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domingo, 1 de julio de 2012

“Queremos que la condena sea ejemplar”

EL jueves se conocerá la sentencia en la causa ppor el plan sistemático de robo de bebés. 
 
Abel Madariaga y su hijo Francisco reclaman que la Justicia tenga en cuenta la gravedad del delito de apropiación.

 Por Victoria Ginzberg

Abel y Francisco Madariaga son padre e hijo. Se conocen hace un poco más de dos años. Francisco recuperó su identidad y con ella a Abel, que lo buscaba desde el día en que su compañera Silvia Quintela fue secuestrada embarazada y llevada a Campo de Mayo. Para Francisco estos dos años fueron como una carrera de Fórmula 1, pero este jueves tendrá, tal vez, la oportunidad de aminorar la marcha. Ese día se conocerá la sentencia del juicio sobre el plan sistemático de robo de niños durante la última dictadura y entre los acusados están sus apropiadores: el ex capitán del Ejército Víctor Galo y su mujer, Susana Colombo. Abel y Francisco piden “que la condena sea ejemplar”.

“Quiero llamar a una reflexión de la Justicia en general, de los jueces a los que les toca fallar en particular y de toda la sociedad. La apropiación de un menor, para mí, en este caso 32 años y medio sin mi hijo, es más que un delito de lesa humanidad. Creo que la Cámara de Diputados de la Nación también debería reflexionar sobre este tipo de delitos, que se siguen cometiendo, porque faltan más de 300 nietos por encontrar”, dice Abel.

El reclamo está relacionado con una particularidad del juicio que, luego de más de un año y medio de audiencias, terminará esta semana. Los imputados son los dictadores Jorge Videla y Reynaldo Bignone, los represores Jorge Acosta, Santiago Riveros, Rubén Franco, Antonio Vañek, Jorge Magnacco (médico de la ESMA), Eduardo Ruffo, Juan Azic y Víctor Gallo y Susana Colombo. La mayoría fue acusada por su participación en el plan sistemático y se descuenta que recibirán una importante pena, pero Azic, Gallo y Colombo afrontan condenas por haberse quedado ellos mismos con hijos de desaparecidos. El Código Penal contempla para este hecho, la apropiación de menores, penas de entre 5 y 25 años (la máxima se alcanza si se suman todos los delitos que se suelen cometer a la vez: retención de un menor, alteración de identidad y falsificación de documentos públicos). Hasta ahora, la condena más alta aplicada por este crimen fue para el ex agente de inteligencia de la Policía Federal Luis Falco, apropiador del legislador porteño Juan Cabandié. Falco recibió en el juicio oral 18 años de prisión, pero luego la pena fue reducida a 14 por la Cámara Federal.

“Ellos (Colombo y Gallo) fueron partícipes de todo este plan sistemático de robo de bebés. Yo lo viví. Lo mamé. Trataron de darme vuelta para que compre ese paquete, pero no pudieron. Fueron y son parte todavía. Gallo debe seguir afirmando que estuvo bien lo que hizo”, dice Francisco. Y entre él y su padre repasan casi a dúo los antecedentes del militar: fue carapintada, fue condenado por la Masacre de Benavídez, en la que fue asesinada una familia en 1994 (Gallo no pudo ser relacionado directamente con los homicidios, pero recibió diez años por robo y tenencia de arma de guerra), asaltó financieras... “Y es golpeador, de género... y de niños”, agrega Francisco. Cuando él tenía 13 años, Gallo le apuntó a la cabeza con una 9 milímetros. Antes, había “molido a palos” a la que ahora es su ex mujer. A raíz de ese episodio, dice Francisco, se le desencadenó una diabetes. Pero ésa no fue la única vez que fue maltratado: “Yo era su juguete de guerra. El entraba vestido de militar y era agarrársela directamente conmigo. Le viene del Operativo Independencia (la represión en Tucumán previa al golpe de Estado) porque yo recuerdo desde que tengo uso de razón que me colgaba una cruz de plomo del operativo y me lo contaba todo. Y el tema que volvió a tocar Videla de ‘las guerrilleras que usaban los chicos como escudo’ es otra cosa que yo crecí escuchando en esa familia. Es parte de las excusas tontas que siguen dando y no se las cree nadie. Espero que la sociedad entienda lo que es esto”. Abel dice que las palabras de Videla le dan “más asco” del que ya le tenía, que es “un cobarde” y que todos son iguales.

Silvia Quintela, la mamá de Francisco, fue secuestrada el 17 de enero de 1977 y llevada al centro clandestino de Campo de Mayo. En la maternidad clandestina que se montó en el Hospital Militar, nació Francisco, que sólo estuvo con su madre unas horas. “Sabemos que la trajeron después de la cesárea y que se la llevaron en el primer traslado posterior, es decir, un vuelo. Sabíamos que había tenido un varón porque en Campo de Mayo la vio Juan Carlos “Chacho” Scarpati, que la conocía de la militancia. El llegó herido a Campo de Mayo y Silvia, que era casi cirujana, le faltaban seis meses de residencia, lo atendió”, cuenta Abel.

Poco después de que Francisco recuperara su identidad escuchó junto a su padre la sentencia a Santiago Omar Riveros y otros represores responsables del cautiverio de su madre en Campo de Mayo. El jueves irán juntos a tribunales. Pero ambos temen que esta vez las condenas no sean lo que esperan. Además, creen que debe ponerse la lupa sobre los represores prófugos y las condiciones de detención de los presos por delitos de lesa humanidad. Sobre todo, sostienen que debería reformularse el monto de la pena para los apropiadores y piden que Colombo no reciba pocos años con el argumento de que fue maltratada por el militar. “Cuando se quedaron conmigo eran una pareja hecha y derecha y ella tuvo muchas oportunidades para decirme la verdad. Ahora se hace la víctima”, sostiene Francisco. Abel, incluso, propone un proyecto que dé seis meses de plazo para que quienes tengan todavía “esclavos del alma” confiesen y sean juzgados con el Código actual y que al resto se le aplique la condena perpetua.

Sea cual fuera el resultado del jueves, Francisco dice que no “festejará” la sentencia porque “en mi corazón siempre queda eso oscurito que me pasó”, pero que la condena es lo que busca porque, más allá de su historia personal es importante socialmente. “Ese pedacito oscuro no me lo saca nadie –asegura–, pero la vida sigue y hay que llenarla. Por eso, mi relación con Abel es una construcción para delante. No pienso en quedarme con lo que no pudo ser, porque si no seguís en el papel de víctima. Lo mejor es pensar en lo que queda de vida.”

La pantalla y la Bersuit

Las Abuelas de Plaza de Mayo convocan a presenciar la sentencia del juicio por el Plan Sistemático de Apropiación, el jueves a las 17, en los tribunales de Comodoro Py. El veredicto se transmitirá desde una pantalla en las afueras del tribunal y el cierre musical estará a cargo de la banda Bersuit Bergarabat. La causa, en manos del Tribunal Oral Federal 6, había comenzado en diciembre de 1996 y, al momento de ser elevada a juicio oral, integró 35 casos de apropiación, sólo como un muestrario del plan sistemático. Se investigan algunos hechos de La Cacha, la Comisaría 5ª de La Plata, el Pozo de Banfield, Campo de Mayo, Vesubio, Olimpo, Orletti y ESMA. De los casos incluidos en este juicio, 26 nietos recuperaron su identidad.

jueves, 29 de marzo de 2012

Juicio por la infancia robada

El juicio por la apropiación de niños y niñas por la dictadura de Argentina (1976-1983) está próximo a concluir tras 36 años de labor de la organización Abuelas de Plaza de Mayo, que hasta ahora logró restituir la identidad a 105 personas.

El enjuiciamiento de 10 represores por el secuestro y robo de una treintena de menores entra en la etapa de alegatos esta semana y se espera la sentencia para fines de mayo, dijo el abogado Alan Iud, de Abuelas, como se conoce a esta organización creada por madres de detenidos-desaparecidos para buscar a sus nietos apropiados por la represión militar.

Los imputados están acusados por sustracción, retención, ocultación y sustitución de identidad de menores de 10 años. Pero algunas de estas personas desaparecidas recién nacidas o con muy pocos años de vida solo ahora están recuperando su identidad, cuando tienen más de 30 años.

En algunos casos, esos menores fueron secuestrados junto a sus padres y en otros nacieron mientras sus madres estaban en prisión clandestina. Abuelas de Plaza de Mayo, precisamente, nace de un grupo de madres de esos detenidos-desaparecidos que se organizó para reclamar por la aparición de sus nietos, a los cuales no cejan de buscar.

“Yo viví 32 años y medio con ellos”, contó Francisco Madariaga, refiriéndose al tiempo en que se llamó Alejandro Gallo y creyó ser hijo del exoficial de Inteligencia del ejército Víctor Gallo, acusado en este juicio por apropiador. Madariaga comenzó a rechazar al militar desde los 16 años porque era un hombre “muy violento”. “Yo era su juguete de guerra, me veía y veía al enemigo”, narró. Añadió que desde los 20 años vivió angustiado y con dudas sobre su identidad.

El miedo y la culpa lo relevaban de preguntar a sus allegados quién era, y solo a los 32 años, impulsado por amigos, se animó a ir a la oficina de Abuelas y se sometió al análisis de ADN (ácido desoxirribonucleico) en el Banco Nacional de Datos Genéticos, que confirmó su verdadera identidad.

Este joven nació en el campo de concentración de Campo de Mayo, sede del ejército, donde estaba prisionera su madre, la joven médica cirujana Silvia Quintela, secuestrada en enero de 1977 con cuatro meses de embarazo y que aún continúa desaparecida. El de Francisco fue uno de los pocos casos de apropiación en los que sobrevivió alguno de los padres biológicos. Su progenitor, Abel Madariaga, pudo salir del país tras la detención y desaparición de su pareja y años después, tras regresar al finalizar la dictadura, pasó a ser miembro del consejo directivo de Abuelas e hizo de la búsqueda de su hijo una profesión.

Ahora este joven, que se relaciona con su verdadera familia, tiene gran expectativa en el juicio. “Declaré y soy querellante. Espero ansioso la sentencia. Quiero que haya justicia, porque a muchos nos arruinaron la vida”, concluyó.

El abogado Iud explicó que el juicio no ventila todos los casos de niños robados o nacidos durante el cautiverio de sus padres sino de “un universo representativo de lo que ocurrió, no en uno, sino en distintos centros clandestinos de detención“.

Entre esos casos está el de los tres hermanos Ramírez. Tenían dos, cuatro y cinco años cuando su madre fue secuestrada y su padre estaba preso. A pesar de tener familia, los dejaron en un orfanato donde sufrieron abusos sexuales, maltrato y hambre por siete años.  También está el caso de Victoria Montenegro, quien denunció la complicidad del hoy fallecido coronel Herman Tetzlaff, su apropiador y asesino de su padre biológico, con el jurista Juan Romero Victorica, quien renunció el año pasado al cargo de fiscal de la Cámara de Casación Penal para evitar ser enjuiciado y destituido.

Según se estima en Abuelas, fueron cerca de 500 las niñas y niños apropiados en el marco de la represión ilegal, que dejó una estela de personas encarceladas, torturadas, asesinadas y, según registros efectivos hasta ahora, unas 13.000 desaparecidas, aunque los datos recogidos por organizaciones de derechos humanos aseguran que son unas 30.000.

El secuestro, apropiación y sustitución de identidad de esos niños no fueron delitos incluidos en las dos leyes sancionadas en los años 80 que permitieron a los militares acusados evadir los tribunales ni en el indulto dictado por el entonces presidente Carlos Menem (1989- 1999) a comienzos de su mandato, que liberó a los jefes de la dictadura condenados, varios de ellos a cadena perpetua, en el llamado Juicio a las Juntas Militares.

En ese resquicio legal se basaron los abogados de Abuelas para reclamar justicia. Así, se presentaron las querellas correspondientes en 1996, todavía con el indulto y las leyes del perdón vigentes. Esas disposiciones fueron anuladas solo en la década pasada a impulso del gobierno del hoy fallecido Néstor Kirchner (2003-2007).

El definitorio juicio oral por los niños y niñas apropiadas comenzó hace 13 meses y tiene como principales imputados a los exdictadores Jorge Videla y Reynaldo Bignone, a otros exmilitares represores y al médico Jorge Luis Magnascco, que actuaba en los partos. Algunos acusados son también los apropiadores de los niños.

“Los delitos que se juzgan son los de apropiación, pero el objetivo de este juicio es mostrar también que hubo un plan sistemático para proceder ilegalmente con los niños y responsabilizar a Videla y Bignone”, que eran los jefes del régimen, remarcó Iud. En estos años, los querellantes lograron reunir múltiples documentos y testimonios que prueban que se ordenó proceder de determinada manera con las embarazadas, con el fin de que los niños se criaran en hogares “sin odio hacia las Fuerzas Armadas”.

También se demostró que había miembros de la Iglesia Católica, de la embajada de Estados Unidos en Argentina y del propio Departamento de Estado (cancillería) de esa potencia del Norte que conocían estos delitos y que lo ocultaron.
Marcela Valente · Argentina

martes, 13 de marzo de 2012

Tarea de "odio y venganza”

Por Alejandra Dandan

Francisco Madariaga respondió las declaraciones que su apropiador, Víctor Gallo, hizo ayer ante el Tribunal del juicio por el robo de bebés. Gallo inscribió su defensa en la lógica de un conflicto doméstico, habló de la “novela de violencia de género” construida supuestamente por su ex mujer para perjudicarlo. Y explicó que no fueron a buscar al niño porque estaban incluidos en una lista sino que lo recibieron, y que “nadie se embarca en tamaña tarea si no es desde el corazón”. Francisco le respondió a todo: “Yo le respondo que nadie se embarca en tamaña tarea si no es desde el odio y la venganza”, explicó.

Otro de los argumentos de Gallo fue sobre cuán violento podía ser con su ex esposa, si estaba mucho tiempo fuera de la casa. “Gallo habla de que el trabajo militar implicaba abandono de la familia –dijo Francisco–, pero en su caso el abandono del hogar se debía a que, a partir de 1987, estuvo prácticamente todo el tiempo detenido por su participación en el levantamiento carapintada y otros delitos comunes por los que se lo encontró culpable. Toda su vida fue un delincuente, robó una financiera, me robó a mí.” Y luego: “Me molesta el cinismo de los dos (su ex mujer, Susana Colombo, también lo dijo cuando declaró). Dicen que se alegraron cuando se enteraron de que yo tenía familia. Pero si realmente yo les importara, se hubiesen ocupado de decirme la verdad, entonces podría haberme encontrado con mi familia mucho antes”.

Gallo era violento, dijo Francisco, es mentira que no ejercía violencia de género. “Es increíble que hable de que tenían la certeza de que yo era huérfano y que no me buscaba nadie, cuando él mismo dijo en este juicio que me sacó de Campo de Mayo, que me entregó un militar entre gallos y medianoche.”

martes, 21 de junio de 2011

Abel Madariaga y su hijo Francisco, en la causa por robo de bebés

“Fui para él el hijo del enemigo”

Francisco fue apropiado por el ex carapintada Víctor Gallo y su mujer, Inés Susana Colombo; su padre Abel lo buscó durante treinta y dos años. La perversión del represor que lo llevaba a jugar a El Campito, donde habían tenido secuestrada a su madre.

 Por Alejandra Dandan

Los compañeros de Hijos lo escuchaban sentados en los únicos espacios libres que quedaban: el balcón donde habitualmente se sientan los camaradas de los represores porque ninguno estaba presente. Francisco Madariaga Quintella empezó por el comienzo: pronunció su nombre completo, así de corrido, como atragantado o expiando de alguna manera tantos años de espanto, los treinta y dos años y medio que permaneció apropiado o esclavo del carapintada Víctor Gallo. “La infancia nuestra no era escuchar a los Parchís –explicó–: era escuchar la Marcha de San Lorenzo y ponernos en fila.” Los únicos lugares a los que su apropiador lo llevaba a jugar como los padres llevan a sus hijos era a ver a los paracaidistas caer en Campo de Mayo. “¡O me llevaba a jugar al Campito!”, dijo después: “¡Al Campito donde yo estuve en cautiverio con mi mamá, es loco eso!”.

Hacía una semana, quienes ocupaban la sala de audiencias de los Tribunales de Retiro esperaban la declaración. El Tribunal Oral Federal 6 había agregado a sus dos apropiadores al banquillo de acusados del Plan sistemático de robo de bebés: el ex carapintada Víctor Gallo y su mujer, Inés Susana Colombo. Gallo la semana pasada no declaró. Ella dijo que había sido quien acompañó a Francisco por primera vez a Abuelas y en medio de su estrategia de defensa, se presentó como víctima de las imparables formas de una violencia doméstica de alguien a quien definió como psicópata.

Francisco empezó a recuperar su identidad en el verano de 2010. Desde el balcón, uno de los Hijos decía que su vida tuvo algo de lo de Victoria Donda: sin saberlo, Francisco se construyó una vida en paralelo a la apropiación, era artista callejero, sobrevivió malabareando en los semáforos, un juego que los apropiadores jamás entendieron, pero que lo llevó de a poco a las fiestas organizadas por Hijos y especialmente al momento de las preguntas que alguna vez empezó a responderse.

“¿Cómo llegó usted a saber quién era?”, preguntó el fiscal Martín Niklison a poco de arrancar. “Después de vivir una vida, treinta y dos años y medio, en una mentira y una familia violenta, calculo que me vienen unas dudas. Desde chico me sugerían; cuando veían a mis supuestos hermanos menores, me decían que no me parecía a nadie, pero tampoco eso me significaba algo como para dudar. Pero con el tiempo, los malos tratos dentro de la familia, o no poder entender cómo criaban a esas criaturas maltratándonos tanto, a los veinte años me había ido de la casa, estaba haciendo mi vida, andar por la calle como artista callejero, me iba enterando de las cosas que pasaron en el país, de los ’70, juntando información y además me decían que yo había nacido el 7 del 7 del ’77 en Campo de Mayo, y me venían las dudas de si no podía ser hijo de desaparecidos.”

“Uno” había empezado a entender, dijo Francisco: “Uno frecuentaba las familias de los amigos y eran familias normales, no había nada de lo que uno veía en esta familia: la familia de Colombo estaba peleada a muerte con la hija o el padre le corría directamente la cara”.
Lentamente

Francisco declaró después que su padre. Abel Madariaga que es secretario de Abuelas de Plaza de Mayo: pasó esos 32 años y medio buscándolo. En la audiencia de ayer, antes que Francisco, explicó que su hijo está enfermo de diabetes desde los 14 años, un cuadro que lo convirtió en insulino-dependiente, que no heredó de la familia biológica, que según la historia clínica del Hospital Militar es producto del estado nervioso.

“Me decían también a mí que era un tema nervioso”, dijo Francisco. “Nervioso porque genético no era, porque no sabían o mejor, sí sabían de dónde venía: pero yo tenía diabetes por culpa de ellos, porque un día la encuentro a Colombo con un charco de sangre porque él le había dado un golpe en la cara y para que no la mate nos colgamos de él. Gallo me apunta en la cabeza con un revólver, ahí conmigo en el piso, el momento fue horrible, la diabetes se desemboca y era nervioso, no era normal.”

Niklison le preguntó a Francisco por las veces en las que Gallo estuvo preso. Por esa la mitad de la vida que pasó en una cárcel, por estafas financieras, por la masacre de Benavídez. Y luego le preguntó si se acordaba del levantamiento carapintada. “Totalmente”, dijo él. “Gallo decía que era una guerra, todo el tiempo hablaba del supuesto enemigo, aunque para él todos eran enemigos: todo el tiempo con odio, toda la familia, con eso nos criaban a los tres.”

En diciembre de 2009, cuando empezaban a cerrarse algunas respuestas y alguno de sus amigos le propuso acompañarlo a Abuelas, Francisco volvió a la boca del lobo. Gallo tenía una cooperativa de seguridad. Y así flaco como es, con el cuadro de diabetes, decidió pedirle trabajo. “Yo lo tenía adentro mío con una angustia muy grande, vi la manipulación, sabía que era psicópata y yo tenía ya la edad de sacar conclusiones.” Y luego: “Le pedí trabajo y ahí empecé a enfrentarlo para ver cuáles eran sus intenciones conmigo y me fue demostrando en tres meses que todavía en su cabeza figuraba como un enemigo; por episodios que hubo pude llegar a que se quiebre, y que Colombo me diga la verdad”.

Gallo era el jefe de la cooperativa. Francisco había trabajado doce años de cadete, podía manejar una moto, hacer trámites, lo que sea, pero con su cuerpo flaco lo que jamás imaginó hacer era trabajar de custodio de camiones: “Mi vida era de artista callejero y que me dé la custodia de camiones era algo que no me cerró. Me manda a la sucursal de Los Polvorines. Me pongo a trabajar y mi intención no era trabajar, era ver la manipulación del tipo. Llegado un momento, yo sabía que cuando le agradecía algo, pasaban dos minutos y la cosa se daba vuelta: así que le agradecí por eso, y a los dos o tres días me cambia de sucursal y me manda a San Martín, la zona más peligrosa de la provincia de Buenos Aires”.

A esa altura, Francisco quiso irse. “Yo estaba empezando a asustarme: no sabía cómo podía salir todo esto, quería que me pague el sueldo, con eso me compraba una moto y listo, pero él me dijo que no: ‘No, vos tenés que estar conmigo. ¡Vos sos mi hijo! Este es mi primer trabajo como jefe y vos tenés que ser mi mano derecha’.”

Los compañeros de Los Polvorines eran personas que trabajaban por necesidad, pero en San Martín todos eran ex militares y ex policías. “A la mañana era estar puteando a la Presidenta, diciendo ‘que vuelva Videla, que vuelva Massera, el golpe de Estado...’ ¡Era imbancable estar con esa gente!”

El tercer día era sábado. Había tres camiones para custodiar. Lo mandaron con uno que iba a un supermercado chino, pegado a un “aguantadero”. “¡Ocho veces lo habían asaltado y Gallo me manda ahí!”, dijo Francisco. Los compañeros no lo podían creer: “Decían que cualquiera estaba más preparado que yo, pero yo quería terminar el día, y bueno, de inconsciente, estábamos armados, con armas truchas, largas para todos, había que salir armado y bueno, yo salí. Cuando estoy saliendo, se mete un compañero mío al camión; me dice que no me va a dejar ir solo, ‘porque vos no entendés nada de nada’”, le dijo. También le dijo que tenía un hijo de su edad que tocaba batería. Y lo acompañó.

Después del primer destino, llegaron a otro lugar. Francisco se separó del camión unos metros. Se puso a escuchar música con los auriculares, de camisa y jean. Por el físico, no daba el look del custodia que sí daba su compañero que minutos después cayó al suelo con la cabeza llena de tiros.

“Pasaron cuatro tipos con buzos, tatuados por todos lados, armados y van a atacar directamente al custodio del camión; el camión estaba en marcha, no se llevan el camión, el conductor y el acompañante salen corriendo y no volvieron más por el susto. Yo no sabía qué hacer. No sabía si tirar el arma, no quería que nadie se dé cuenta de que era custodio; que corría peligro. Después empiezan a tirar tiros para mi lado, pero yo ya me había metido adentro de la casa de una vecina.”

Llamó a Gallo. Gallo le dijo que estaba a quince cuadras. ¿Por qué?, dijo Francisco. ¿Qué hacía a quince cuadras? ¿Estaba esperando? ¿Sabía lo que iba a pasar? Gallo le había dado un arma tiempo antes: “Cuando me da el arma, me la da para que me suicide o para que me mande una macana con el arma –dijo él–, pero ahí tenía la forma de hacer desaparecer a alguien en democracia”.

Francisco se preguntaba por qué mientras los otros chicos podían jugar en sus casas con las computadoras, él no: “Yo siempre fui para él el hijo del enemigo”.

Francisco no terminó de hablar. Se cortó la luz en Comodoro Py. Su testimonio se reprogramó para hoy. Pero ¿puede ser que Gallo lo haya querido matar? ¿Es consciente o inconsciente? Desde la fiscalía dicen que sí: Gallo es un psicópata y el psicópata es un perverso que puede planificar cualquiera de esas cosas.