la que llamó Cooperativa Lince. En 1997 fue condenado a diez años de prisión por la Cámara Penal de San Martín por robo calificado, tenencia de arma de guerra, privación ilegal de la libertad y coacción. Durante su estadía en la cárcel consiguió el pase a Campo de Mayo –según contó su ex mujer–, desde donde lo trasladaron cuando le descubrieron un arsenal abajo de la cama. En su prontuario aparece también una relación con la Masacre de Benavídez, sobre la que ayer la fiscalía preguntó a su ex esposa. Gallo no aparece en esa causa relacionado directamente con los crímenes, pero sí por haber participado en un robo a mano armada. Gallo tuvo además otra causa por lesiones contra Inés Susana Colombo. Ella estuvo detenida y ahora está excarcelada, a la espera del resultado del juicio.

viernes, 10 de junio de 2011

Un represor con beneficios: a su casita

El ex director de la ESMA durante la última dictadura militar y contralmirante de la Armada Edgardo Aroldo Otero, de 84 años, procesado con prisión preventiva por el robo sistemático de bebés hijos de desaparecidos, dejará el penal de Marcos Paz, pero se le negó la excarcelación, por lo que gozará del beneficio de prisión domiciliaria. Los jueces de la Sala II de la Cámara Federal porteña entendieron que Otero podría "eludir la acción de la justicia".

Otero está procesado por la jueza federal María Servini de Cubría en la causa en que se investiga la sustracción, retención y ocultamiento de Laura Ruiz Dameri, inscripta como Carla Azic y criada como "hermanas" con la diputada Victoria Donda, también hija de desaparecidos y apropiada.

Los investigadores sospechan que Otero, director de la ESMA en 1980 habría entregado a Laura, hija biológica de Silvia Dameri y Orlando Ruiz, dos militantes que volvieron entonces al país.

El receptor de la beba habría sido el represor y suboficial de la Prefectura Juan Antonio Azic, alias "Piraña", de 69 años, que en 2003 se disparó un tiro en la boca cuando iban a detenerlo por la apropiación de Donda y ahora es juzgado en el juicio de la ESMA.

Ruiz y Dameri fueron detenidos el 10 de septiembre de 1980 en Buenos Aires y conducidos a la ESMA con sus dos hijos pequeños. Los sobrevivientes de la ESMA Carlos Lordkipanise y Víctor Basterra testimoniaron en la causa que Dameri "estaba muy panzona con un embarazo muy avanzado" pese a lo cual, según aseguraron, "fue torturada a mansalva por el propio Azic, 'Giba' Peyón, y Carlos Carella, 'Juan Palanca'" en el centro clandestino.

En octubre de 1980, Dameri fue conducida a "La Huevera", sala de torturas de la ESMA, insonorizada para bloquear los gritos de dolor de las víctimas, y allí dio a luz a una beba a la que puso de nombre Laura, asistida por el médico naval Carlos Capdevila, que se hacía llamar "Tomy", y la prisionera Nora Wolfong, actualmente desaparecida, según los testimonios.

La niña, siempre según los sobrevivientes, fue sacada en brazos de "La Huevera" por Wolfong y exhibida al propio Azic, y el jefe de inteligencia del grupo de tareas, Oscar Rubén Lanzón, "Horacio"; Jorge Manuel Diaz Smith, "Luis"; Julio Fernández, "Tortuga", Paulino Altamira "Alfredo", un suboficial de apellido Faucero, "Carlos".

A la madre y a la criatura, los marinos la llevaron a una quinta de Pacheco, que la Armada ya había usado antes para alojar transitoriamente a algunos prisioneros en la ESMA, y allí se les perdió el rastro a ambas para siempre, según consta en el expediente.

jueves, 9 de junio de 2011

Incorporan un nuevo caso al juicio oral por el robo de bebés

Es por la apropiación de Francisco Madariaga. Por el hecho serán juzgados dos acusados. El debate comenzará el próximo lunes y se integrará al proceso que encabeza el TOF 6 por el llamado “plan sistemático”, donde se investigan 34 casos de apropiación
 
Comenzará el juicio oral por la apropiación de un menor y  se integrará al debate que se desarrolla actualmente ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal n° 6 de la Capital, en las causas nro. 1351 “FRANCO, Rubén Oscar y otros por sustracción de menores”; nro. 1499 caratulada “VIDELA, Jorge Rafael s/supresión de estado civil de un menor -art. 139 -inc. 2- del C.P.”; nro. 1584, caratulada “AZIC, Juan Antonio por delito de acción pública” y nro. 1604, caratulada “VAÑEK, Antonio y otros por sustracción de menores de 10 años”.

Se trata del caso de Francisco Madariaga Quintela, hijo de Abel Pedro Madariaga y Silvia Mónica Quintela Dallasta.

Están acusados Víctor Alejandro Gallo e Inés Susana Colombo, como presuntos coautores de los delitos de retención y ocultación de un menor de diez años sustraído y supresión de identidad de un menor de 10 años, imputándosele al primero también, en calidad de autor, el delito de falsedad ideológica de documento público y documento público destinado a  acreditar la identidad de las personas.

La Fiscalía interviniente es la Unidad Especial de Asistencia en causas por violaciones a los derechos humanos, interviniendo Martín Niklison, mientras que actúa como parte querellante la Asociación Civil sin fines de lucro Abuelas de Plaza de Mayo  y Abel Pedro Madariaga, representados por  Alan Iud.

Las audiencias de juicio continuarán desarrollándose todos los días lunes y martes y los días miércoles que observen entre sí un intervalo de quince días y se llevarán a cabo en el Salón -Auditorio- ubicado en el subsuelo del edificio de Tribunales de Comodoro Py nro. 2002.

Difusión

"En cuanto a la difusión y prensa del debate fijado para el día 13 de junio próximo en la aludida causa n° 1772 rige lo oportunamente dispuesto por esta sede al iniciarse el debate de las mencionadas causas  n° 1351, 1499, 1584 y 1604 en cuanto a que:

I-Ha de permitirse la difusión radial y televisiva de todos los actos procesales enumerados en el punto ‘I’ de la Acordada nro. 29/08 C.S.J.N., con excepción de aquéllos contemplados en el art. 378 del Código Procesal Penal de la Nación, la declaración indagatoria de los imputados -toda vez que, eventualmente, podrían considerarse medios probatorios-

En tal sentido, se requirió la colaboración de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica dependiente del I.N.C.A.A., que mediante sus operadores y a través de los recursos propios del Tribunal, pondrá a disposición de los canales de televisión que lo requieran, a través del mecanismo técnico previsto para el caso, aquellas grabaciones obtenidas de la audiencia en cuestión.

II.-Con relación a la admisión de medios periodísticos en las audiencias públicas se mantendrán las reglas establecidas en el punto ‘III’ de la mentada acordada en todo lo que allí se establece.

En lo que respecta a la acreditación de los medios periodísticos, la misma deberá realizarse ante la mesa de entradas de estos Estrados y, en lo que hace al ingreso y ubicación de aquéllos en la sala de audiencias, deberán atenderse las características relativas al espacio físico y la  capacidad técnica con que cuente el recinto donde se llevará a cabo el debate.

Resta mencionar que las disposiciones aquí adoptadas resultan de las facultades ordenatorias que le son propias a este Tribunal de juicio y no importan restricción alguna al ya aludido derecho de informar, amparado por la Constitución Nacional y los Tratados Internacionales sobre Derechos Humanos con jerarquía constitucional (art. 75 C.N.).

En tal sentido y para un mejor desenvolvimiento de dicha tarea durante las etapas mencionadas del juicio, este Tribunal ha requerido la asistencia de la oficina de prensa de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

III.-En relación a la admisión para el ingreso a la sala de audiencias del público en general, habrá de adoptarse análoga solución a la prevista para los medios periodísticos en cuanto al requisito de previa acreditación, aunque la misma lo será en la antesala de audiencias, debiendo considerarse sobre la cantidad de concurrentes las mismas condiciones ya mencionadas relativas a la capacidad de espacio y de infraestructura del recinto donde se celebrará el debate”.

miércoles, 8 de junio de 2011

“Sabía que iba a encontrar a mi nieta”

La abuela Buscarita Roa cuenta la historia de su hijos José Poblete y su nieta Claudia

El caso de su nuera y su hijo, quien a los 16 años sufrió un accidente en el que perdió las piernas, fue en el que se declaró la inconstitucionalidad de las leyes de impunidad.

 Por Alejandra Dandan

La sala quedó en silencio completo. En ese momento, Buscarita Roa nombró al ex juez Gabriel Cavallo. “Yo tuve la suerte de caer en el despacho de Gabriel Cavallo: ¡fue lo máximo para nosotras! Le pregunta a mi nieta si quiere sacarse sangre y ella le dice: ‘¿Y si me niego qué pasa?’ Y él le dice: ‘No te podes negar porque eso es lo que tenemos más claro para que llegues a la verdad y sepas qué sos’. Realmente ahora quisiera preguntarle al juez Cavallo por qué no se pone la mano en el corazón y le dice a Marcela y a Felipe: ‘Ustedes tienen que hacerse el ADN para saber de una vez por todas quiénes son’; porque está con la señora de Noble pero tendría que hablar con los chicos para decirles ustedes van a saber la verdad verdadera de quiénes son.”

Buscarita es la abuela de Claudia Poblete, la hija de su hijo José Poblete y de Gertrudis Hlaczik. Cuando se casó Claudia hizo una fiesta de la que sólo participaron los apropiadores, porque su abuela le dijo que el agua y el aceite no pueden mezclarse. Recién años después de mucha charla, mucha presencia y luego de un perro de regalo, pudo levantarse un día de un sillón para darle por primera vez un abrazo a su abuela.

“Pasaron seis años –dijo Buscarita– y un día estábamos sentadas en un sillón, ella al lado mío. Hablábamos. De pronto ella se para, me toma las manos y nos dimos el primer abrazo... Pero un abrazo muy grande... Estuvimos mucho rato abrazadas y ella me dijo: ‘Te quiero, abuela’. Y yo también, así es como empezamos a tener un lazo de familia.” Claudia se levantó días después para contarle que había soñado con su padre, con la edad que tendría él en ese momento, con canas, anteojos, sentados los dos frente a una computadora. “Abuela –le dijo–, yo no me quería despertar, quería seguir viendo a mi papá.” Y le habló del recuerdo de una silla, una imagen, en la que ella giraba y giraba con los pies cruzados, despegados del piso, como tantas veces, a pesar de que no lo sabía, había estado sentada, jugando, sobre el cuerpo lisiado de su padre.
La historia

Buscarita no dejó de hablar durante dos horas en la audiencia alentada por pocas preguntas del fiscal Martín Niklison durante el juicio por el plan sistemático de apropiación de niños, hijos de desaparecidos. Habló de Chile, donde vivieron hasta 1973 y luego del secuestro. “Yo me entero el día 28 de noviembre de 1978 muy temprano, a la mañana, porque mi nuera había pasado por casa la noche antes, vivían a dos cuadras, en Guernica, y al otro día mi hija iba a acompañarla al médico para los controles de la nena, que había cumplido ocho meses.” Cuando llegaron a la casa estaba todo destruido. “No había casi nada de lo que tenían y una vecina del frente me dijo por el visillo de la ventana que fuera, que por favor no dijera nada, pero que escuchó un auto negro y me dijo que a mi nuera la sacaron de la casa de los pelos porque se resistía con la nenita en brazos envuelta en una sábana.” La gente tenía mucho miedo, dijo Buscarita. “En mi desesperación no sabía qué hacer, agarré a mis hijos más chicos, los llevé a la casa de una amiga, cerré toda mi casa y empecé a visitar las comisarías.”

Buscarita no ignoraba que su hijo militaba: “El tenía 9 años y ya participaba en el colegio; a los 10 o 12 años era presidente del centro de alumnos, yo no podía ignorarlo, incluso un profesor una vez me dijo: ‘Señora, tenga mucho cuidado con su hijo porque tiene inclinaciones políticas’, aunque más bien me dijo ‘zurdas’, y yo le respondí que mi hijo escribe con la derecha”.

Juan era Pepe entre sus amigos. Hacía trabajos de solidaridad en el barrio en Chile, como después de 1973 lo haría en Buenos Aires con los curas del tercer mundo. “Me pedía jabón y toallas para lavarles las manos a los chicos, empezaron a dar clases en un centro comunitario.” Alguna vez todo el barrio habló con el alcalde para que lo nombren presidente de la Junta Vecinal, pero el hombre se negó definitivamente porque que era demasiado niño. “Eran tantas las cosas que se le ocurrían hacer –dijo su madre– que la gente no lo veía como un niño.”

A los 16 años un tren le cortó las piernas arriba de las rodillas. “Yo pensé que había terminado la vida de mi hijo, pero me equivoqué, porque cuando fui al hospital me dijo: ‘Voy a ser el primer hombre que va a correr con piernas ortopédicas’.”
Los fantasmas

Pepe se mudó a Buenos Aires para estudiar medicina y ponerse las piernas ortopédicas. En el Instituto de Lisiados conoció a Gertrudis entre los voluntarios y con sus compañeros formó la agrupación de Lisiados Peronistas por la Liberación. Después viajó caminando, volvió a incorporarse a Montoneros y entró en la clandestinidad. Cuando lo secuestraron, trabajaba en Alpargatas, vendía en un tren, tenía a su hija y había alquilado la casa de Guernica.

“Me llamaba por teléfono y me citaba en lugares inhóspitos, yo viajaba con una vianda con sánguches; cuando pasaron a estar clandestinos mi sufrimiento era grande. Yo me preguntaba: ¿cómo hace sin las piernas?, ¿con bastones, en silla de ruedas? Porque yo veía que él no quería decirme dónde estaba.”

“Después del secuestro la vida cambió totalmente, quedamos quebrados, todo fue difícil. No había forma de saber qué iba a pasar.” Buscarita ya vivía en Buenos Aires, trabajaba en el Ministerio de Planeamiento como supervisora de Mantenimiento en un piso con los militares. “Siempre digo que yo apenas entraba al trabajo dejaba mis problemas afuera: sonreía, hablaba con mis compañeros para que nadie se diera cuenta y cuando salía iba a buscar a mi hijo por todos los lugares habidos o por haber.”

Su consuegra Ana –que después se suicidó– un día recibió una llamada de su hija. Gertrudis preguntó dónde estaba su hija. “Creo que durante un tiempo pensamos que la tenía una de las dos, pero cuando llamó dijimos: ‘¿Ahora qué vamos a hacer? Tenemos que buscarla’. Si dicen que ellos no la tienen, entonces dónde está. Entonces fue cuando yo me acerco a Plaza de Mayo porque veo mucha gente con pañuelos blancos haciendo la ronda.”

Buscarita se acuerda de que cuando una de las madres le dio un pañuelo intentó taparse completamente la cara. “Tenía mucho miedo: ¿qué pasaba si me veían del trabajo?, ¿qué iba a ser de mis hijos? Yo tenía seis hijos más.”

A través de los sobrevivientes supieron que Pepe y Gertrudis estuvieron en El Olimpo. “A mi hijo le hicieron cosas terribles –explicó–: Hacían una pirámide de personas y desde arriba lo tiraban porque no tenía sus piernas, a ella la arrastraban desnuda de los pelos; el Turco Julián, que quisiera que se pudra en la cárcel.”

Claudia estuvo poco tiempo con sus padres en el centro clandestino. La niña fue apropiada por el coronel Ceferino Landa. Dicen que adentro de El Olimpo, Landa preguntó por la niña y el Turco Julián le dijo que se la llevara, porque en poco tiempo los padres iban a ser comida para los pescaditos. “Yo siempre tuve la esperanza de encontrar a mi hijo, cada vez que volvía del trabajo y veía gente en la puerta de casa pensaba que eran ellos que habían llegado, pero pasaron quince años y después de ese tiempo no tuve más esperanza, pero sí sabía que iba a encontrar a mi nieta, eso nunca me lo saqué de la cabeza.”