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jueves, 3 de marzo de 2016

Procesaron a los médicos del IPP por la apropiación de los mellizos

David Vainstub y Jorge Eduardo Rossi, propietarios del Instituto Privado de Pediatría, fueron procesados por la Cámara Federal de Apelaciones por su responsabilidad en la sustracción y sustitución de identidad de los mellizos de Raquel Negro y Tucho Valenzuela, indicaron fuentes tribunalicias a Página Judicial. Los médicos no serán detenidos pero quedaron muy cerca del juicio oral. En la misma causa ya estaba procesado Miguel Alberto Torrealday.

Juan Cruz Varela - De la Redacción de Página Judicial

La Cámara Federal de Apelaciones lo hizo de nuevo: revocó la falta de mérito y decretó el procesamiento de los médicos David Vainstub y Jorge Eduardo Rossi, en la causa donde se investiga la sustracción y sustitución de identidad de los mellizos de Raquel Negro y Tulio Valenzuela, nacidos en el Hospital Militar de Paraná en marzo de 1978.

Los jueces Daniel Alonso, Mateo Busaniche y Cintia Gómez resolvieron, en forma unánime, hacer lugar a los recursos de apelación interpuestos por los fiscales y querellantes, y no solo revocaron la falta de mérito dispuesta por el juez federal Leandro Ríos, sino que dictaron el procesamiento de los médicos, al igual que lo mismo habían resuelto respecto de Miguel Torrealday.

Vainstub y Rossi están acusados por permitir el ingreso y permanencia de los mellizos en la sala de neonatología del Instituto Privado de Pediatría (IPP), donde estuvieron internados con nombre falso (Soledad López) la niña y sin nombre (NN López) el varón. Según los registros de la propia clínica privada, los mellizos fueron derivados del Hospital Militar. La nena ingresó el 4 de marzo y el varón, el 10 de marzo de 1978. También se les atribuye haberles dado el alta médica, autorizar su egreso administrativo y entrega a personas que no eran familiares ni ostentaban ningún poder legal sobre ellos sin dar aviso a un Juzgado de Menores.

El tribunal consideró que “la existencia de éstos delitos aparece prima facie incontrastable y la prueba más acabada de ello resulta ser Sabrina Gullino”, quien que recuperó su identidad en diciembre de 2008, e hizo hincapié en que “se desconoce hasta el día de la fecha el destino sufrido por el varón”.

El fallo –al que accedió Página Judicial– enumera una serie de certezas que, a criterio del tribunal, sostienen la responsabilidad de los médicos y destaca que “no existe constancia alguna de la identidad del médico tratante, de la participación en la internación de familiares de los menores ni que las autoridades del IPP hubieren otorgado intervención a la Justicia de Menores (…) tratándose de sujetos que por su edad carecían de cualquier posibilidad de autodefensa”, en referencia a los recién nacidos.

“Es justamente este cúmulo de irregularidades en el trámite de ingreso, permanencia y egreso de los menores del establecimiento médico en cuestión, lo que forma el cuadro que presenta las notas de probabilidad que ésta instancia requiere para mutar la resolución de falta de mérito a una resolución de signo incriminador positivo respecto de Vainstub y Rossi”, escribió el juez Alonso en su voto –al que adhirieron Busaniche y Gómez–.

La Cámara Federal reafirma que “los hijos de la desaparecida Raquel Negro fueron sustraídos de su esfera de custodia inmediatamente después del alumbramiento” y “a partir de ese momento fueron retenidos, ocultados de su madre y familiares y, asimismo, sus identidades se hicieron inciertas producto de esta misma sustracción”. En la misma línea, se deja en claro que “esta situación se mantiene respecto de uno de los bebés, el varón, cuyo paradero hasta la fecha resulta ser incierto”, es decir, el delito se sigue cometiendo.

La responsabilidad de los médicos del IPP había surgido durante el juicio celebrado en 2011, en el que fueron condenados los integrantes de la patota del Destacamento de Inteligencia 121 de Rosario. Allí se probó que los mellizos nacieron en el Hospital Militar y fueron derivados al IPP e incluso las enfermeras que atendieron a los mellizos recordaron que “en aquella época ellos también hacían guardia”, en referencia a Torrealday, Rossi, Vainstub y Luis Ángel Schroeder (fallecido), y que “los cuatro eran directores, ninguno figuraba como jefe, aunque probablemente lo haya sido Torrealday en los hechos”, como lo hizo notar el Tribunal Oral Federal en la sentencia.

El tribunal de juicio también hizo hincapié en la “desmemoria” de los médicos, algo que calificó de “inexplicable porque fueron momentos históricos impactantes para todos los argentinos” y porque “como profesionales tienen mayor responsabilidad frente a sus pacientes y familiares por su juramento hipocrático”; en contraposición con la actitud que tuvieron las enfermeras, que “registraron con mayor enjundia” y “compromiso” el paso de los mellizos por el IPP.

jueves, 2 de julio de 2015

Los socios de Torrealday y un tal López, las pistas detrás del mellizo

El médico paranaense Miguel Alberto Torrealday quedó procesado por robo de bebés durante la dictadura. Pero la Cámara Federal de Apelaciones se permitió además sugerir dos medidas concretas: investigar la responsabilidad de los otros socios del Instituto Privado de Pediatría e indagar respecto de por qué los mellizos de Raquel Negro y Tulio Valenzuela fueron inscriptos con el apellido López.
paginajudicial.com  -  Juan Cruz Varela  -  De la Redacción de Página Judicial

Es un hecho probado que los mellizos de Raquel Negro y Tulio Valenzuela nacieron en el Hospital Militar de Paraná, en los primeros días de marzo de 1978, como también lo es que luego fueron internados en el Instituto Privado de Pediatría (IPP).

El médico Miguel Alberto Torrealday, uno de los socios del IPP, fue procesado por la Cámara Federal de Apelaciones por permitir el ingreso y permanencia de los mellizos en la sala de neonatología de la clínica privada, donde estuvieron internados con nombre falso (Soledad López) la niña y sin nombre (NN López) el varón; les dio el alta, autorizó su egreso administrativo y su entrega a personas que no eran familiares ni ostentaban ningún poder legal sobre ellos, todo ello sin dar aviso a un Juzgado de Menores. Hasta ahí lo que ya se sabe.

“Estos niños, como todo bebé, estaban en condición extrema de vulnerabilidad, y si bien cualquier paciente es vulnerable, un bebé que no puede siquiera pedir auxilio constituye el ser más vulnerable sobre la faz de la tierra. Si a eso le sumamos el grave estado de vulnerabilidad de ambos padres, secuestrados y separados entre sí, y el eventual estado de salud de Raquel Negro después del parto, la vulnerabilidad de los menores era absoluta”, señala el fallo de la Cámara Federal de Apelaciones.

El tribunal integrado por Daniel Alonso, Mateo Busaniche y Cintia Gómez agrega más adelante que “los responsables de las instituciones sanitarias, sean estas públicas o privadas, son los garantes de esos seres humanos indefensos y lo mínimo que se espera de ellos es que actúen los controles indispensables para evitar hechos como el que se encuentra investigado en autos” para luego agregar que “cualquier institución o médico que recibiera dos menores debía extremar los recaudos en relación a quien los traía o retiraba y su legitimación para cualquiera de estas acciones”.

Y aquí surge una primera aproximación a las sugerencias que se permite hacer el tribunal: Torrealday asegura que no era jefe de neonatología, que en el IPP no había una relación jerárquica ni distribución de tareas entre los socios. “En el caso no adquiere relevancia la determinación acerca de quién era el jefe o el administrador del IPP, pues considero que Torrealday no solo debería responder en la presente causa por la suerte de los mellizos, (sino) que habría que ampliar el círculo de intervinientes, máxime ante la indeterminación de funciones a la que se aduce”, expresa Alonso en su voto.

Lo que propone es que se investigue la responsabilidad de los otros socios, David Vainstub y Jorge Rossi –Ángel Schroeder está fallecido–, en la sustracción y sustitución de identidad de los mellizos de Raquel Negro y Tulio Valenzuela.

Más claramente lo expresa más adelante Busaniche: “Corresponde poner de resalto la posible intervención de otros sujetos en el hecho investigado, especialmente de quienes revestían la misma calidad de socio en dicha entidad al momento de los hechos, respecto de lo cual habrá de encomendarse al magistrado actuante a que considere una posible ampliación subjetiva de responsabilidad en relación a dichos sujetos”. Por si quedaban dudas, vuelve a referirse a Vainstub, Rossi y Schroeder.

Volver al punto de partida

El paso de los mellizos por el IPP quedó registrado en el libro de producción, donde se asentaban los ingresos y egresos de pacientes y el origen en los casos de aquellos que llegaban derivados de otros centros asistenciales. Allí consta el ingreso de la nena como “López, Soledad”, el 4 de marzo, y el varón como “López, NN”, el 10 de marzo, ambos procedentes del Hospital Militar, y su egreso, el 27 de marzo.

Nunca se pudo determinar quién fue el médico tratante, ni quién trasladó a los mellizos desde el Hospital Militar. “Es muy probable que quien los introdujo sea la misma persona que los retiró”, dijo Torrealday en su indagatoria. Esos datos, sugirió, deberían constar en las historias clínicas, pero “las historias clínicas se destruyeron luego de una ampliación que se hizo en 1980… estaban en un depósito que se inundó”, repitió el médico en su declaración ante el juez Leandro Ríos.

El fallo de la Cámara Federal de Apelaciones retoma esos puntos para tratar de avanzar en la localización y restitución de identidad del mellizo varón.

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En primer lugar, el camarista Alonso advierte que “no puede resultar de recibo aquello de la pérdida de los registros a raíz de la inundación del sótano de la institución” y destaca que “el libro de producción demuestra que era posible almacenar datos suficientes para responder a ulteriores ideales”; y, en segundo lugar, plantea que más allá de que el IPP fuera una institución abierta, como dice Torrealday, “lo mínimo que debía establecerse es la identidad del médico tratante porque a partir de él podría reconstruirse toda la secuencia y deslindar la responsabilidad del IPP y sus responsables”.

Alonso se pregunta de dónde surge el apellido López con el que fueron registrados los mellizos y ensaya una hipótesis: “No debe desecharse la escasa información disponible, tal el nombre supuesto de Sabrina, esto es ‘Soledad’ y el apellido atribuido a ambos menores, tal es ‘López’. Considero que tal información reviste relevancia porque en el mejor de los casos la profundización del punto puede llevarnos a la persona que llevó y luego retiró a los mellizos. Al respecto, debe presumirse prima facie que al ingreso se requirió a la persona que trasladó a los niños, alguna identificación. Si ello es así, la persona que ingresó y retiró a los menores sería de apellido ‘López’, pues al habérsele requerido alguna identificación lo habría hecho con un documento en que conste tal apellido”.

Luego deja planteada la posibilidad de que en la nómina de personal del Hospital Militar de Paraná, en 1978, hubiera algún médico, médica, enfermero o enfermera de apellido López; o que alguno de los conductores de ambulancia fuera de apellido López; y que eventualmente algún familiar directo de esta persona se llamara Soledad.

Según pudo saber Página Judicial, no había en 1978 nadie que llevara ese apellido en la nómina del personal médico del Hospital Militar de Paraná; aunque sí un enfermero general que se desempeñó en 1976, que ostentaba en ese tiempo el grado de suboficial mayor, que estuvo en actividad hasta fines de 1985 y que hoy tendría 80 años. Su nombre aparece en un listado que las autoridades del nosocomio castrense entregaron a la Justicia Federal previo al juicio contra la patota del Destacamento de Inteligencia 121 de Rosario. Sin embargo, el enfermero no llegó a declarar porque no fue localizado.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Sabrina Valenzuela recuperó su identidad en 2008 y busca a su mellizo

“Quiero tomar un mate con mi hermano”

La hija de los desaparecidos Raquel Negro y Tucho Valenzuela nació en el Hospital Militar de Paraná. Los represores quisieron instalar la idea de que su mellizo había nacido muerto. Ella y su familia lo buscan. Hoy se presenta un libro que habla de su historia.

 Por Victoria Ginzberg

–¿Qué hacés, Negrita? –Nada, te estoy llamando. ¿Y vos?

–Yo estoy acá, en el baño, llorando.

Sabrina y Sebastián hablaban por primera vez. A ella le habían adelantado por teléfono el resultado de su estudio de ADN. La habían citado para un par de días después en el juzgado para notificarle el trámite oficialmente. Le anunciaron también que le iban a presentar a su hermano. Ella sabía quién era. Nunca se habían visto, ni habían intercambiado una palabra, pero tenían amigos en común. Esperó un día y no aguantó. “¡Qué me van a andar presentando a mi hermano!”, se dijo. Pidió su número de teléfono y lo rastreó hasta que dio con él, que se acababa de enterar de que había encontrado a su hermana. Atendió en el baño, llorando.

Sabrina Gullino Valenzuela Negro. Así dice Sabrina que prefiere que la nombren. Gullino es el apellido de Raúl y Susana, sus padres adoptivos que la fueron a buscar un día de 1978 a un juzgado, sin conocer de dónde venía, qué había pasado con sus padres, ni dónde había nacido. Valenzuela y Negro son los apellidos de sus padres: Edgar Tulio “Tucho” Valenzuela y Raquel Negro, secuestrados y desaparecidos durante la última dictadura.

Raquel Negro dio a luz en el Hospital Militar de Paraná. Junto con Sabrina nació su hermano mellizo (el “Melli” lo nombra ella todo el tiempo), a quien ella busca acompañada de sus otros hermanos: Sebastián Alvarez (hijo del primer matrimonio de su madre, a quien Tucho crió como su hijo hasta su secuestro) y Matías Espinoza Valenzuela (hijo de su padre y una pareja anterior a Raquel). El año pasado concluyó un juicio en el que fueron condenados los represores Pascual Oscar Guerrieri, Jorge Alberto Fariña, Juan Daniel Amelong y Walter Salvador Dionisio Pagano, y el ex jefe de terapia intensiva del Hospital Militar de Paraná Juan Antonio Zaccaría, por la sustracción y la supresión del estado civil de Sabrina. Además, los testimonios, sobre todo los de las enfermeras, permitieron confirmar que el hermano mellizo de Sabrina había nacido vivo y también lo habían apropiado. “Antes existía la hipótesis de que el Melli podía haber nacido muerto, pero el juicio fue un antes y un después. Los testimonios de las enfermeras fueron muy valiosos, ellas fueron muy valientes, fueron las protagonistas de esta reconstrucción histórica, a diferencia de los médicos, que no reconocieron nada. Sólo se ‘acordaron’ de algunas cosas cuando los carearon con las enfermeras”, contó Sabrina a Página/12.

La historia de Sabrina, de la recuperación de su identidad y del juicio sobre el Hospital Militar de Paraná está relatada en Reencuentro, un libro de Alfredo Hoffman que se presentará en Buenos Aires hoy a las 18 en el salón Emilio Mignone de la Secretaría de Derechos Humanos. El acto –en el que estarán la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto; el autor, Sabrina y sus dos hermanos– será también una forma de visibilizar la búsqueda de los Valenzuela Negro “y de los otros 400 mellis que faltan”.

“Toda mi vida, desde chiquita, busqué parecidos entre la gente. Es raro pensar que hay alguien parecido a mí por ahí. Aunque capaz que no es muy parecido. Con Sebastián y Matías, los tres somos diferentes. Y el Melli no es mi mellizo idéntico. Yo trato de no ilusionarme. Voy con cautela para protegerme, hay muchas cosas que van subterráneamente”, dijo Sabrina. La historia del secuestro de Raquel Negro y Tucho Valenzuela fue relatada por el mismo Tucho en una conferencia de prensa en México, donde los militares lo habían llevado para que se infiltrara y entregara a la cúpula de la organización Montoneros que estaba en el exilio. Tucho, jefe de la columna Rosario, denunció que había viajado junto a represores del Segundo Cuerpo de Ejército, que comandaba Leopoldo Fortunato Galtieri. Que les había hecho creer que aceptaba sus condiciones, es decir su trampa, para poder salir del centro clandestino Quinta de Funes y denunciar al mundo lo que estaba pasando en la Argentina. Contó que Raquel, su compañera, que tenía un embarazo avanzado, se había quedado como rehén y que juntos habían elaborado la estrategia para burlar a sus captores, a pesar de que era casi seguro que Raquel pagaría con su vida si el plan tenía éxito. Tucho pudo evadir a los represores: apenas contactó a sus compañeros hizo la denuncia. De todas formas, la organización lo degradaría y moriría al ser descubierto por los militares cuando intentaba volver al país durante la Contraofensiva.

Después del escape y la denuncia de Tucho, Raquel fue asesinada. Pero antes parió en el Hospital Militar de Paraná. Allí dio a luz a sus mellizos, una nena y un varón. Gracias a la investigación se pudo reconstruir que los niños fueron derivados al Instituto Privado de Pediatría, de donde ambos fueron dados de alta. A Sabrina la dejaron en el Hogar del Huérfano y fue adoptada legalmente. Recuperó su identidad en 2008, cuando coincidieron sus dudas y la causa judicial que se había iniciado en Paraná. El Melli seguía desaparecido. Primero, los represores intentaron imponer la idea de que había nacido muerto; luego, que había muerto a los pocos días de vida. “Puede ser que lo hicieran porque esté con alguien importante. Pero tampoco lo sabemos. Mi hermano Sebastián siempre creía que a mí me habían sacado del país, que estaba en Francia con un militar de alto rango, por ser la hija de Tucho Valenzuela, y no fue así. Es posible que lo tengan como ‘botín de guerra’, pero es importante que chicos que tengan dudas de su identidad sepan que, aunque no hayan sido criados por militares, pueden ser hijos de desaparecidos. Mis papás adoptivos no tuvieron nada que ver, me adoptaron legalmente y eso, aunque yo dudaba, me hacía creer que no debía ser hija de desaparecidos”, explicó Sabrina. Hoy su principal objetivo es recuperar al Melli: “Es una búsqueda que está haciendo toda la familia y también el Estado; este año se sacaron sangre cinco chicos y, aunque no dieron positivo, eso demuestra que hay nuevas pistas, que se está trabajando. Yo lo único que quiero es tomarme un mate con mi hermano y charlar”.

lunes, 13 de febrero de 2012

Testimonio sobre el mellizo hermano de Sabrina

Sobre el mellizo
 Por Juan Cruz Varela. Desde Paraná

El militante peronista Oscar Kopaitich ratificó ante la Justicia que el ex agente de inteligencia del Ejército Raúl Alberto Navone se apropió del mellizo varón de Raquel Negro y Tulio Valenzuela, nacido en el Hospital Militar de Paraná en marzo de 1978. Sin embargo, tras la declaración, que se realizó por videoconferencia desde España, la abogada querellante Ana Oberlin bajó la expectativa que había alrededor de este testimonio al manifestar que "los datos que aporta el testigo ya estaban presentes en la causa y esa es una hipótesis que ya se estaba investigando".

En su declaración ante el juez federal de Paraná, Gustavo Zonis, Kopaitich reiteró lo que había manifestado en una entrevista que se publicó el domingo en Rosario/12 respecto de que Navone, un agente de inteligencia que se suicidó el día que debía presentarse a prestar declaración indagatoria como imputado en esta causa, se quedó con el mellizo varón y pudo haberlo inscripto como hijo propio o de su hermano. Además, reafirmó que el mellizo fue a parar a la casa de una celadora de la Policía de Menores de Rosario que se dedicaba luego a comercializar los hijos de desaparecidos. Kopaitich mencionó los nombres de Norma Ramos y de Leyla Perazzo, una abogada que también cumplía funciones en la Alcaidía y que luego fue jefa de la Policía Santafesina en tiempos de Carlos Reutemann. "Ahí fue a parar el hijo de Raquel Negro y de ahí lo sacó Navone", dijo en la entrevista periodística y lo ratificó ayer ante el magistrado paranaense.

Kopaitich es un militante de la JP enrolado en la denominada Tendencia Peronista. Su nombre había sido señalado por Eduardo Tucu Costanzo durante el juicio por la sustracción y sustitución de identidad de los mellizos, ya que el represor dijo que tenía importantes datos para dar sobre el paradero del mellizo. A partir de ese testimonio es que los fiscales Mario Silva y José Candioti solicitaron la declaración del militante residente en Barcelona, que se concretó ayer después de muchas idas y venidas.

Tras la audiencia que se celebró en la sala de la Cámara Federal de Apelaciones, la abogada Ana Oberlin señaló que "el objetivo principal es saber qué pasó con el hermano mellizo de Sabrina Gullino". También destacó el trabajo que está llevando adelante el Juzgado Federal "porque todas las pistas que han surgido durante todos estos años, las han investigado en profundidad", aunque insistió en que "lo único que hace este testigo es aportar para seguir investigando esta posible derivación del niño hacia una persona concreta que es Raúl Navone, lo que tiene algún tipo de asidero porque Navone se suicidó en el momento en que debía declarar en la causa" y reiteró que "esta hipótesis existía desde el comienzo, porque fue muy llamativo que se suicidara".

Sobre la existencia de una red dedicada a la comercialización de hijos de desaparecidos, Oberlin sostuvo que "el testigo nombró a dos mujeres que trabajaban en aquella época en la Alcaidía de Rosario" y reconoció que "el grupo de mujeres que cumplía funciones ahí tenía contacto con niños provenientes muchas veces de enfrentamientos fraguados o de personas que habían dado a luz estando desaparecidas". No obstante, aclaró que "ese dato circula desde hace un tiempo en Rosario, ha sido investigado y no se ha encontrado nada demasiado concreto como para acusar e imputar a estas dos mujeres de tener toda una estructura armada al respecto", sentenció.

viernes, 21 de octubre de 2011

Raquel, Tulio, dos de sus hijos, falta uno

Los crímenes probados durante el juicio

Raquel Angela Carolina Negro y Edgar Tulio Valenzuela fueron secuestrados el 2 de enero de 1978 en Mar del Plata y trasladados a la Quinta de Funes, en las afueras de Rosario. Con ellos estaba Sebastián, el hijo de Raquel, que tenía un año y medio.

En el juicio se determinó que Raquel Negro fue trasladada a dar a luz en el Hospital Militar de Paraná, procedente del centro clandestino de detención La Intermedia, y permaneció al menos 15 días en la sala de guardia, donde estuvo custodiada por agentes de inteligencia vestidos de civil que se rotaban cada 24 horas.

El parto se habría producido el 3 de marzo. Fue atendido por médicos que no pertenecían al nosocomio castrense, y tras el alumbramiento del varón, la madre lo arropó durante unos instantes hasta que unos hombres se lo llevaron; luego nació la nena.

Los mellizos fueron internados enseguida como NN en la sala de terapia intensiva, porque supuestamente presentaban problemas respiratorios y cardíacos, y luego derivados al Instituto Privado de Pediatría (IPP), donde la nena ingresó el 4 de marzo y el varón el 10 de marzo, en su caso sin identidad, desconociéndose dónde estuvo en esos seis días. Ambos egresaron el 27 de marzo. La nena fue dejada esa misma noche en el Hogar del Huérfano y luego dada en adopción legal. Hoy se sabe que se trata de Sabrina Gullino, quien recuperó su identidad en 2008. El mellizo varón continúa desaparecido.

Los abogados querellantes plantearon que los represores trazaron una “versión falseada” para simular que el mellizo varón había fallecido, con el objetivo de que nadie siguiera buscándolo; mientras que los fiscales también destacaron el rol que tuvieron otros integrantes del engranaje represivo que no están sentados en el banquillo de los acusados por haber fallecido antes del juicio, como es el caso de los jefes del Segundo Cuerpo de Ejército Leopoldo Fortunato Galtieri y Luciano Adolfo Jáuregui; el jefe del Destacamento de Inteligencia 121 Alcides Juvenal Pozzi; y mencionaron también a Juan Carlos Trimarco, jefe de la represión en Entre Ríos, quien fue declarado inimputable y se le suspendió el proceso penal en su contra. De la misma manera, apuntaron contra Luis Levin y Luis Beret, director y subdirector del Hospital Militar.