sábado, 9 de febrero de 2013

Empezó el juicio por apropiación de Federico Cagnola Pereyra

El momento de hacer justicia

Los acusados son Cristina Mariñelarena y Jorge Ernesto Bacca, quienes se apropiaron del niño nacido en cautiverio en la ESMA. En el banquillo está también Inés Lugones, ex esposa de un represor a quien se señala como la entregadora. Los tres se negaron a declarar.

Los apropiadores de un niño nacido en cautiverio en la ESMA y la mujer sindicada como entregadora, por entonces esposa del militar que oficiaba de enlace entre el centro clandestino de la Armada y los del Primer Cuerpo de Ejército, se negaron a declarar ayer ante el tribunal que los juzga. La lectura de las indagatorias en la etapa de instrucción, durante las cuales los imputados se acusaron unos a otros, dejaron en claro que todos tenían conocimiento sobre el origen del bebé, que recuperó su identidad en 2008. El proceso continuará el viernes próximo, cuando declaren la víctima, que es un hombre de 34 años, y su abuela materna, Jorgelina “Coqui” Azzarri de Pereyra, una de las referentes de Abuelas de Plaza de Mayo en La Plata.

Eduardo Cagnola y Liliana Pereyra fueron secuestrados el 5 de octubre de 1977 en una pensión en Mar del Plata. Liliana estaba embarazada de cinco meses. Ambos estuvieron en cautiverio en la base de buzos tácticos de la Armada, en Mar del Plata, hasta que Liliana fue trasladada a la maternidad clandestina que funcionó en la ESMA. Estuvo en cautiverio en la llamada “pieza de las embarazadas” y en febrero de 1978 dio a luz a su hijo, a quien llamó Federico. Le sacaron la criatura y la devolvieran a Mar del Plata, donde la mataron el 15 de julio. En 1985 el Equipo Argentino de Antropología Forense exhumó su cuerpo de una tumba NN y la identificó.

Mientras las familias Pereyra y Cagnola buscaban a los suyos, Abuelas recibió denuncias sobre el matrimonio formado por Cristina Mariñelarena y Jorge Ernesto Ba-cca como posibles apropiadores. A partir de averiguaciones de Abuelas y de la Comisión Hermanos de la agrupación H.I.J.O.S. lograron dar con el paradero de Federico. El Banco Nacional de Datos Genéticos comprobó “con una probabilidad de parentalidad del 99,92 por ciento” que es el hijo de Cagnola y Pereyra.

Citados a indagatoria por el juez Julián Ercolini, los apropiadores declararon que al niño se los había entregado Inés Graciela Lugones, que en 1978 era la esposa del teniente coronel Antonio Guillermo Minicucci, oficial que actuaba de enlace entre la ESMA y centros clandestinos del Ejército como El Banco y El Olimpo. El represor, igual que su primo, el teniente coronel Federico Antonio Minicu-cci, ex jefe del centro clandestino Vesubio, ya había fallecido.

Mariñelarena confesó que “sabiendo de mis ganas de formar una familia más amplia, (Lugones) me llamó y me dijo que ella tenía un bebé para adopción y me preguntó si yo lo quería”. Se lo ofertó a condición de que no preguntara nada sobre el origen, agregó. Tras la aceptación, la mujer del represor los citó a su departamento, en la avenida Luis María Campos. “Cuando llegué con mi marido, mi amiga me hace pasar y en su dormitorio había un moisés con un bebé que era Hilario”, el nombre con el que lo rebautizaron. “Por cortesía tuvimos que esperar a que llegara el marido”, es decir Minicu-cci, y en ese momento “sólo se habló de la alegría de recibirlo”, declaró como imputada, sin obligación de decir la verdad.

Bacca, el apropiador, dijo haber aceptado el ofrecimiento porque hacía tiempo que querían tener otro hijo y no podían. “Además, adoptar es un buen gesto”, agregó. Ambos coincidieron en señalar que apenas conocían a Minicucci, quien murió en 1987. Agregaron que ya en democracia supieron del prontuario del entregador y sospecharon que el niño podía ser hijo de desaparecidos, pero como era “una democracia endeble” no se animaron a hacer la denuncia y lo siguieron criando como propio. La viuda de Minicucci, a su turno, negó los hechos que se le imputan y el relato de sus viejos amigos. “Es una injuria”, dijo. Declaró que la pareja le avisó que había adoptado un niño, pero negó su participación en la entrega. Finalmente, Ercolini los procesó sin prisión preventiva y elevó la causa.

Ayer fue la audiencia inicial del juicio oral y público, a cargo del Tribunal Oral Federal Nº 4. Tras la lectura de la elevación, los tres acusados optaron por guardar silencio, por lo cual se leyeron sus declaraciones en primera instancia. Las partes no plantearon ninguna cuestión preliminar y el tribunal pasó a un cuarto intermedio hasta la próxima semana, cuando declaren Federico y su abuela materna.

viernes, 8 de febrero de 2013

Revocan arresto domiciliario al apropiador Carlos del Señor Hidalgo Garzon

Otro represor que salía a pasear

El ex miembro del Batallón de Inteligencia 601 estaba bajo arresto domiciliario en un geriátrico, pero Catalina de Sanctis Ovando, la hija de desaparecidos que se apropió, lo vio andando en bicicleta.

El Tribunal Oral Federal 1 de La Plata revocó la prisión domiciliaria del represor y apropiador Carlos del Señor Hidalgo Garzón. El oficial de Inteligencia del Ejército gozaba de ese beneficio en un geriátrico de Belgrano, pero paseaba por las bicisendas porteñas, donde lo vio en dos oportunidades Catalina de Sanctis Ovando, la hija de desaparecidos que crió como hija propia y que hoy es querellante contra su apropiador. Tras la denuncia de Abuelas de Plaza de Mayo, el tribunal platense ordenó su traslado al hospital del Complejo Penitenciario Federal 1 de Ezeiza. “Siento alivio, tranquilidad”, explicó Catalina a Página/12, y consideró “indignante” la decisión de los jueces que conceden automáticamente el beneficio del arresto hogareño a imputados por crímenes de lesa humanidad.

Ex miembro del Batallón de Inteligencia 601, Garzón fue procesado por el juez federal Manuel Blanco por secuestros y tormentos contra 127 personas en La Plata. El Tribunal Oral Federal 1 de San Martín, en tanto, lo juzga desde agosto por la apropiación de la hija de Myriam Ovando y Raúl de Sanctis, ambos desaparecidos y padres de Catalina, que figura como nacida en el Hospital Militar de Campo de Mayo. En la causa por la apropiación, Garzón fue excarcelado, beneficio que le concedió el juez federal Ariel Lijo, y en la causa platense goza del beneficio de arresto domiciliario, que ordenó Blanco antes de elevar la causa.

Catalina, que recuperó la identidad en 2008, se cruzó a su apropiador el miércoles 16 de enero, mientras Hidalgo Garzón pedaleaba por la bicisenda que bordea al hipódromo de Palermo, en Libertador y Ortega y Gasset. “Yo paseaba a mi perra, iba distraída, y cuando levanto la vista para cruzar la bicisenda veo su rostro a pocos metros. Me vio, nos miramos, y aceleró, siguió de largo. Yo me quedé helada”, relató a Página/12. Cuatro días después, el domingo 20, volvió a verlo en el mismo lugar. “Yo llevaba el celular por si lo veía, pero estaba convencida de que no iba a suceder, porque él me había visto. Lo vi en el mismo lugar pero por la calle, y no me vio”, agregó ante la consulta.

Abuelas y el fiscal Gerardo Fernández denunciaron la violación del beneficio y pidieron su revocatoria. Ayer llegó el pronunciamiento judicial. El tribunal que preside Carlos Rozansky e integran Pablo Jantus y Pablo Vega se hizo eco del pedido y consideró que “no existe razón legal alguna para que Hidalgo Garzón esté gozando el beneficio otorgado”. Rozansky destacó “la negligencia con que se manejó” el juez Blanco, dado que ni adentro ni afuera de la casona donde funciona la Residencia Geriátrica Belgrano había personal de seguridad. “Es evidente que un detenido acusado de graves crímenes y con diagnóstico psiquiátrico no puede estar alojado en un lugar como el descripto”, sostuvo, y apuntó que “se encuentra en juego tanto la seguridad de las ancianas que deambulan por la casona” como del personal. Ante los “rasgos psicopáticos y de simulación detectados en el procesado, la imagen del geriátrico resulta verdaderamente bizarra”, agregó, y señaló el “doble estándar” del juez al considerar “impensable que en causas por delitos comunes ordene el traslado de un procesado con prisión preventiva imputado de más de 200 delitos y con informes psiquiátricos a un geriátrico con ancianas y sin limitaciones ni restricciones de movilidad, ni seguridad o contención”.

“Siento alivio, tranquilidad, pero (la revocatoria) es algo que tendría que haber sucedido hace tiempo”, consideró De Sanctis Ovando, que vive a pocas cuadras del geriátrico. “Para mí era inexplicable que no estuviera preso. Cuando me sumé a la querella de Abuelas le pedimos al juez Lijo que reviera esa medida porque yo estaba intranquila, recibía llamados, cartas amenazantes, agresivas hacia mí y mi marido, pero no se modificó su situación”, recordó. “Es indignante que quienes tienen en sus manos la responsabilidad de tomar decisiones no puedan ver algo tan claro: el beneficio del arresto domiciliario no debe ser automático, deben rever la situación de cada uno, los medios que tienen, porque están viejitos y pobrecitos cuando lo piden, pero son súper piolas para escaparse. Y cometieron crímenes aberrantes”, recordó.

miércoles, 16 de enero de 2013

La causa por la sustracción de Pablo Gaona Miranda, el último nieto recuperado

El primo que ofició de entregador

Abuelas de Plaza de Mayo pidió la elevación a juicio oral de la causa, y entre los acusados figura Héctor Salvador Girbone, quien se desempeñó en el Ejército durante la dictadura e incluso hasta septiembre del año pasado.
Pablo Javier Gaona Miranda es el 106º nieto recuperado por las Abuelas.
 
 
Por Alejandra Dandan

Pablo Javier Gaona Miranda se acercó la primera vez a la sede de Abuelas de Plaza de Mayo con dudas acerca de quién era. Entre otras cosas, llenó un formulario cuya respuesta ahora está en el expediente judicial. En Abuelas, le preguntaron si tenía “parientes, amigos o vecinos en las fuerzas armadas o de seguridad”. Pablo, que en ese momento tenía otro nombre y creía que era “hijo adoptivo”, respondió que el primo de su padre era militar. Héctor campaSalvador Girbone estuvo en el Ejército durante la dictadura y siguió en esa fuerza hasta septiembre del año pasado, cuando quedó detenido por su apropiación. La semana pasada, Abuelas pidió la elevación a juicio oral de la causa en el juzgado de María Servini de Cubría: entre los acusados, además de los dos apropiadores, figura Girbone, a quien la denuncia sitúa como “entregador”.

Pablo Javier Gaona Miranda es el último nieto recuperado, a quien Abuelas presentó el año pasado como el nieto identificado número 106. Es hijo de Ricardo Gaona y María Rosa Miranda. Nació el 13 de abril de 1978 en el Hospital Rivadavia de la ciudad de Buenos Aires. Un mes después, el 14 de mayo de 1978, sus padres y él recién nacido participaron de un encuentro familiar en Villa Martelli. Esa noche no volvieron a su casa, desde entonces la familia no tuvo más noticias de ellos y hoy la causa indica que ese día los tres fueron secuestrados por agentes del Ejército argentino o de otras fuerzas represivas que actuaban bajo su control. “En algún momento, entre aquel día y el 8 de agosto de 1978 –continúa el expediente–, Pablo Javier fue sustraído de la esfera de custodia de sus padres por agentes del Ejército, entre los que se encontraba Héctor Salvador Girbone que entregó el niño al matrimonio compuesto por su primo Salvador Norberto Girbone y Haydeé Raquel Alí Ahmed, a fin de que éstos lo inscribieran en los registros públicos como si fuera su propio hijo y lo criaran como tal.”

Cuando Abuelas difundió la noticia de la recuperación de la identidad de Pablo, poco se sabía sobre Héctor Salvador Girbone que todavía en septiembre del año pasado seguía en el Ejército, trabajando en una oficina administrativa. De acuerdo con su legajo personal, estuvo en el Ejército durante el período completo de la última dictadura. En 1978 tenía el rango de teniente primero y de su “Informe de Calificación” correspondiente al año 1977-1978 se desprende que entre el 5 de diciembre de 1977 y el 3 de octubre de 1978 tuvo como destino la Escuela de Caballería en Campo de Mayo. También tuvo destinos en la Escuela de Inteligencia, entre ellos, en marzo de 1981 estuvo como oficial de Inteligencia de la Plana Mayor de la misma Escuela de Caballería.

En el escrito de “elevación” del juicio, el abogado de Abuelas Alan Iud retoma estos antecedentes para marcar relaciones de Girbone con la causa. Una de ellas es que el operativo del secuestro de los Gaona Miranda se produjo en mayo de 1978, durante el período en el que Girbone estaba en Campo de Mayo. El lugar de la caída, que fue Villa Martelli, dependía operacionalmente de la zona de Defensa IV: es decir, el Comando de Institutos Militares, ubicado dentro de la guarnición militar de Campo de Mayo, del cual dependía la Escuela de Caballería.

Otro dato que señala la “elevación” es que el certificado falso de “constatación de nacimiento” lo firmó un médico llamado Ricardo Nicolás Lederer. Para el año 1978, Lederer se desempeñó en el Hospital Militar de Campo de Mayo, donde estaba la “maternidad clandestina”. Los abogados indican que de la lectura de los legajos “surge con toda claridad” que Lederer y Girbone se conocían, no solo porque compartieron destino en Campo de Mayo para la fecha de los hechos, sino también porque entre 1976 y 1977 habían estado juntos en la provincia de Salta.

Cuando fue a Abuelas, Pablo también habló de ese “padrino”. Contó que él siempre supo que era “adoptado”, pero dijo que sus primeras dudas acerca de que podía ser hijo de desaparecidos surgieron entre fines de 2002 y principios de 2003, cuando supo que “el primo de mi padre era militar”. No se acercó a Abuelas, sin embargo, hasta años más tarde. Entre ese momento y el año 2008 atravesó “un proceso interno”, pero nunca planteó el tema ni habló sobre sus dudas con las personas que lo criaron. “A fines de 2008 le planteo a mi madre la necesidad de querer saber quién era yo –contó Pablo–, y específicamente le dije que yo creía que podía ser hijo de desaparecidos y que quería ir a Abuelas a hacerme un ADN. Yo le hice este comentario, y ella me dijo que también sospechaba que yo podía ser hijo de desaparecidos. No me lo dijo con esas palabras, me lo dio a entender.”

En ese momento, Pablo también dijo que Alí Ahmed “hace muy poco me comenta que me fueron a buscar a un, no sé el lugar, no sé si era una casa de monjas o un instituto en San Fernando, ahí es donde tuvieron el contacto conmigo. Esto lo sé hace tres semanas, después de los resultados del ADN. Héctor Girbone es el que avisa que en ese lugar había varios chicos”.

Otro tramo de la causa señala que Alí Ahmed en realidad sabía que Pablo era hijo de desaparecidos. Pablo contó en una entrevista que, por ejemplo, esa vez, en 2008, cuando él le dijo a ella que quería ir a Abuelas, la mujer “se quedó paralizada, le dijo que por favor no venga, que sí era hijo de desaparecidos, que lo había traído este tío padrino”.

“Desde el 2003 me empezó a interesar el tema de los desaparecidos y barajé la chance de ser víctima del robo de bebés”, registra la causa las palabras de Pablo. “Sentía la duda, pero me negué durante mucho tiempo; me hacía el tonto. Yo tenía una vida construida, es una situación dura... A fines de 2008 me estaba sintiendo mal. Lo hablé con mi apropiadora y me lo reconoció. Ahí se me aclaró todo. Me paralicé. Necesité mi tiempo, estudié la situación, empecé a leer sobre el terrorismo de Estado... Este año llamé a Abuelas, donde encontré toda la contención que necesitaba”.

Girbone trabajó en el Ejército hasta el momento de su detención en septiembre del año pasado, cuando quedó detenido en el Servicio Penitenciario de Marcos Paz. El 2 de noviembre de 2012, el mayor del Ejército Edgardo Benjamín Carloni indicó que Girbone “cumplía funciones administrativas en una repartición de la institución y resulta necesario disponer la cesantía del mismo de acuerdo a la información que el juzgado brinde a esta instancia”. Según datos del Ministerio de Defensa, por cuestiones de garantías procesales el organismo pidió al juzgado la información de la causa para tomar la decisión.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Sabrina Valenzuela recuperó su identidad en 2008 y busca a su mellizo

“Quiero tomar un mate con mi hermano”

La hija de los desaparecidos Raquel Negro y Tucho Valenzuela nació en el Hospital Militar de Paraná. Los represores quisieron instalar la idea de que su mellizo había nacido muerto. Ella y su familia lo buscan. Hoy se presenta un libro que habla de su historia.

 Por Victoria Ginzberg

–¿Qué hacés, Negrita? –Nada, te estoy llamando. ¿Y vos?

–Yo estoy acá, en el baño, llorando.

Sabrina y Sebastián hablaban por primera vez. A ella le habían adelantado por teléfono el resultado de su estudio de ADN. La habían citado para un par de días después en el juzgado para notificarle el trámite oficialmente. Le anunciaron también que le iban a presentar a su hermano. Ella sabía quién era. Nunca se habían visto, ni habían intercambiado una palabra, pero tenían amigos en común. Esperó un día y no aguantó. “¡Qué me van a andar presentando a mi hermano!”, se dijo. Pidió su número de teléfono y lo rastreó hasta que dio con él, que se acababa de enterar de que había encontrado a su hermana. Atendió en el baño, llorando.

Sabrina Gullino Valenzuela Negro. Así dice Sabrina que prefiere que la nombren. Gullino es el apellido de Raúl y Susana, sus padres adoptivos que la fueron a buscar un día de 1978 a un juzgado, sin conocer de dónde venía, qué había pasado con sus padres, ni dónde había nacido. Valenzuela y Negro son los apellidos de sus padres: Edgar Tulio “Tucho” Valenzuela y Raquel Negro, secuestrados y desaparecidos durante la última dictadura.

Raquel Negro dio a luz en el Hospital Militar de Paraná. Junto con Sabrina nació su hermano mellizo (el “Melli” lo nombra ella todo el tiempo), a quien ella busca acompañada de sus otros hermanos: Sebastián Alvarez (hijo del primer matrimonio de su madre, a quien Tucho crió como su hijo hasta su secuestro) y Matías Espinoza Valenzuela (hijo de su padre y una pareja anterior a Raquel). El año pasado concluyó un juicio en el que fueron condenados los represores Pascual Oscar Guerrieri, Jorge Alberto Fariña, Juan Daniel Amelong y Walter Salvador Dionisio Pagano, y el ex jefe de terapia intensiva del Hospital Militar de Paraná Juan Antonio Zaccaría, por la sustracción y la supresión del estado civil de Sabrina. Además, los testimonios, sobre todo los de las enfermeras, permitieron confirmar que el hermano mellizo de Sabrina había nacido vivo y también lo habían apropiado. “Antes existía la hipótesis de que el Melli podía haber nacido muerto, pero el juicio fue un antes y un después. Los testimonios de las enfermeras fueron muy valiosos, ellas fueron muy valientes, fueron las protagonistas de esta reconstrucción histórica, a diferencia de los médicos, que no reconocieron nada. Sólo se ‘acordaron’ de algunas cosas cuando los carearon con las enfermeras”, contó Sabrina a Página/12.

La historia de Sabrina, de la recuperación de su identidad y del juicio sobre el Hospital Militar de Paraná está relatada en Reencuentro, un libro de Alfredo Hoffman que se presentará en Buenos Aires hoy a las 18 en el salón Emilio Mignone de la Secretaría de Derechos Humanos. El acto –en el que estarán la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto; el autor, Sabrina y sus dos hermanos– será también una forma de visibilizar la búsqueda de los Valenzuela Negro “y de los otros 400 mellis que faltan”.

“Toda mi vida, desde chiquita, busqué parecidos entre la gente. Es raro pensar que hay alguien parecido a mí por ahí. Aunque capaz que no es muy parecido. Con Sebastián y Matías, los tres somos diferentes. Y el Melli no es mi mellizo idéntico. Yo trato de no ilusionarme. Voy con cautela para protegerme, hay muchas cosas que van subterráneamente”, dijo Sabrina. La historia del secuestro de Raquel Negro y Tucho Valenzuela fue relatada por el mismo Tucho en una conferencia de prensa en México, donde los militares lo habían llevado para que se infiltrara y entregara a la cúpula de la organización Montoneros que estaba en el exilio. Tucho, jefe de la columna Rosario, denunció que había viajado junto a represores del Segundo Cuerpo de Ejército, que comandaba Leopoldo Fortunato Galtieri. Que les había hecho creer que aceptaba sus condiciones, es decir su trampa, para poder salir del centro clandestino Quinta de Funes y denunciar al mundo lo que estaba pasando en la Argentina. Contó que Raquel, su compañera, que tenía un embarazo avanzado, se había quedado como rehén y que juntos habían elaborado la estrategia para burlar a sus captores, a pesar de que era casi seguro que Raquel pagaría con su vida si el plan tenía éxito. Tucho pudo evadir a los represores: apenas contactó a sus compañeros hizo la denuncia. De todas formas, la organización lo degradaría y moriría al ser descubierto por los militares cuando intentaba volver al país durante la Contraofensiva.

Después del escape y la denuncia de Tucho, Raquel fue asesinada. Pero antes parió en el Hospital Militar de Paraná. Allí dio a luz a sus mellizos, una nena y un varón. Gracias a la investigación se pudo reconstruir que los niños fueron derivados al Instituto Privado de Pediatría, de donde ambos fueron dados de alta. A Sabrina la dejaron en el Hogar del Huérfano y fue adoptada legalmente. Recuperó su identidad en 2008, cuando coincidieron sus dudas y la causa judicial que se había iniciado en Paraná. El Melli seguía desaparecido. Primero, los represores intentaron imponer la idea de que había nacido muerto; luego, que había muerto a los pocos días de vida. “Puede ser que lo hicieran porque esté con alguien importante. Pero tampoco lo sabemos. Mi hermano Sebastián siempre creía que a mí me habían sacado del país, que estaba en Francia con un militar de alto rango, por ser la hija de Tucho Valenzuela, y no fue así. Es posible que lo tengan como ‘botín de guerra’, pero es importante que chicos que tengan dudas de su identidad sepan que, aunque no hayan sido criados por militares, pueden ser hijos de desaparecidos. Mis papás adoptivos no tuvieron nada que ver, me adoptaron legalmente y eso, aunque yo dudaba, me hacía creer que no debía ser hija de desaparecidos”, explicó Sabrina. Hoy su principal objetivo es recuperar al Melli: “Es una búsqueda que está haciendo toda la familia y también el Estado; este año se sacaron sangre cinco chicos y, aunque no dieron positivo, eso demuestra que hay nuevas pistas, que se está trabajando. Yo lo único que quiero es tomarme un mate con mi hermano y charlar”.

Condenan al obstetra de la ESMA

El juez Luis Rodríguez unificó la pena con una anterior, por un delito similar, por lo que el acusado cumplirá en realidad 15 años de cárcel. Fue el responsable de la maternidad del ex centro clandestino de detención de la Armada.

El represor y obstetra del Hospital Naval en la última dictadura cívico militar, Jorge Magnacco, fue condenado a diez años de prisión por la sustracción, retención y ocultacion de Evelyn Karina Bauer Pegoraro, a cuya madre atendió en el parto que tuvo lugar en el centro clandestino de detención que funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada en la última dictadura cívico-militar.

Según el fallo difundido ayer, el juez federal Luis Rodríguez unificó en 15 años la condena total a Magnacco, en base a otra pena anterior que se había impuesto al represor por delitos similares.

El médico de la Escuela de Mecánica de la Armada es considerado el responsable de la maternidad montada en esa dependencia para que las detenidas dieran a luz a sus hijos que luego eran apropiados y entregados a familiares o allegados a los militares. 

   El juez Rodríguez lo condenó por considerarlo "penalmente responsable del delito de sustracción,retención y ocultación de un menor de diez años, en calidad departícipe necesario", y resolvió unificar la pena con otra condena impuesta anteriormente, lo que elevó la prisión a 15 años.  Las Abuelas de Plaza de Mayo habían pedido 19 años de prisión para el médico represor, pero celebraron que se lo haya reconocido como partícipe necesario de la apropiación de la hija de Susana Beatriz Bauer y de Rubén Pegoraro. Ambos militaban en Montoneros: el joven fue secuestrado el 16 de junio de 1977 en la ciudad de La Plata y ella, el 18 de junio del mismo año en la estación de Constitución de la ciudad de Buenos Aires, con cino meses de embarazo.

   "Por testimonios de sobrevivientes pudo saberse que Susana permaneció detenida en la ESMA, luego fue llevada a la Base Naval de Buzos Tácticos de Mar del Plata, al Centro Clandestino de Detención "La Cacha" y, finalmente, devuelta a la ESMA donde Magnacco la hizo parir en condiciones indignas, a fines de noviembre de 1977", indicó la organización en un comunicado.

   La niña fue entregada al matrimonio compuesto por el ex marino Luis Vázquez Policarpo y su esposa, Ana María Ferra, quienes la anotaron como hija propia, mientras que la falsa partida de nacimiento fue firmada por la partera Justina Cáceres. En 1999, Vázquez reconoció que había recibido a la niña mientras desempeñaba tareas en el Edificio Libertad y desde entonces Abuelas comenzó un arduo trabajo para lograr restituirla, por ese entonces ya una adolescente. "El caso de Evelin llegó a la Corte Suprema, que le negó la posibilidad de conocer su identidad, poniendo como supremo el derecho a la intimidad por sobre el de su origen,  hasta que el 14 de febrero de 2008 la justicia ordenó recoger objetos personales de su domicilio a fin de extraer muestras de ADN", indicó Abuelas.

domingo, 25 de noviembre de 2012

El EAAF identificó los restos de una desaparecida que no llegó a dar a luz

En el marco de la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas llevada adelante por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), fueron reconocidos los restos de Mirtha Noelia Coutouné, cuyo embarazo, según se confirmó, no llegó a término. Se trata, tristemente, del caso 108 resuelto por Abuelas de Plaza de Mayo.

Tanto Mirtha como su pareja, Héctor Hugo Malnati, fueron secuestrados el 24 de noviembre de 1976 en su domicilio de la ciudad de La Plata. Ella estaba embarazada de tres a cinco meses y posiblemente haya permanecido detenida en el CCD "La Cacha". Héctor también estuvo cautivo en "La Cacha" y en la Comisaría 5° de La Plata.
Mirtha fue asesinada el 31 de diciembre de ese año en la localidad bonaerense de Munro. Sus restos fueron inhumados como NN del cementerio de Vicente López y la Cámara Federal de la Ciudad de Buenos Aires confirmó su identidad. En 2010 habían sido identificados los restos de Héctor, inhumados en el cementerio de Avellaneda.

Su vida

Mirtha nació el 8 de abril de 1952 en Posadas, Misiones, y Héctor el 25 de julio de 1948 en La Plata, provincia de Buenos Aires. Sus compañeros de militancia y amigos la llamaban "Flaca" y a él "San" o "Colo".
Ella era una persona tranquila, querible y que tenía muchos amigos. De niña estudió danzas folklóricas y patín y siempre mostró inclinaciones artísticas. Cuando pasaron los años, tanto ella como sus cuatro hermanos (Alberto, María Silvia, Mario y Ricardo) decidieron ir a estudiar a La Plata.
Mirtha eligió la carrera de Medicina. Fue así que en 1970 los más jóvenes de la numerosa familia partieron y, un año más tarde, sus padres -Noelia y Félix- dejaron todo en Misiones para ir con sus hijos.
La casa de los Coutouné siempre estaba repleta de chicos y chicas y siempre había comida para todos. Mirtha comenzó a militar y así conoció a Héctor Hugo Malnati, se enamoraron y formaron pareja. Como tantos otros compañeros de ruta, ambos soñaban con un mundo mejor y más justo.
Por entonces, la situación en La Plata ya estaba muy difícil a causa de la persecución política, por eso los papás de Mirtha regresaron a Misiones. Poco después Mirtha y Héctor serían secuestrados.

La búsqueda

Noelia, la mamá de Mirtha, se topó con la trágica realidad de la desaparición de sus seres queridos. Sin dejarse paralizar por el dolor inició el peregrinaje que otras Madres y Abuelas recorrieron: ministerios, comisarías, hospitales, habeas corpus. Lo único que recibió fueron puertas cerradas y silencios cómplices.
Durante 30 años la Abuela Noelia quiso conocer el destino de su hija y soñaba con que el embarazo hubiera llegado a término, pero falleció sin saber ni lo uno ni lo otro, sumida en la misma incertidumbre que le impuso el terrorismo de Estado.
La familia Coutouné hoy cierra una etapa y comienza otra, no menos dolorosa pero al menos con la certeza de poder tener un sitio adonde llevarle flores a Mirtha, la Flaca.

martes, 6 de noviembre de 2012

Jorgelina Molina Planas: El largo camino desde el horror al arte

Fue una de las primeras nietas restituidas, pese a ello, a Jorgelina Molina Planas le llevó 26 años recuperar su verdadera identidad
A Jorgelina Paula Molina Planas le llevó 26 años recuperar su verdadera identidad

Por Horacio Aranda Gamboa

Fue una de las primeras nietas restituidas tras el retorno de la democracia, pese a ello, a Jorgelina Paula Molina Planas le llevó 26 años recuperar su verdadera identidad

Las pinturas, los acrílicos y dibujos que penden de las paredes y se multiplican, poseen una belleza de formas y colores inusuales. Son un conjunto de historias que van relatando el horror de una niña de tan sólo 3 años y medio, abandonada en un orfanato. Hablan de su soledad, del llanto. Describen la muerte y la desaparición de sus padres, de cómo debió juntar los pedazos hasta volver a saber quién era. A simple vista, su historia no es simple, ni lineal, tiene matices, como sus cuadros, que pasan de lo oscuro a la luminosidad y que son su carta de presentación.

“Cuando fui entregada en adopción el único modo que encontré para expresar lo que vivía fue a través del dibujo y la pintura”, dice ahora Jorgelina Paula Molina Planas, una de las primeras nietas restituidas en el año 1984. Sostiene que todo ese transitar a través del arte debió ser “mediante códigos, para que mis padres adoptivos no supieran lo que estaba queriendo decir; entonces usaba símbolos, cosas abstractas para no decir y decir al mismo tiempo, y ese fue el único modo que encontré para no terminar enfermándome”.

Sobre una de las repisas del living descansan dos tarjetas navideñas confeccionadas a mano y que denotan un trazo semejante y firme. La primera data de la Navidad de 1999 y está firmada por Carolina Sala, su nombre antiguo, el que le impusieron los padres adoptivos. La segunda se remonta al año 1972 y lleva estampado el nombre de Cristina Isabel Planas, su madre biológica, quien en ese momento se encontraba detenida como presa política en el penal de Rawson. La similitud entre ambas tarjetas es evidente, y el regalo –atesorado por un familiar– terminó llegando a sus manos como un regalo inesperado de la vida.

Mientras la mujer comienza a relatar su historia sentada a la mesa de su casa de San Fernando, su hijo de tan solo 1 año deambula por las habitaciones o va emitiendo golpecitos suaves que llegan desde la puerta de la cocina. La joven observa la escena y se vuelve como pidiendo comprensión mientras sus labios dejan escapar una sonrisa de complicidad. Lo cierto es que hasta llegar a este presente de plenitud, Jorgelina debió atravesar un extenso territorio de soledades, angustias, manipulaciones y mentiras.

Su historia se comenzó a desgranar el 15 de mayo de 1977 cuando fuerzas conjuntas llevaron a cabo un operativo en una vivienda de la localidad bonaerense de Lanús en la que iban a ser capturados cinco integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y entre los que se encontraba Cristina. De ella nunca se volvería a tener noticias y a la fecha figura como desaparecida. Antes de que se la llevaran, su madre la entregó a una mujer que la cuidaba.

Tres años antes, el 12 de agosto de 1974, su padre, José María Molina, integrante de la misma organización armada, era fusilado por el Ejército tras protagonizar el intento de copamiento fallido del regimiento de Capilla del Rosario en la provincia de Catamarca.

Con la bebé en su poder, la mujer a la que había sido entregada en guarda realizó una serie de intentos en pos de dar con el resto de su familia hasta que finalmente decidió entregarla a la Justicia.

Ya en manos de la jueza Delia Pons, titular del Juzgado Nº 1 de Menores de Lomas de Zamora, la niña sería derivada a un orfanato donde iba a permanecer por espacio de seis meses. En ese lapso, Pons nunca se tomó la molestia de rastrear a su familia biológica. “Ella tenía la idea de que ningún hijo de ‘subversivos’ debía ser criado por su familia de origen, sino que debían ser dados en adopción, y ahí es donde se ve el tema del plan sistemático”, cuenta hoy Jorgelina, y agrega que “una vez que me llevan al hogar me otorgan en tránsito a una familia de un oficial de la Fuerza Aérea, quien me venía a visitar, me llevaba a pasear y el que comienza a investigar para ver si podía encontrar a mi familia. Pronto se da cuenta que yo tenía papeles falsos –debido al pase a la clandestinidad de mis padres–, y cuando se lo dice a la jueza ésta le advierte que me entregará en adopción a una familia, la que me cambiará el nombre”.

Mientras todo esto sucedía, su abuela paterna, Ana Taleb de Molina, exiliada en Suecia, comienza una búsqueda incesante para dar con su paradero, la que no abandonará hasta el día de su muerte. Años más tarde se sumará a esa búsqueda su hermano Damián, cinco años mayor que ella e hijo de una ex pareja de su madre.

El 11 de octubre de 1977 finalmente la Justicia la entrega en adopción a un matrimonio conformado por una profesora de biología y un ingeniero civil, impedidos de tener hijos propios. Jorgelina Paula Planas, apellido con que la había anotado su mamá, pasa a llamarse Carolina Sala, y a partir de ahí la niña, junto a su nuevo hermano Fernando, otro hijo adoptado, comienza a vivir una historia plagada de ocultamientos y mentiras.

“Sentía que había llegado a ellos como una cosa que venía a ocupar un agujero de los hijos que no habían podido tener y mi madre adoptiva, una mujer obsesiva, posesiva y sobreprotectora, depositó en mí todas sus frustraciones”, y recuerda que el matrimonio se refería a sus padres biológicos “en un tono despectivo, decían que ‘eran guerrilleros y que ponían bombas’ y que gracias a ellos yo no iba a ser así” y que si algún día alguien me buscaba, ellos me iban a cuidar para que eso no sucediera.

En 1984, la infatigable búsqueda de Ana Taleb de Molina y de Abuelas de Plaza de Mayo terminó dando frutos, formalmente Jorgelina pasó a ser una nieta restituida. En abril de 1996, como un modo de buscar la paz interior que nunca había tenido, la joven ingresa a la congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, donde va a permanecer por el lapso de seis años. En 1992, y sin siquiera poder darle un abrazo, fallece su abuela en Suecia.

El ingreso al convento y el impulso de las monjas la llevan a tender un puente con su historia y un mes más tarde se terminará encontrando con su hermano Damián, al que le había rehuido durante todos esos años. De ahí a reencontrarse con el resto de la familia hubo sólo un tranco.

En el año 2002 Jorgelina abandona el convento y conoce a Antonio, quien a la postre se convertiría en su marido y en el padre de sus tres hijos, Ignacio, Camila y Juan Manuel. La muerte de su madre adoptiva, ocurrida en el año 2009 y crisis mediante, le otorga una sensación de libertad, y pese al temor de la reacción de su familia de adopción, un año después y a veintiséis de hacer sido restituida, decide desandar el largo y doloroso camino recorrido y regresar a su nombre de origen. En medio de toda esa situación, desde Suecia, recibió un regalo que la ayudará a acelerar el proceso. Uno de sus primos de viaje por ese país regresa con una valija repleta de cartas y fotos de su abuela que yacían en un placard cerrado con llave, las que relatan el largo periplo de Ana en pos de reencontrase con ella.

“Al leer esas cartas pude ver el amor de mi abuela, supe de su búsqueda incansable, de su perseverancia, de su lucidez”, y con un dejo de melancolía agrega que pudo percibir “su dolor y entender que lo único que quería era darme un abrazo y comprendí que ningún ser humano que me quisiese bien le podía negar esa posibilidad”.

Antes de despedirse, Jorgelina refiere que cuando mira hacia el pasado logra ver a una niña de 3 años y medio sentada sola y sin entender, a la que envolviendo entre sus brazos sólo atinaría a decirle “quedate tranquila que vas a tener una nueva vida”, dice esto y se marcha tranquila caminando despacio, segura de que el futuro está aquí y llegó para quedarse.

Muestra en Pilar: “G.I.R. - Geografías Interiores. Reconstrucción”

La relación de Molina Planas con el arte está estrechamente vinculada a su familia: “Mi madre era muy creativa y tenía una natural sensibilidad con las artes plásticas”, y su padre, de quien dice haber recibido menos información, “estudió arquitectura y era muy apasionado y disciplinado”.

Una vez reencontrada con su historia, en agosto del año pasado y junto a otras artistas hijas de desaparecidos, ideó una muestra a la que dio en llamar “Familias Q’HEridas” que tuvo lugar en el Centro Cultural Recoleta con enorme aceptación.

En la actualidad, la artista cuya obra sorprende por su potencia expresiva y sus colores destellantes, trabaja en una nueva exposición a la que denominó “G.I.R. - Geografías Interiores. Reconstrucción”, cuya inauguración tendrá lugar el próximo 10 de noviembre a las 17 en la Casa de la Memoria de Pilar, ubicada en San Martín 891 de esa localidad, y que se extenderá hasta el 8 de diciembre.

La muestra, que cuenta con el aval de Abuelas de Plaza de Mayo, está compuesta por pinturas, dibujos, collages, fotografías, documentos y cartas personales que permitirán un recorrido biográfico y artístico sobre el proceso de reconstrucción de su identidad.